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Desde Tokio: el colapso de las visas de negocios en Japón

La reforma impulsada por el gobierno japonés ha hundido las solicitudes del visado de gestor de negocios y deja a cientos de emprendedores extranjeros ante el riesgo de perder empresas que llevan años operando en el país

Interior de una oficina con el paisaje urbano de la ciudad de Tokio de fondo | iStock
Interior de una oficina con el paisaje urbano de la ciudad de Tokio de fondo | iStock
Josep Solano | VIA Empresa
Corresponsal en Tokio
Tokio
21 de Junio de 2026 - 04:55

Cuando el ciudadano indio Manish Kumar abrió su negocio en Japón, el país se presentaba como una de las economías más estables y previsibles de Asia para los emprendedores extranjeros. Durante casi dos décadas, construyó su actividad, contrató personal, pagó impuestos y consolidó una clientela fiel. Hoy, sin embargo, el futuro de su empresa es incierto. La renovación de su permiso de residencia como gestor de negocios se ha convertido en una carrera de obstáculos después de los cambios introducidos por el gobierno japonés en uno de los principales instrumentos utilizados por los inversores y emprendedores extranjeros para establecerse en el país.

 

Su caso no es una excepción. Desde la entrada en vigor de la reforma del visado de gestor de negocios, los datos oficiales muestran una caída sin precedentes en el número de nuevas solicitudes y renovaciones. Según las cifras de las autoridades migratorias japonesas, el volumen de peticiones se ha desplomado cerca de un 96%, una reducción que ha encendido las alarmas entre asesores legales, cámaras de comercio y comunidades empresariales extranjeras establecidas en el país.

La reforma forma parte del giro político impulsado por el ejecutivo de Sanae Takaichi bajo el paraguas de una estrategia más amplia de control migratorio y refuerzo de la seguridad económica. El objetivo oficial es evitar abusos del sistema y garantizar que los titulares de estos permisos desarrollen actividades empresariales reales y sostenibles. No obstante, su aplicación está generando una controversia creciente porque afecta a empresas que fueron creadas bajo unas condiciones muy diferentes y que, a pesar de años de actividad legal y continuada, se encuentran ahora con dificultades para cumplir unos nuevos requisitos mucho más exigentes.

 

El volumen de peticiones se ha desplomado cerca de un 96%, una reducción que ha encendido las alarmas entre asesores legales, cámaras de comercio y comunidades empresariales extranjeras establecidas en el país

La preocupación va más allá del ámbito migratorio. Para numerosos observadores, el debate pone sobre la mesa una cuestión de fondo: hasta qué punto Japón puede modificar las reglas que afectan a la permanencia de inversores y emprendedores extranjeros sin erosionar la percepción de seguridad jurídica que durante décadas ha sido uno de sus principales activos ante la comunidad empresarial internacional.

Según la justificación oficial, la reforma responde a la necesidad de combatir el uso fraudulento del visado de gestor de negocios, un permiso que durante años ha sido una de las principales vías de acceso para emprendedores extranjeros. El gobierno argumenta que algunos solicitantes utilizaban este mecanismo para obtener la residencia sin desarrollar una actividad económica real, mediante sociedades con escasa actividad o negocios que existían solo sobre el papel. Ante esta situación, el ejecutivo optó por reforzar los requisitos económicos, administrativos y operativos exigidos a los titulares del visado.

Los nuevos criterios implican un aumento sustancial de las exigencias de capitalización, documentación y estructura empresarial. Además de demostrar la viabilidad económica del proyecto, los emprendedores deben acreditar una actividad efectiva y continuada, así como una capacidad financiera considerablemente superior a la que se requería hasta ahora. Abogados especializados en inmigración empresarial consultados por diversos medios internacionales señalan que muchos pequeños negocios familiares, restaurantes, comercios o empresas de servicios que funcionaban con normalidad bajo el sistema anterior tienen hoy serias dificultades para satisfacer las nuevas condiciones.

La controversia no radica tanto en la existencia de requisitos más estrictos como en la manera en que estos están afectando a negocios ya establecidos. Varios emprendedores denuncian que las nuevas normas alteran de facto las condiciones bajo las cuales invirtieron en Japón años atrás. Aunque jurídicamente no se trate de una aplicación retroactiva en sentido estricto, el resultado práctico es que empresas que fueron creadas legalmente bajo un marco regulador determinado se ven obligadas ahora a adaptarse a unas exigencias muy diferentes para poder continuar operando.

Esta percepción está alimentando un debate cada vez más amplio sobre la previsibilidad regulatoria del país. Japón ha construido tradicionalmente buena parte de su reputación internacional sobre la base de la estabilidad institucional, la seguridad jurídica y la confianza de los inversores. Por ello, algunos expertos alertan que el mensaje enviado por esta reforma podría ir más allá del ámbito migratorio y afectar a la manera en que futuros emprendedores y pequeñas empresas valoran el riesgo de invertir en la tercera economía más grande del mundo.

Para muchos pequeños inversores, el debate ya no gira exclusivamente en torno a los requisitos exigidos por el visado, sino sobre la certeza de que las condiciones bajo las cuales se toma una decisión de inversión seguirán siendo reconocibles años después. En un entorno internacional donde países como Singapur, Corea del Sur o los Emiratos Árabes compiten activamente por captar emprendedores internacionales, la percepción de seguridad jurídica se ha convertido en un activo tan valioso como los incentivos fiscales o el acceso al mercado.

Los casos que han comenzado a aparecer en los medios japoneses e internacionales muestran un patrón similar. Muchos de los afectados no son nuevos emprendedores que intentaban acceder al país, sino propietarios de negocios que llevan años, y en algunos casos décadas, desarrollando su actividad en Japón. Restaurantes, comercios de proximidad, pequeñas empresas de importación o servicios especializados forman parte de un ecosistema empresarial discreto pero esencial para muchas comunidades locales.

Varios emprendedores denuncian que las nuevas normas alteran de facto las condiciones bajo las cuales invirtieron en Japón años atrás

Entre los casos más mediáticos figura el de Dharma Priya, propietario de un restaurante que lleva años operando legalmente en Japón. Después de haber invertido buena parte de sus ahorros en el negocio y consolidado una clientela estable, se encuentra ahora ante la posibilidad de no poder renovar su situación migratoria por no cumplir determinados requisitos incorporados en la reforma. La paradoja es evidente: el negocio sigue funcionando, genera actividad económica y contribuye fiscalmente, pero su continuidad depende ahora de unos criterios que no existían cuando inició el proyecto.

Una situación similar afronta Chan Ka Yee, empresaria de origen hongkonés establecida en Japón desde hace años. Según ha explicado en varias entrevistas, su principal preocupación no es solo la renovación del visado, sino la imposibilidad de planificar a medio plazo. Decisiones tan básicas como renovar un contrato de alquiler, ampliar la actividad o contratar personal quedan condicionadas por una incertidumbre administrativa que hasta hace poco no formaba parte de la ecuación empresarial. Para muchos emprendedores extranjeros, el problema no es únicamente el coste de cumplir las nuevas normas, sino la dificultad de anticipar cuáles serán las siguientes.

El caso de Adhi Kari refleja una preocupación aún más profunda. Como otros pequeños empresarios afectados, considera que la reforma está transformando la naturaleza misma del visado de gestor de negocios. Lo que había sido concebido como una herramienta para atraer inversión e iniciativa empresarial extranjera corre el riesgo de convertirse, según sus críticos, en un mecanismo accesible solo para proyectos con una elevada capacidad financiera. El resultado podría ser una reducción significativa de la diversidad empresarial que durante años ha contribuido a revitalizar barrios comerciales, zonas suburbanas y comunidades locales en declive demográfico.

Vista aérea del paisaje urbano de Tokio | iStock
Vista aérea del paisaje urbano de Tokio | iStock

Más allá de las circunstancias particulares de cada caso, el denominador común es la sensación de que muchas empresas legítimas han quedado atrapadas en una reforma diseñada para combatir abusos puntuales. Esta percepción ha ido ganando fuerza a medida que aumenta el número de negocios afectados y se multiplican las voces que reclaman mecanismos de transición más flexibles para los emprendedores que ya operaban legalmente antes de los cambios.

La inquietud generada por la reforma ha acabado cristalizando en una movilización poco habitual en Japón. Una petición impulsada por abogados, consultores migratorios, empresarios y activistas ha superado las 60.000 firmas reclamando al Ministerio de Justicia la introducción de disposiciones transitorias y criterios diferenciados para los negocios que ya operaban legalmente antes de los cambios. Los promotores no cuestionan la necesidad de combatir el uso fraudulento de los visados empresariales, pero consideran que las medidas actuales acaban situando en la misma categoría a empresas ficticias y negocios que llevan años contribuyendo a la economía japonesa.

Hasta ahora, sin embargo, el gobierno ha mostrado pocos indicios de querer rectificar. El ejecutivo defiende que la reforma forma parte de una estrategia más amplia orientada a reforzar el control migratorio y a avanzar hacia el objetivo político de reducir al mínimo las situaciones de irregularidad administrativa. Esta línea se enmarca en la política conocida como Residentes Ilegales Cero, que durante los últimos meses ha inspirado diversas iniciativas legislativas destinadas a reforzar los mecanismos de supervisión y control sobre la población extranjera.

La cuestión es que el debate va mucho más allá de la política migratoria. El colapso del 96% en las solicitudes del visado de gestor de negocios llega en un momento en que Japón intenta proyectarse internacionalmente como un destino atractivo para la inversión, la innovación y el talento global. El gobierno promueve activamente la llegada de profesionales cualificados en sectores como los semiconductores, la inteligencia artificial o las tecnologías avanzadas, mientras las empresas alertan de una escasez estructural de mano de obra que afecta a ámbitos tan diversos como la construcción, la restauración, la logística o la atención a las personas mayores.

El debate que se abre va más allá de los visados. En juego hay una cuestión mucho más amplia: si Japón seguirá siendo percibido como uno de los entornos más previsibles para hacer negocios en Asia

Es precisamente aquí donde emerge la contradicción que muchos observadores señalan. Mientras la economía japonesa necesita más actividad empresarial, más emprendedores y más inversión exterior, el marco regulador aplicado a una de las principales vías de acceso para los empresarios extranjeros se ha vuelto considerablemente más restrictivo. El problema no es solo quién queda fuera del sistema, sino el mensaje que reciben aquellos que todavía están valorando invertir en él.

Para los grandes grupos multinacionales, estos cambios probablemente representan un obstáculo asumible. Para los pequeños y medianos emprendedores, en cambio, la situación es diferente. Muchos de los negocios afectados nacieron con inversiones modestas, crecieron paulatinamente y acabaron integrándose en el tejido económico local. Son precisamente estos proyectos los que ahora afrontan más dificultades para adaptarse a un marco que exige recursos financieros y capacidades administrativas muy superiores a las que se requerían cuando empezaron.

La paradoja es difícil de ignorar: en un país que afronta uno de los procesos de envejecimiento más acelerados del mundo y que busca nuevas fuentes de dinamismo económico, una reforma concebida para reforzar el control del sistema está acabando generando dudas sobre su capacidad de atraer y retener iniciativa empresarial. El caso de Manish Kumar, Dharma Priya, Chan Ka Yee o Adhi Kari no es solo una historia sobre visados. Esta tensión es especialmente visible porque el gobierno japonés mantiene simultáneamente programas para atraer profesionales altamente cualificados, investigadores e ingenieros extranjeros en sectores estratégicos, mientras endurece algunos de los principales canales utilizados tradicionalmente por los pequeños emprendedores para establecerse en el país.

El debate que se abre va más allá de los visados. En juego hay una cuestión mucho más amplia: si Japón seguirá siendo percibido como uno de los entornos más previsibles para hacer negocios en Asia o si, por el contrario, la búsqueda de un mayor control acabará erosionando precisamente aquello que durante décadas ha atraído a inversores de todo el mundo: la confianza en que las reglas del juego no cambian a mitad de partido.