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¿Qué es un sector de salarios subvencionados?

La contribución económica de los salarios subvencionados no cubre los gastos sociales que demandan sus trabajadores, y esta la tienen que cubrir otros sectores

Varios bares juntos en la ciudad de Valencia | iStock
Varios bares juntos en la ciudad de Valencia | iStock
Xavier Roig VIA Empresa
Ingeniero y escritor
28 de Mayo de 2026 - 04:55

En el mundo de la economía, de las empresas, hay niveles salariales diversos. Normalmente, dentro de un mismo país, van ligados a la demanda de ese tipo de trabajo. Y son bastante similares dentro del mismo oficio. Es lógico, tienden a equilibrarse. Un profesional que esté mal pagado en una empresa determinada tenderá a irse hacia otra que le pague mejor. A la larga nos encontramos con que, dentro de un mismo trabajo o especialidad, el salario es similar en todo el país -siempre hay excepciones, la de un profesional especialmente muy bueno y que esté muy bien pagado-. Por lo tanto, y en general, podemos decir que hay trabajos que están bien pagados y otros que no lo están tanto.

 

En la sociedad siempre existirán trabajos que serán mal pagados. Bien porque no requieren un gran nivel de conocimientos y los puede llevar a cabo todo el mundo, o bien porque no son necesarias en un lugar y un momento dado —por ejemplo, un especialista en óptica de precisión en un pueblo agrícola perdido en la Patagonia—. Nosotros, aquí, hablamos de los trabajos estándar que existen en la sociedad catalana. Como en todas las sociedades europeas, hay gente que gana poco dinero. Desarrolla un trabajo que está mal pagado. ¿Un ejemplo? La limpieza de casas y edificios. ¿Otro? El cuidado de personas mayores. Esto es, y temo que será por muchos años, un hecho inevitable.

Por otro lado, tenemos que el estado del bienestar ofrece una serie de servicios públicos que son iguales y estándar para todo el mundo. Gane mucho o poco. Si tienes suficiente dinero y no los quieres usar, tú mismo. Pero si usas los servicios públicos, estos son iguales para todo el mundo. Cabe decir que no es necesario ser rico para optar a servicios privados. Un ejemplo muy claro en Cataluña es el de las mutuas médicas. Un servicio usado por buena parte de la clase media. Sin embargo, los servicios públicos del estado del bienestar son uno de los grandes, inmensos, avances que ha hecho la humanidad gracias a la democracia social de derecho que se empezó a implementar en Occidente después de la Segunda Guerra Mundial.

 

Es un gran invento porque, basándose en la generación de suficiente riqueza, gracias a la productividad, se quiso organizar el Estado como una inmensa compañía de seguros. Todos aportan un dinero para que otros, quizás tú mismo, necesiten usar una serie de servicios cuando no los puedas pagar. Hablo de médicos, maestros, seguridad, etc. Es decir, el estado no solo provee infraestructuras como pasaba antes —carreteras, alumbrado, alcantarillas, aceras, etc.— sino que también provee servicios: medicina, enseñanza, transporte, etc. Este es el gran hallazgo.

Como he dicho, los niveles de servicios que se suministran son independientes de si aquel que los recibe es rico o pobre. Y el coste de proveerlos es uno determinado que, también, es independiente de quien los recibe: una persona pobre es operada a corazón abierto, si es necesario, mediante una intervención que puede costar un dineral. Y esta es la bondad del sistema. Allí donde no llegan algunos, otros se hacen cargo. Como he dicho, una enorme empresa aseguradora. Y no está sujeto a discusión que el servicio debe cubrir a ricos y a pobres. Y este hecho hay que defenderlo.

Ahora bien, como en toda empresa de seguros, el total de dinero que se necesita para dar los servicios a quien los requiere, y tiene derecho, no puede ser inferior al dinero que el resto, todos, aportan al sistema. No sin que el sistema se degrade o, en el ejemplo de la empresa de seguros, quiebre. Por lo tanto, hay que retener en la memoria este principio: el dinero que aportamos todos es para dar servicios.

Para cubrirlo todo —servicios sociales, defensa, salarios públicos, casa real, etc.— se han aproximado cifras alrededor de 61.000 euros por familia media

¿Cómo se paga todo esto? Pues es relativamente fácil... y complicado. El trabajador paga una serie de cuotas a la seguridad social y el empresario también. Por añadidura, el trabajador paga unos impuestos que, básicamente, son de dos tipos: el IVA de todo lo que consume y el IRPF que se le retiene cada mes en la nómina y que liquida en la declaración anual de la renta. Se han hecho estudios en España para determinar dónde está la frontera que delimita si el coste de aquello que gasta el ciudadano está por encima, o por debajo, de lo que este ciudadano aporta en impuestos. En general, para cubrirlo todo —servicios sociales, defensa, salarios públicos, casa real, etc.— se han aproximado cifras alrededor de 61.000 euros por familia media (ver, si se quiere, Observatorio sobre el reparto de los impuestos y las prestaciones entre los hogares españoles, Noveno informe2022. Julio López Laborda, Carmen Marín González, Jorge Onrubia. Estudios sobre la Economía Española 2025/02, febrero 2025).

El Informe Fènix ha hecho un cierto refinamiento y ha calculado esta aportación a escala individual y para cubrir, únicamente, los servicios que da la Generalitat: sanidad, enseñanza, dependencia, seguridad y administración de justicia. El resultado es que aquel salario que está por debajo de los 29.000 euros brutos (año 2025) se puede considerar salario altamente subvencionado, ya que, por debajo de este sueldo anual, las aportaciones e impuestos que paga el individuo y la empresa no cubren, ni tan siquiera, los servicios que da la Generalitat.

El problema se presenta cuando un sector grande, todo él, solo contrata empleados que no llegan a cubrir ni tan siquiera el gasto social al que tienen derecho. Y no llegan porque los empresarios del sector no les pagan lo suficiente. El hecho, evidentemente, se agrava por las dimensiones del sector. Porque, si es muy grande, o hay demasiados, puede provocar la quiebra de todo el sistema.

Los salarios subvencionados son inevitables y hay que aceptarlos, pero los sectores subvencionados no son tolerables porque sustraen recursos de otros sectores y ponen en riesgo el sistema

Que haya gente que no llega a este nivel salarial es normal —jóvenes que empiezan a trabajar, pero también trabajos de baja cualificación, etc.—. Ahora bien, que todo un sector tenga la media salarial por debajo de esta cantidad, constituye un problema muy grave. Y más cuando se quiere vender que estos sectores son motores de la economía. La denominación de sector de salarios subvencionados aparece porque la contribución económica que estos sectores no llevan a cabo para cubrir los gastos sociales que demandan sus trabajadores, la tienen que cubrir otros sectores. Y de esto hablaremos otro día.

Las ideas a retener son dos: los salarios subvencionados son inevitables y hay que aceptarlos, pero los sectores subvencionados no son tolerables porque sustraen recursos de otros sectores y, además, ponen en riesgo el sistema. Y el sistema significa la democracia, de paso.