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Productividad, PIB per cápita y desigualdad

Es poco probable aumentar la productividad global solo aplicando medidas transversales sin frenar el crecimiento de las actividades poco productivas

El crecimiento del PIB per cápita no garantiza la prosperidad | iStock
El crecimiento del PIB per cápita no garantiza la prosperidad | iStock
Narcís Mir | VIA Empresa
Ingeniero y economista
Barcelona
05 de Septiembre de 2026 - 04:55

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Para los argumentos que expondré en el artículo, utilizaré los datos de los siguientes países: Estados Unidos, Suecia, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, España, Japón, China y Rusia. El conjunto de estos diez países representa en la actualidad casi las dos terceras partes del PIB mundial (63%). Y el período de análisis escogido es del 1995 al 2024.

 

1. De la productividad al PIB per cápita (PIBpc)

El PIBpc tiene una expresión contable formada por el producto de cuatro factores: la productividad aparente del trabajo, la proporción de ocupados sobre la población activa (1-tasa de paro), la tasa de actividad y el factor demográfico (población de dieciséis y más años dividido por la población total, dado que la tasa de actividad está referida a la población de dieciséis y más años). Esto quiere decir que, para los valores habituales, la tasa de variación del PIBpc es la suma de las tasas de variación de los cuatro factores mencionados.

No es extraño, pues, que durante la segunda mitad del siglo XX se viera con satisfacción el crecimiento del PIB como una señal de progreso económico. No dependía solo de aumentos de la productividad, sino de aumentos del empleo (reducción del paro), de la actividad (por ejemplo, con la incorporación de la mujer al trabajo) y del factor demográfico. No obstante, a largo plazo, la proporción de ocupados sobre la población activa, la tasa de actividad y el factor demográfico tienden a estabilizarse, y la productividad se convierte en el único motor del crecimiento del PIBpc.

 

Y esto es lo que ha pasado en Catalunya. Durante el período 1977-2004, el crecimiento del PIBpc se puede atribuir en un 40% a la productividad. La tasa de actividad y el factor demográfico contribuyeron con casi un 75%, compensando el valor negativo de la proporción de ocupados sobre la población activa, a consecuencia de períodos con tasa de paro muy alta. Estas condiciones cambiaron a partir del 2004. Del 2004 al 2024, la tasa de actividad ha pasado del 61,5% al 61,6%; la proporción de ocupados sobre la población activa, del 90,3% al 91,1%; y el factor demográfico, del 84,88% al 84,83%. Es decir, se han mantenido prácticamente constantes.

En estas condiciones, el crecimiento sostenido del PIBpc pasa a depender esencialmente del crecimiento de la productividad. Y esto se pone en evidencia con los datos de los diez países que he mencionado, para los cuales la relación entre la tasa de crecimiento interanual de la productividad y del PIBpc presenta una correlación del 0,995.

Este es el cambio de foco que se ha visto en los últimos años. Las instituciones, que saludaban con satisfacción -y todavía saludan- los crecimientos del PIB como un signo de salud económica, han podido observar que estos crecimientos del PIB no se han traducido en crecimientos del PIBpc.

El foco, por lo tanto, se ha situado en dar respuesta a la pregunta, ya retórica, de cómo conseguir aumentar la productividad. De manera simplificada, hoy en día, hay dos posiciones claramente diferenciadas. Una posición, identificada con el Informe Fénix, propone poner freno al crecimiento de aquellas actividades de poca productividad. La otra posición sostiene que la mejora de la productividad se consigue con medidas de efecto transversal y, en consecuencia, es aquí donde se debe actuar. Las medidas transversales son todas aquellas que forman parte de los sospechosos habituales desde hace muchos años: infraestructuras, I+D+i, sistema educativo, sistema fiscal, instituciones, regulaciones, liberación de la burocracia...

Las medidas transversales son todas aquellas que forman parte de los sospechosos habituales desde hace muchos años: infraestructuras, I+D+i, sistema educativo, sistema fiscal, instituciones...

En lugar del Informe Fénix he visto que se oponga a las medidas transversales, pero señala la necesaria prioridad del freno selectivo al crecimiento de aquellas actividades poco productivas. Aún más, si se quiere aumentar la productividad global de nuestra economía solo con medidas transversales, sin poner freno a los sectores de baja productividad, esto exigiría a los sectores más dinámicos unos aumentos de productividad difícilmente alcanzables.

Una aproximación, solo para hacerse cargo, consiste en dividir la economía catalana en dos sectores: industria manufacturera y sector servicios. Si queremos un crecimiento de la productividad de la economía de un 1,5% anual (en los últimos 23 años ha sido del 0,8%), con un crecimiento de la productividad del sector servicios de un 0,55% (el que ha tenido en estos últimos 23 años), y con una diferencia de las tasas de crecimiento del empleo de un 1% a favor de los servicios, se obtienen unas tasas de crecimiento interanuales de la productividad exigida a la industria manufacturera del 4,4% o del 5,5%, dependiendo de que se utilice el peso de estos sectores del informe Fénix o los globales de Idescat. Cuesta creer que se puedan conseguir. Este ejercicio se puede hacer para diferentes pesos de los dos sectores escogidos, uno sensible a las medidas transversales y el otro insensible.

2. Del PIBpc a la mayor igualdad o desigualdad

A menudo oímos o vemos escrita la siguiente frase: “Solo el crecimiento de la productividad garantiza el crecimiento del PIBpc y la prosperidad”. La primera parte de la frase es hoy matemáticamente cierta y tiene su expresión empírica en un coeficiente de correlación del 0,995 para los 10 países mencionados. La segunda parte, que relaciona crecimiento del PIBpc con la prosperidad, es dudosa, ya que a menudo se confunde progreso con prosperidad. Para verlo, debemos aceptar una definición operativa de lo que entendemos por prosperidad (material). De entrada, es necesario situarla en un punto de partida. Considero que hay prosperidad, a partir del punto origen actual, si se cumplen dos condiciones:

  1. Hay crecimiento del PIBpc.
  2. Hay una mejora de los indicadores de la desigualdad.

Obsérvese que no considero prosperidad si hay un mejor reparto del PIBpc pero sin crecimiento de este PIBpc.

Para ver cómo ha afectado el crecimiento del PIBpc sobre la desigualdad utilizo los datos de los diez países, para el período mencionado, del 1995 al 2024, y observo la relación entre estas dos variables: crecimiento interanual del PIBpc y variación de la desigualdad. Para medir la variación de la desigualdad considero la variación (en puntos porcentuales) de la participación en la renta y en la riqueza del 10% superior, el 40% intermedio y el 50% inferior de la población. Este análisis permite afirmar que el crecimiento de la productividad y, por lo tanto, del PIBpc, ha correlacionado con un aumento de la desigualdad, tanto en la renta como en la riqueza. Es decir, los frutos del crecimiento de la productividad se han concentrado en la población con más renta y más riqueza. En concreto, el crecimiento interanual del PIBpc ha correlacionado positivamente con el decil del 10% con más riqueza (coeficiente de correlación del +0,679), y negativamente con el 40% intermedio (-0,558) y el 50% inferior (-0,798). En cuanto a la renta, la correlación ha sido positiva con el decil del 10% (+0,658), no ha presentado correlación con el 40% intermedio, y ha presentado correlación negativa con el 50% inferior (-0,813).

La conclusión es, pues, la siguiente:

  1. En las circunstancias actuales, el crecimiento sostenido del PIBpc requiere el crecimiento de la productividad. En esta proposición todo el mundo está de acuerdo.
  2. Es poco probable aumentar la productividad global solo aplicando medidas transversales sin frenar el crecimiento de las actividades poco productivas.
  3. El crecimiento del PIBpc no garantiza la prosperidad, tal como la hemos definido. Aún más, con los datos disponibles, ha ocurrido lo contrario.

Evidentemente, no existe ninguna ley causal que establezca que a mayor crecimiento del PIBpc mayor desigualdad. Que sea así, depende, entre otras cosas, de las instituciones. No hemos encontrado causalidad sino correlación. Al existir solo correlación, podríamos pensar en una causalidad inversa, en la cual la desigualdad es condición para el crecimiento del PIBpc. La aceptación de esta condición sería una muy mala noticia.

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