Ingeniero y escritor

Inmigración: sustraer la ideología del debate

02 de Junio de 2026
Xavier Roig VIA Empresa

Lo mejor que se puede hacer en casi cualquier tema es cuantificar las cosas. Unos dirán que hace demasiado calor y otros tendrán frío. Gana la batalla aquel que dice que hace una temperatura de X grados. El resto son sensaciones y opiniones interesadas. Siempre hay que objetivar. Con la inmigración sucede lo mismo. Con un agravante: hemos dejado la discusión a los políticos y a otros movimientos sociales que tienen intereses. Unos para sobrevivir políticamente, los otros para darse la razón ideológica. De cuantificaciones, pocas. Si no ninguna.

 

También hay quien se suma al discurso con argumentos sin sentido. Es el caso de algunos representantes de empresarios que aseguran que Catalunya necesita la inmigración como el aire que respiramos. Los individuos que hacen estas aseveraciones son especialmente nocivos: desmantelan el país económicamente y, de paso, ayudan a destrozar la nación.

"Los individuos que aseguran que Catalunya necesita la inmigración como el aire que respiramos son especialmente nocivos"

En las economías occidentales hay una demanda cierta de inmigrantes. Siempre ha sido así. La gente se mueve de los lugares donde no hay trabajo a otros donde sí lo hay. Por lo tanto, lo que hay que hacer es cuantificar la demanda de trabajos que son realmente requeridos y no se pueden cubrir por falta de oferta de mano de obra local. Y eso es precisamente lo que no ha hecho España y, sobre todo, Catalunya -el País Vasco sí lo ha hecho-. La verdadera llave que regula la inmigración no está en Madrid, en ningún ministerio. Tampoco en los aeropuertos. Quien regula la inmigración son las empresas.

 

Pero no vale dejar esta regulación al libre mercado de contratación porque si te tocan unos gobernantes fuertemente ideologizados que creen en las políticas de “papeles para todos”, la cosa se lía. ¿Por qué? Pues simplemente porque ante una oferta de mano de obra ilimitada (la gran estupidez del “papeles para todos”) los precios (los salarios) tienden a bajar. Es lógico. Siempre habrá alguien en el mundo que está dispuesto a hacer lo que tú haces, pero más barato.

Y esta gran animalada provoca dos consecuencias: la primera, que los salarios bajan y la clase trabajadora cada vez gana menos; y la segunda, siempre hay supuestos empresarios que montan negocios que solo pueden subsistir con salarios de la inmigración. ¿Ejemplo? Un hotel de 3 estrellas en la costa. No era un negocio que le hiciera falta al país -la sociedad catalana no lo pedía-, y se llama a inmigrantes para poder dar el servicio que, como es lógico, no será de lujo. ¿Quién ha sacado provecho? Básicamente, el hotelero. Los servicios sociales de sus empleados los tienen que pagar otros —ver el artículo ¿Qué es un sector de salarios subvencionados?—.

En resumen, la gran diferencia entre la inmigración que tiene lugar en Europa y la que ha tenido lugar en Catalunya es fundamental y la debemos retener en mente de forma constante. Los países sensatos de Europa llaman a la inmigración para cubrir puestos de trabajo que los nacionales del país no pueden o no quieren cubrir. En Catalunya la inmigración ha sido para cubrir puestos de trabajo que no existían, con el agravante de que ha deprimido los salarios: todo el mundo es más pobre.

Resumen. No estigmaticemos a los inmigrantes. Ellos son actores pasivos que son manipulados. El exceso de inmigración en Catalunya solo tiene unos culpables: aquellos que, no solo han dejado hacer sino que han estimulado crear negocios que solo son viables si se utiliza mano de obra de la inmigración. Son unos negocios que no deberían existir.