Los centros tecnológicos se están dibujando como una pieza clave del sistema de innovación, en un momento en que España y Catalunya buscan ganar peso industrial, mejorar la soberanía tecnológica y acelerar la transferencia de conocimiento. Así lo explica el director general del centro tecnológico Eurecat, Xavier López, en esta entrevista, en la que destaca que el trabajo de los centros tecnológicos “se desarrolla en el lugar donde la ciencia, la tecnología y las necesidades de las empresas se encuentran para generar nuevos productos, procesos más eficientes, inversión privada y empleo cualificado”.
¿Cuál es el papel de los centros tecnológicos desde el punto de vista tecnológico y empresarial?
Los centros tecnológicos no son simples intermediarios entre la investigación y la empresa. Son infraestructuras estratégicas que ayudan a que la innovación llegue al tejido productivo, especialmente a las pymes y a las empresas industriales. Su valor está en una combinación difícil de replicar, que aglutina capacidades científicas, conocimiento tecnológico, laboratorios, experiencia sectorial y proximidad real a las necesidades empresariales.
Su singularidad se asienta en su orientación práctica, pues generan conocimiento, pero no se quedan ahí, sino que lo llevan a plantas piloto, prototipos, ensayos, certificaciones, proyectos colaborativos, contratos de I+D y servicios avanzados para empresas. Allí donde una idea necesita convertirse en una solución aplicable, los centros tecnológicos actúan como laboratorio, planta piloto y aliado experto. Además, este enfoque al mercado no rebaja su exigencia, sino que, al contrario, la eleva y la orienta.
"Allí donde una idea necesita convertirse en una solución aplicable, los centros tecnológicos actúan como laboratorio, planta piloto y aliado experto"
¿De qué manera genera impacto un centro tecnológico como Eurecat?
Transferir tecnología requiere talento especializado, infraestructuras actualizadas, conocimiento propio y una relación estrecha con las empresas. Por eso, los centros tecnológicos españoles operan de forma comparable a las RTO (Research and Technology Organizations) europeas más relevantes, conectando conocimiento, capacidades e infraestructuras para producir innovación con impacto económico y social, industrial y territorial. Eurecat ha cerrado su último ejercicio con 74 millones de euros de ingresos, completando un ciclo de más de diez años de crecimiento continuado desde su creación. Durante este periodo, hemos duplicado nuestros ingresos y hemos generado un impacto positivo superior a los 1.250 millones de euros en la facturación de empresas y entidades catalanas, con especial atención a las pymes.
¿Cómo se mide este impacto de los centros tecnológicos en el tejido empresarial e industrial?
La Federación Española de Centros Tecnológicos (Fedit) ha elaborado un informe que permite medir este impacto. Sumando el efecto de sus gastos de funcionamiento y el aumento de ventas que las empresas atribuyen a su colaboración con los centros, la contribución total alcanza los 7.560 millones de euros de renta aportada al PIB, 123.981 empleos equivalentes a tiempo completo y 3.894,2 millones de euros de ingresos públicos. El multiplicador es significativo, dado que, por cada euro que cuesta la red Fedit, se generan 11,6 euros de renta y, por cada millón de euros de gasto de funcionamiento, se crean o mantienen 191 empleos.
¿Cómo se benefician las pymes de trabajar junto a un centro tecnológico?
Las compañías que innovan con los centros tecnológicos muestran niveles elevados de satisfacción y destacan el cumplimiento de objetivos, la calidad de la relación profesional, la confianza generada y la complementariedad de conocimientos y recursos. Los efectos más visibles se traducen en más capacidad de I+D+I, redes de colaboración más amplias y una mejora de la competitividad. Para las pymes, esta función resulta crucial, pues muchas no cuentan con equipos de investigación, laboratorios propios o especialistas suficientes para afrontar procesos de innovación complejos. Los centros tecnológicos reducen esa distancia y permiten acceder a capacidades avanzadas, compartir riesgos, cooperar con otros agentes y convertir una necesidad de mercado en un proyecto tecnológico viable.
¿Qué enfoque sería necesario para seguir apoyando el impacto de los centros tecnológicos?
España necesita una política de desarrollo de capacidades tecnológicas que complemente la financiación por proyectos y que multiplique el retorno de la inversión realizada en capacidades e infraestructuras científicas. Los proyectos son necesarios, pero acotados en el tiempo. En cambio, el talento, los laboratorios, las plataformas, el conocimiento acumulado, las redes empresariales y las metodologías de transferencia requieren continuidad. Si la innovación debe llegar a más empresas, en especial a las pymes industriales, los centros tecnológicos necesitan una base estable para anticipar retos, invertir antes de que exista una demanda consolidada y responder con rapidez cuando surgen oportunidades estratégicas.
"España necesita una política de desarrollo de capacidades tecnológicas que complemente la financiación por proyectos"
La financiación de capacidades tecnológicas no debería leerse como un coste presupuestario, sino como una inversión con retorno económico, social, industrial y fiscal. En un país que quiere aumentar su intensidad tecnológica, reforzar cadenas de valor y autonomía estratégica y, en definitiva, mejorar la competitividad de sus empresas, pocos instrumentos muestran una conexión tan directa entre apoyo público, transferencia e impacto empresarial como los centros tecnológicos.
Ante este diagnóstico, ¿cuál es el apoyo a los centros tecnológicos?
La fotografía del sistema revela debilidades, pues el respaldo a los centros tecnológicos no es homogéneo en todo el territorio. Algunas comunidades autónomas cuentan con financiación basal ligada a indicadores y resultados; otras apoyan planes de actuación o proyectos concretos, y algunas dependen casi exclusivamente de convocatorias competitivas o ayudas puntuales para equipamiento. La diversidad autonómica explica parte de esta realidad, pero sus efectos pueden ser importantes, puesto que las empresas, especialmente las pymes, no acceden a las mismas capacidades tecnológicas según el lugar donde operan.
Es evidente que, cuando la financiación estructural es insuficiente o inestable, resulta más difícil sostener laboratorios, atraer y retener talento, invertir en nuevas plataformas tecnológicas o desarrollar líneas de conocimiento a medio plazo. La transferencia no se improvisa, depende de capacidades e inversión acumuladas, por lo que, sin una base estable, el riesgo es financiar proyectos sin cubrir suficientemente aquello que los hará posibles y eficientes. Por ello, la pregunta de fondo no debería ser si los centros tecnológicos han de recibir apoyo público, sino qué tipo de apoyo maximiza su impacto.
"La pregunta de fondo no debería ser si los centros tecnológicos han de recibir apoyo público, sino qué tipo de apoyo maximiza su impacto"
¿Qué tipo de políticas serían clave para fortalecer las infraestructuras y capacidades tecnológicas?
Los grandes referentes europeos muestran que la financiación basal o institucional de las RTO suele situarse entre el 20% y el 40% de sus ingresos, vinculada a misiones, desempeño y resultados y con una característica fundamental, la plurianualidad. No se trata de financiar estructuras sin exigencia, sino de dar estabilidad a capacidades estratégicas evaluadas con criterios claros: impacto en empresas, fondos competitivos, colaboración europea, transferencia efectiva, empleo cualificado y contribución a prioridades tecnológicas de país.
¿De qué manera deberían contribuir las administraciones para ayudar a ampliar las capacidades tecnológicas a disposición de las empresas y lograr una dinámica ascendente?
La financiación pública tiene un efecto directo en la capacidad de los centros tecnológicos para crecer, atraer fondos competitivos, transferir conocimiento y movilizar inversión privada. Entre 2017 y 2023, su gasto en I+D+I creció con fuerza. En 2023, los contratos de proyectos y servicios de I+D+I firmados con empresas alcanzaron los 457,8 millones de euros, prácticamente el doble que en 2019. De acuerdo con el análisis del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades realizado a partir de datos del Sistema de Innovación sobre Ciencia, Tecnología e Innovación (SICTI) y del INE, uno de cada ocho euros del retorno español del programa Horizon Europe procede de los centros tecnológicos. En solo tres años, han duplicado el retorno obtenido durante los tres primeros años del programa Horizonte 2020. El dato no solo habla de captación de fondos, sino que muestra la competitividad internacional de la I+D que realizan y su capacidad para conectar a las empresas españolas con redes internacionales, consorcios europeos y agendas tecnológicas estratégicas.
El mapa de instrumentos de transferencia y valorización elaborado por el Ministerio aporta, además, una visión de conjunto de las políticas públicas estatales y autonómicas. Su utilidad no está solo en ordenar programas, sino en mostrar complementariedades, diferencias y posibles vacíos. La transferencia necesita instrumentos diversos que abarquen proyectos colaborativos, pruebas de concepto, valorización de resultados, infraestructuras tecnológicas, apoyo a la propiedad intelectual, financiación de capacidades y mecanismos de cooperación entre empresas, centros, universidades y administraciones.
En un contexto tan complejo como el actual, ¿qué papel seguirán jugando los centros tecnológicos para que las empresas innoven de manera sostenida y avancen en eficiencia y competitividad?
Los centros tecnológicos son una pieza esencial de la competitividad española porque ocupan un espacio que ninguna otra institución cubre con la misma intensidad: convertir conocimiento en innovación empresarial. Aunque se ha ido avanzando y es destacable el esfuerzo realizado por diferentes estamentos públicos estatales y autonómicos, el reto, ahora, es pasar de la evidencia y acciones puntuales a las decisiones e instrumentos estables y sistémicos.
"Invertir en centros tecnológicos es invertir en la capacidad del país para transformar conocimiento en prosperidad compartida"
España dispone de una red de centros tecnológicos con capacidad demostrada, cercanía a las empresas y reconocimiento europeo. Este es un activo distintivo de nuestro sistema de I+D+I. Para aprovecharlo plenamente, es importante consolidar instrumentos de financiación estables, evaluables y orientados a impacto; reducir desequilibrios territoriales; reforzar la colaboración con empresas, universidades y organismos públicos; y situar la transferencia tecnológica en el centro de la política industrial y de innovación. En plena transición digital, energética e industrial, invertir en centros tecnológicos es invertir en la capacidad del país para transformar conocimiento en prosperidad compartida.
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