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El dinero de la guerra: cómo el sistema financiero se ha vuelto una infraestructura de control

El poder silencioso del 'compliance' gana fuerza con el regreso de los conflictos bélicos a la primera plana de la actualidad

El sistema financiero es una figura clave a la hora de vigilar la circulación del dinero en todo el mundo | iStock
El sistema financiero es una figura clave a la hora de vigilar la circulación del dinero en todo el mundo | iStock
Santiago Tiana | VIA Empresa
Consultor sénior independiente de estrategia y operaciones
19 de Marzo de 2026 - 04:55

Cada vez que un conflicto armado escala en el escenario internacional, reaparece una pregunta que rara vez se formula de forma directa: cómo se financia la actividad económica que rodea a cualquier guerra. Más allá del debate geopolítico, los conflictos contemporáneos movilizan cadenas industriales complejas, redes logísticas internacionales y flujos financieros que atraviesan múltiples jurisdicciones. 

 

En las guerras de hoy, la financiación de cadenas de suministro militares, el comercio de recursos estratégicos o la adquisición de equipamiento y tecnología dependen en gran medida de la infraestructura financiera internacional. En ese contexto, el sistema financiero adquiere una relevancia particular. Bancos, mercados y entidades de pago no son actores políticos, pero sí constituyen la infraestructura a través de la cual circula el capital que sostiene el funcionamiento de la economía global. Desde la financiación del comercio internacional hasta la canalización de inversiones, una parte significativa de esas operaciones depende de la intermediación financiera.

Sin embargo, lo que con frecuencia permanece fuera del foco público es que el sistema financiero moderno opera bajo una arquitectura de control mucho más extensa de lo que suele percibirse. Durante las últimas dos décadas se ha desarrollado un entramado regulatorio destinado a vigilar determinados flujos de dinero, especialmente aquellos vinculados a actividades consideradas de riesgo desde el punto de vista legal, reputacional o geopolítico.

 

Ese conjunto de mecanismos, conocido de forma general como compliance financiero, se ha convertido en uno de los pilares menos visibles pero más influyentes del funcionamiento del sistema bancario contemporáneo.

El sistema financiero como infraestructura de control

En las economías modernas, el sistema financiero no se limita a canalizar ahorro hacia inversión o facilitar pagos entre empresas y particulares. Su funcionamiento implica también una responsabilidad creciente en la prevención de actividades ilícitas. Con el tiempo, las entidades financieras han pasado de ser simples intermediarios económicos a desempeñar un papel central en la detección de determinados riesgos económicos y jurídicos.

Esta función se articula a través de obligaciones regulatorias que exigen a las entidades financieras conocer con precisión a sus clientes, analizar el origen y destino de los fondos que gestionan y comunicar a las autoridades cualquier operación que pueda presentar indicios de irregularidad. En la práctica, una parte relevante del sistema de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación de actividades ilícitas descansa en la capacidad de las entidades financieras para identificar comportamientos financieros atípicos.

Los datos muestran hasta qué punto esta función se ha vuelto estructural. En España, la mayor parte de las comunicaciones de operaciones sospechosas que llegan a la unidad de inteligencia financiera proceden del propio sector financiero. Las memorias de actividad del Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias (SEPBLAC), la unidad de inteligencia financiera (UIF) de España, adscrita al Banco de España, reflejan de forma consistente que el sector financiero concentra la mayoría de las comunicaciones por indicios de blanqueo de capitales o financiación del terrorismo.

El sector financiero concentra la mayoría de las comunicaciones por indicios de blanqueo de capitales o financiación del terrorismo

En términos absolutos, el SEPBLAC recibió 24.320 comunicaciones por indicio (CI) en 2024, según su última memoria de actividad, lo que supuso un incremento significativo respecto al año anterior. Cada una activa un proceso de análisis destinado a determinar si existen elementos suficientes para iniciar investigaciones administrativas o trasladar la información a las autoridades judiciales.

Estas comunicaciones proceden de un amplio conjunto de sujetos obligados, término con el que la normativa de prevención del blanqueo de capitales designa a las entidades y profesionales responsables de aplicar los controles financieros, entre ellos entidades financieras, notarios, abogados, auditores o proveedores de servicios societarios, que deben colaborar activamente en la detección de operaciones sospechosas.

Este modelo de supervisión preventiva ha convertido al sistema financiero en una pieza clave dentro de la arquitectura institucional destinada a vigilar la circulación del dinero en la economía global.

El origen del compliance moderno

Empresarios utilitzando el Enterprise Resource Planning (ERP) | iStock
Empresarios utilitzando el Enterprise Resource Planning (ERP) | iStock

Aunque hoy el compliance forma parte de la estructura ordinaria de cualquier entidad financiera, su desarrollo moderno es relativamente reciente. El punto de inflexión suele situarse a comienzos del siglo XXI, cuando la comunidad internacional empezó a reforzar los mecanismos de control sobre los flujos financieros globales.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un cambio decisivo. A partir de ese momento, la identificación de los circuitos financieros utilizados para financiar actividades terroristas se convirtió en una prioridad para los reguladores. En Estados Unidos, esta preocupación se tradujo en la aprobación del USA Patriot Act, que fortaleció de forma sustancial las obligaciones de control que debían aplicar las entidades financieras.

Este impulso regulatorio se extendió rápidamente a otras jurisdicciones. Organismos internacionales como el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) intensificaron sus recomendaciones para prevenir el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, mientras distintos países adaptaban sus marcos normativos para incorporar estándares más exigentes de supervisión financiera.

A raíz del 11-S, identificar los circuitos financieros utilizados para financiar actividades terroristas se convirtió en una prioridad para los reguladores

Creado en 1989 por el G7, el GAFI cuenta actualmente con 40 miembros y una red de organismos regionales que extiende la aplicación de sus estándares a más de 200 jurisdicciones, lo que ha contribuido a convertir sus recomendaciones en el principal marco de referencia internacional en materia de compliance financiero.

En Europa, este proceso regulatorio continúa evolucionando. La Unión Europea (UE) ha impulsado recientemente la creación de la Autoridad Europea contra el Blanqueo de Capitales (AMLA), destinada a reforzar la coordinación supervisora y a mejorar la aplicación homogénea de las normas en todo el sistema financiero europeo.

De este modo, surgió dentro de las entidades financieras una nueva función organizativa: los departamentos de compliance, encargados de garantizar el cumplimiento de estas normas y supervisar los mecanismos internos de control.

Cómo funciona el sistema de control financiero

El funcionamiento del compliance financiero se apoya en un conjunto de procedimientos operativos que las entidades financieras deben aplicar de forma sistemática en su actividad diaria.

Uno de los pilares de este sistema es el principio Know Your Customer (KYC), que obliga a las entidades a identificar a las personas o sociedades con las que mantienen relaciones de negocio, verificar su identidad y comprender la naturaleza de su actividad económica. Conocer el perfil financiero del cliente permite evaluar si las operaciones que realiza resultan coherentes con su actividad declarada.

A partir de esta información, las entidades aplican medidas de diligencia debida que incluyen la revisión periódica de la relación con el cliente, el análisis de la estructura de propiedad de las sociedades y la identificación del denominado titular real (beneficial owner), es decir, la persona física que controla o se beneficia en última instancia de una entidad jurídica.

A estos mecanismos se suma la monitorización continua de operaciones, mediante sistemas capaces de detectar patrones financieros inusuales o incoherentes con el perfil del cliente. Cuando una operación presenta indicios razonables de irregularidad, la entidad debe comunicarla a la unidad de inteligencia financiera correspondiente.

Este conjunto de procedimientos convierte al sistema financiero en un espacio de vigilancia preventiva en el que las entidades no solo gestionan operaciones económicas, sino que también participan activamente en la detección de riesgos vinculados a la criminalidad financiera.

La expansión del compliance en el sistema financiero

A medida que el marco regulatorio se ha reforzado, el compliance ha pasado de ser una función especializada a convertirse en una estructura transversal dentro de las entidades financieras. Las sucesivas directivas europeas de prevención del blanqueo de capitales han ampliado las obligaciones de identificación de clientes, transparencia en la titularidad de las sociedades y control de operaciones potencialmente irregulares. A ello se suman los regímenes internacionales de sanciones financieras y los mecanismos de cooperación entre supervisores.

Como resultado, el ámbito de actuación del compliance se ha ampliado. Hoy incluye no solo la prevención del blanqueo de capitales o de la financiación del terrorismo, sino también el cumplimiento de sanciones internacionales, la prevención de la corrupción, la gestión de conflictos de interés y la evaluación de riesgos reputacionales asociados a determinadas actividades económicas.

De este modo, el compliance se ha consolidado como uno de los elementos estructurales del funcionamiento del sistema financiero moderno.

Cuando el cumplimiento normativo influye en la financiación

La evolución del compliance financiero durante las últimas dos décadas ha tenido consecuencias que van más allá del ámbito jurídico. A medida que los sistemas de control se han sofisticado, las entidades financieras han incorporado criterios cada vez más estrictos para evaluar los riesgos asociados a determinadas actividades económicas. El análisis regulatorio, reputacional y de exposición a sanciones se ha convertido en un elemento central en los procesos de decisión financiera.

La creciente importancia de los regímenes de sanciones ilustra esta transformación. La Specially Designated Nationals List (SDN), gestionada por la Office of Foreign Assets Control (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, incluye más de 17.000 individuos, empresas y organizaciones sujetos a sanciones financieras. Estas listas se actualizan de forma constante y obligan a las entidades financieras a integrar sistemas de screening de sanciones cada vez más sofisticados para evitar transacciones con sujetos incluidos en estos registros.

En los últimos años, diversas entidades financieras internacionales han recibido sanciones multimillonarias por incumplir regímenes de sanciones o normas de prevención del blanqueo de capitales

La importancia de estos mecanismos se entiende también observando sus consecuencias prácticas. En los últimos años, diversas entidades financieras internacionales han recibido sanciones multimillonarias por incumplir regímenes de sanciones o normas de prevención del blanqueo de capitales, lo que ha reforzado el papel del compliance como elemento central en la gestión del riesgo dentro del sistema financiero.

En este contexto, algunas actividades económicas han pasado a considerarse especialmente sensibles desde la perspectiva del control financiero internacional, particularmente aquellas vinculadas a sectores sujetos a restricciones derivadas de tratados internacionales, regímenes de sanciones o compromisos regulatorios en materia de transparencia. Por esta razón, muchas entidades financieras han desarrollado políticas internas de exclusión o limitación de financiación en determinados ámbitos de actividad.

Conclusión: control, confianza e instituciones

Les façanes dels edificis del Banc Sabadell i CaixaBank | Cedides
Les façanes dels edificis del Banc Sabadell i CaixaBank | Cedides

En las últimas dos décadas, el desarrollo del compliance ha transformado profundamente el funcionamiento del sistema financiero. Lo que comenzó como una respuesta regulatoria a los riesgos asociados al blanqueo de capitales y a la financiación del terrorismo ha evolucionado hacia una arquitectura más amplia de supervisión, control y gestión del riesgo.

Hoy buena parte de la actividad bancaria se desarrolla bajo sistemas que incluyen la identificación rigurosa de clientes, la monitorización de operaciones y la comunicación de indicios a las autoridades competentes.

En este contexto, instrumentos como los canales éticos, los sistemas de denuncia internos o los mecanismos de investigación corporativa no deben interpretarse necesariamente como señales de disfunción organizativa. En muchos casos reflejan lo contrario: el grado de madurez institucional alcanzado por organizaciones que operan bajo elevados niveles de supervisión y responsabilidad pública. En un entorno económico y geopolítico cada vez más complejo, el control de los flujos financieros se ha convertido en una dimensión central del poder internacional. Y en ese escenario, el compliance, discreto, técnico y poco visible, actúa hoy como una de las infraestructuras silenciosas que sostienen el funcionamiento del sistema financiero global.