Han sido 25 años de negociaciones. Con muchos obstáculos, pero la Unión Europea y el bloque formado por los cuatro países del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) han firmado el mayor acuerdo comercial de la historia de los 27. Hay opiniones a favor y en contra de un pacto que ha sido polémico desde que se empezó a discutir.
Con la firma del acuerdo, la Unión Europea y el Mercosur formarán el bloque comercial más grande del mundo con 270 millones de consumidores, con la eliminación de más del 90% de todos los aranceles (entre ellos, los coches europeos, actualmente del 35%, o el vino, del 27%), con un intercambio comercial que representará un total del 20% del PIB mundial. La Comisión Europea defiende los beneficios del pacto: los exportadores europeos podrán ahorrar 4.000 millones de euros en aranceles, las empresas europeas podrán acceder a contratos públicos en las mismas condiciones de igualdad que las compañías del bloque americano y tendrán acceso a materias primas, entre ellas minerales.
Precisamente, el sector del automóvil es uno de los principales que se frota las manos con el acuerdo. El bloque de Mercosur, a diferencia del europeo, está en crecimiento y vende más coches de los que produce. Aquí es donde el 27 tiene la vista puesta: especialmente en Brasil, el mayor mercado del bloque de Mercosur. También es especialmente importante para el sector europeo, para posicionarse frente al automóvil eléctrico chino —hormonado en subvenciones que la Unión Europea considera ayudas ilegales—.
En cuanto a materias primas, el pacto también es especialmente importante para la Unión Europea, para acceder a minerales como el litio, esencial para las baterías de los teléfonos móviles, ordenadores y, sobre todo, los sistemas de los vehículos eléctricos e híbridos. La Unión Europea intenta alejarse de su dependencia de China y ve en el acuerdo con Mercosur una oportunidad.
La Unión Europea intenta alejarse de su dependencia de China y ve en el acuerdo con Mercosur una oportunidad
Argentina tiene una de las mayores reservas de litio de América Latina (un 24% del total), y junto con Chile (con quien la UE ya tiene un acuerdo, que entró en vigor hace un año) pueden convertirse en proveedores importantes para los 27. También, de nuevo, es otra forma de plantarse frente a China, muy presente en la región también en la explotación de minerales, y que ha hecho importantes inversiones que superan los 5.000 millones de dólares.
El acuerdo, sin embargo, también ha tenido importantes detractores. El sector de la agricultura es el que más ruido ha hecho, por sus temores a las consecuencias que puede tener el pacto. El sector hace años que advierte de los efectos nocivos que puede tener el pacto y preocupa el impacto de la llegada de productos agrícolas de estos países: con más oferta se puede producir una bajada de precios. Una cuestión que preocupa al sector agroalimentario es que los nuevos productos que entren en la Unión Europea no cumplan los mismos estándares. Aun así, desde que se llegó a un principio de acuerdo en 2019, siempre se ha subrayado la inclusión de las conocidas como cláusulas espejo: los productos que se quieran vender en el mercado europeo deben cumplir los mismos requisitos de seguridad.

También, desde que se firmó el acuerdo, la Unión Europea presionó para que los productos sensibles como la carne de vacuno, el ave y el azúcar tuvieran un acceso limitado al mercado europeo, con cuotas estrictas. Con todo, con el objetivo de convencer a los países más reticentes, especialmente Francia, pero también Polonia, Irlanda y Austria, se añadieron nuevas salvaguardias.
En los nuevos presupuestos europeos, se ha propuesto la creación de un fondo de 6.300 millones de euros para el sector de la agricultura
Se aprobó un instrumento legal nuevo, que nunca se ha aplicado en ningún otro acuerdo, en el que la Comisión Europea se compromete a vigilar de cerca la evolución de los mercados. En caso de una bajada pronunciada de los precios de forma sostenida en productos sensibles o si hay una gran llegada de estos productos al mercado europeo, la Unión Europea podrá suspender los beneficios arancelarios. Además, en los nuevos presupuestos europeos, se ha propuesto la creación de un fondo de 6.300 millones de euros para el sector de la agricultura.
Bruselas confía en que el impulso que se puede ver en la exportación de diversos productos agrícolas (que actualmente representan un valor de 3.300 millones de euros) puede significar un cambio, especialmente en los quesos, aceite de oliva, vinos y bebidas espirituosas. Productos que, actualmente, están sujetos a aranceles de aproximadamente el 15% por parte de Estados Unidos, así que la esperanza es que este pacto se pueda abrir al bloque del Mercosur ahora que tiene cerrado el norteamericano.
Si se analizan los datos sobre el beneficio del pacto, si bien podrán aumentar las exportaciones para la Unión Europea, no tendrán el mismo impacto para todos los países. Y, en general, será modesto. Según cálculos de la Comisión Europea, se prevé un aumento del 0,1% del PIB europeo de aquí a 2032 a escala comercial. Países como España e Italia (con fuertes exportaciones de productos agrícolas, como el aceite, quesos y vinos) tendrán incrementos mayores. Para los países del Mercosur, el acuerdo puede significar un aumento del 0,3% de su PIB en el mismo período.
Según cálculos de la Comisión Europea, se prevé un aumento del 0,1% del PIB europeo de aquí a 2032 a escala comercial
Pero el acuerdo también va más allá del aspecto puramente económico. El mundo de 2019, cuando se cerraron las negociaciones, es muy diferente al de 2026. Con un Donald Trump desbocado, que apuesta directamente por la destrucción de la Unión Europea, tal como defiende su documento de estrategia de seguridad nacional. Europa ahora necesita más aliados que nunca y este acuerdo se ve como la oportunidad también de advertir a Trump de que el bloque hará negocios y cooperará con quien quiera, aunque Washington considere América Latina su patio trasero.