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De startups a grandes compañías, el próximo salto de la empresa catalana

La madurez del ecosistema catalán dependerá cada vez más de la calidad de la financiación, el talento y la capacidad de transformar proyectos en empresas de mayor dimensión

Fachadas de edificios corporativos en Barcelona | iStock
Fachadas de edificios corporativos en Barcelona | iStock
Santiago Tiana | VIA Empresa
Consultor sénior independiente de estrategia y operaciones
01 de Mayo de 2026 - 04:55

Hace tiempo que Catalunya dejó de ser una promesa en materia de emprendimiento para convertirse en una realidad económica consolidada. El ecosistema startup catalán ha ganado tamaño, visibilidad y capacidad de atracción hasta situarse entre los más dinámicos de su entorno. Ya no hablamos solo de ideas emergentes o proyectos en fase inicial, sino de un tejido empresarial con impacto tangible sobre el empleo, la innovación y la actividad económica.

 

Sin embargo, cuando un ecosistema alcanza cierta madurez, la pregunta deja de ser cuántas startups nacen y pasa a ser otra mucho más exigente: cuántas consiguen crecer, consolidarse y convertirse en compañías con dimensión suficiente para competir de forma sostenida. Ese es, probablemente, el gran reto que Catalunya tiene hoy por delante. Durante años, el objetivo fue generar masa crítica, atraer inversión y crear un entorno favorable para emprender. Ahora el debate es otro. La prioridad ya no consiste únicamente en lanzar nuevos proyectos, sino en acompañarlos hasta convertirlos en empresas duraderas, rentables y capaces de escalar.

Catalunya entra en una nueva fase

El informe de Acció de 2026 confirma que el ecosistema catalán ha dejado atrás la fase emergente. Catalunya cerró 2025 con 2.403 startups activas, un 5,2% más que el año anterior y más del doble que en 2016, cuando se contabilizaban 1.086. La cifra no responde a un ciclo puntual, sino a una transformación estructural: el emprendimiento innovador ya forma parte estable del tejido económico catalán.

 

El impacto económico también gana relevancia. Las startups catalanas generan 2.947 millones de euros de facturación agregada y 30.537 puestos de trabajo, con crecimientos anuales del 26% en ingresos y del 34% en empleo. En términos de PIB, ya representan el 0,9% de la economía catalana. Conviene recordar, eso sí, que estas magnitudes económicas corresponden a 2024, mientras que el número de startups y la inversión captada están cerrados a 2025.

El ecosistema, además, empieza a mostrar señales claras de madurez empresarial. Catalunya cuenta ya con 429 scaleups, 308 spin-offs y 374 startups deep tech, tres indicadores que reflejan no solo volumen, sino también sofisticación, densidad tecnológica y una mayor capacidad de crecimiento. 

Por sectores, el liderazgo corresponde a ámbitos donde Catalunya ya contaba con fortalezas previas. El healthtech concentra el mayor número de startups, seguido de los servicios empresariales y tecnológicos. También destacan traveltech, fintech, foodtech y soluciones vinculadas a sostenibilidad. El ecosistema, por tanto, no crece en el vacío: aprovecha capacidades existentes y las proyecta hacia nuevos modelos de negocio. 

Otro dato especialmente relevante es el componente internacional. El 61% de las startups exporta, el 59% cuenta con trabajadores extranjeros y el 28% tiene al menos un fundador internacional. A ello se suma una elevada intensidad innovadora: el 89% invierte en I+D y el 57,6% trabaja con tecnologías ligadas a la industria 4.0, con un peso muy destacado de la inteligencia artificial y el big data.

También merece atención la presencia femenina en el emprendimiento innovador. El 40,3% de las startups catalanas incluye al menos una mujer en el equipo fundador, una proporción significativa que amplía la base de talento del ecosistema y mejora la diversidad de perspectivas en la toma de decisiones. Su presencia es especialmente visible en salud, educación, medio ambiente, energía y moda.

El 61% de las startups catalanas exporta, el 59% cuenta con trabajadores extranjeros y el 28% tiene al menos un fundador internacional

Por último, el informe apunta señales de mejora en la calidad empresarial. En la muestra comparable analizada por Acció, el porcentaje de startups que factura más de 500.000 euros y el de compañías con más de diez trabajadores ha aumentado en los últimos años. No es un matiz menor: indica que el ecosistema no solo gana tamaño, sino también tracción operativa. 

Con todo, la conclusión de fondo es clara. Catalunya ya ha demostrado capacidad para crear startups, atraer talento y generar innovación. El siguiente paso no depende tanto de seguir sumando compañías como de conseguir que un mayor número de ellas alcance escala suficiente para consolidarse, internacionalizarse y ganar dimensión.

Crecer ya no depende solo de una buena idea

Durante años, buena parte del relato emprendedor se construyó alrededor de la innovación, la disrupción y la capacidad de detectar oportunidades antes que el mercado. Todo ello sigue siendo importante. Sin una propuesta de valor diferencial, difícilmente nace un proyecto con recorrido. Pero en ecosistemas más maduros y competitivos, la idea ha dejado de ser el principal factor de éxito. Hoy, muchas startups surgen con productos atractivos, tecnología solvente e incluso acceso inicial a financiación. La diferencia real aparece después. Es en la ejecución donde se separan los proyectos prometedores de las compañías capaces de consolidarse.

Modernos edificios de oficinas en el districto financiero 22@ de Barcelona | iStock
Modernos edificios de oficinas en el districto financiero 22@ de Barcelona | iStock

Validar mercado, transformar interés en ventas recurrentes, ajustar precios, pivotar cuando el cliente no responde, contratar talento adecuado o gestionar caja en fases de crecimiento son retos menos visibles que una ronda de financiación, pero bastante más determinantes. En otras palabras, lanzar una startup es cada vez más accesible; construir una empresa sigue siendo extraordinariamente complejo.

Hace unos años, bastaba con crecimiento rápido o una narrativa convincente. Hoy pesan más la capacidad de monetización, la recurrencia de ingresos, la eficiencia comercial y la solidez operativa. El mercado ya no premia igual las expectativas sin recorrido claro ni los modelos excesivamente dependientes de nuevas rondas. Por eso, el siguiente salto del ecosistema catalán no dependerá solo de seguir generando nuevas ideas. Dependerá de convertir más de esas ideas en negocios viables, escalables y financieramente sostenibles.

La financiación sigue siendo clave, pero ya no basta cualquier capital

El acceso a financiación continúa siendo uno de los factores más determinantes en la evolución de una startup. Sin recursos suficientes, resulta difícil invertir en producto, captar talento, acelerar ventas o asumir el tiempo necesario hasta alcanzar una escala rentable.

En Catalunya, la financiación en fases iniciales ha mejorado de forma notable. Ángeles inversores (business angels), fondos especializados, banca orientada a innovación y vehículos públicos han ampliado las opciones disponibles. El informe de Acció refleja que el 63,6% de las startups ha conseguido financiación y que durante 2025 captaron 1.131 millones de euros, el tercer mejor registro de la serie histórica. Sin embargo, disponer de capital inicial no resuelve por sí solo el gran reto posterior: financiar el crecimiento.

La financiación no debería medirse solo por la capacidad de cerrar una ronda, sino por su utilidad real para construir empresa

Escalar una empresa exige importes más elevados, más paciencia inversora y acompañamiento especializado. Algunas startups logran recursos para arrancar, pero encuentran dificultades cuando necesitan financiar expansión internacional, nuevas líneas de producto o estructuras comerciales más ambiciosas. Otras acceden al capital, pero en condiciones que comprometen su margen de maniobra futuro.

Porque no todo capital vale lo mismo. Hay inversores que aportan dinero y otros que suman, además, visión estratégica, red comercial o experiencia sectorial. También conviene recordar una cuestión poco comentada: diluirse en exceso en fases tempranas puede convertirse en una hipoteca para etapas posteriores. La financiación, por tanto, no debería medirse solo por la capacidad de cerrar una ronda, sino por su utilidad real para construir empresa.

El equipo pesa más que el producto cuando llega la inversión

En el ecosistema emprendedor suele hablarse mucho de ideas, tecnología o mercado. Sin embargo, cuando un inversor analiza una startup, pocas variables pesan tanto como el equipo fundador. El motivo es sencillo: los productos cambian, los mercados evolucionan y los planes rara vez se cumplen exactamente como fueron diseñados. Lo más difícil de sustituir es un equipo capaz de adaptarse, ejecutar y tomar buenas decisiones bajo presión.

Por eso, en muchas operaciones, el capital no entra únicamente en una idea; entra en las personas que deben convertirla en empresa. Los financiadores valoran perfiles complementarios mucho más que equipos homogéneos. La combinación entre visión comercial, capacidad tecnológica, conocimiento sectorial y liderazgo operativo suele ofrecer más garantías que un grupo brillante pero desequilibrado.

El 58% de los fundadores de startups catalanas cuenta con experiencia previa en la creación de empresas: una señal clara de madurez del ecosistema y de acumulación de conocimiento emprendedor

Por otra parte, la experiencia previa continúa siendo otro factor diferencial. Haber impulsado antes un proyecto o haber vivido etapas de crecimiento no garantiza el éxito, pero sí reduce incertidumbre. Y en inversión, reducir incertidumbre tiene valor. En este sentido, el dato de Acció es revelador: el 58% de los fundadores de startups catalanas cuenta con experiencia previa en la creación de empresas. Es una señal clara de madurez del ecosistema y de acumulación de conocimiento emprendedor. 

También conviene desmontar otro mito habitual: emprender no siempre significa ir solo. Muchos proyectos fracasan no por falta de producto, sino por soledad estratégica. Lo mismo ocurre con la incorporación de socios. Un socio solo tiene sentido si multiplica el valor de la compañía.

La mentoría: la ventaja silenciosa del ecosistema

En el mundo startup se habla con frecuencia de financiación, talento o innovación, pero bastante menos de un factor que suele marcar diferencias reales en momentos decisivos: la mentoría. Emprender implica convivir con incertidumbre constante. Elegir prioridades, contratar, redefinir producto, negociar con inversores o abrir mercado son decisiones que rara vez cuentan con una respuesta evidente. En ese contexto, disponer de la mirada de alguien que ya ha recorrido parte del camino puede tener más valor del que aparenta.

La mentoría útil no consiste en ofrecer consejos genéricos ni en acumular contactos. Su verdadero valor aparece cuando aporta criterio, perspectiva y capacidad de contraste. Es decir, cuando ayuda al emprendedor a tomar mejores decisiones. También actúa como acelerador de aprendizaje. Detectar antes una mala estrategia comercial, una estructura sobredimensionada o una ronda mal planteada puede ahorrar meses de desgaste y recursos difíciles de recuperar.

Catalunya cuenta hoy con un activo relevante en este ámbito: directivos, empresarios, emprendedores en serie y redes de acompañamiento con capacidad real para aportar valor a nuevos proyectos. Convertir ese conocimiento acumulado en ventaja competitiva será clave en la siguiente etapa.

Catalunya ha construido en pocos años un ecosistema startup con masa crítica, capacidad de atracción y peso creciente en la economía productiva. La primera fase consistía en crear más startups, atraer inversión y ganar visibilidad. Esa etapa, en buena medida, ya se ha superado. La siguiente es más compleja: conseguir que un mayor número de proyectos gane dimensión, consolide modelos de negocio sostenibles y se convierta en empresas duraderas.

Para ello, las ideas seguirán siendo importantes, pero ya no bastarán por sí solas. El capital continuará siendo necesario, aunque cada vez tendrá más valor el capital que acompaña y entiende el crecimiento. Y los fundadores seguirán siendo el origen del proyecto, pero su capacidad para rodearse de buenos equipos, incorporar experiencia y aceptar contraste será cada vez más decisiva. Catalunya ya ha demostrado que sabe emprender. El próximo reto será demostrar que también sabe construir grandes empresas desde aquí.