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Aneto, cuna del caldo natural del Bages que fascina los Estados Unidos

La compañía de Artés con raíces charcuteras produce los caldos “en tres turnos” con seis ollas de hasta 3.000 litros de capacidad

Los característicos briks de caldo natural Aneto | Cedida
Los característicos briks de caldo natural Aneto | Cedida
Natàlia Bosch | VIA Empresa
Periodista
08 de Agosto de 2026 - 04:55

En la mesa de Joaquim Jiménez nunca puede faltar un tetrabrik de caldo natural Aneto. El estampado de cuadros vichy, que recuerda los manteles tradicionales con el amarillo como color principal, lo acompaña desde el año 2003, cuando se incorporó a la dirección de ventas de la empresa. De esto ya hace más de veinte años, y su posición como actual director general es la crónica de la transformación de una compañía que estuvo en peligro de extinción y que hoy cuece catorce millones de litros de caldo al año. Fundada en 1965 y establecida en Artés en 1974, la firma tiene raíces en el sector de la charcutería y la elaboración de jamones curados. “El negocio del jamón era complicado y tenía poca rentabilidad”, relata Jiménez a VIA Empresa. Entre los años 2001 y 2002, la empresa tocó fondo: “Estuvimos casi a punto de cerrar”, recuerda.

 

Con una olla de 200 litros y la intuición de que podían “hacer algo diferente”, decidieron aprovechar los huesos de jamón que acumulaban en la fábrica. Sin polvos, sin concentrados y sin aditivos, solo huesos y verduras frescas. Con los años, Aneto abandonó el jamón curado para centrarse en el chup-chup de sus caldos caseros. “Era un producto mucho más moderno, con mucha más demanda, y eso es lo que salvó la empresa”, reconoce Jiménez. La propuesta de Aneto radica en “hacer caldo como lo haría una madre o una abuela, pero en ollas de 3.000 litros”. En un sector dominado por los “cubitos, las verduras deshidratadas y el pollo en polvo”, la firma de la comarca del Bages ha optado por replicar la cocina doméstica a escala industrial. “La receta no tiene ningún secreto. El secreto es que somos de los únicos que todavía lo hacemos así”, destaca Jiménez.

Aneto abandonó el jamón curado para centrarse en el chup-chup de sus caldos caseros: “Era un producto mucho más moderno, con mucha demanda, y eso es lo que salvó la empresa”

Esta manera de hacer, sin embargo, tiene una dificultad añadida: “La industria de maquinaria alimentaria está pensada para mezclar polvitos con agua”, explica Jiménez. “Por eso en Aneto tuvimos que diseñar las nuestras propias: seis ollas exprés hechas a medida, que trabajan en tres turnos cada día, de lunes a viernes cinco días a la semana”, asegura el directivo.

 

El origen de la actual estructura de Aneto se remonta a 1990, cuando el grupo Nutrexpa adquirió la fábrica después de que los hijos del antiguo propietario decidieran no continuar con el negocio familiar. Años más tarde, en 2015, Nutrexpa se escindió en dos grandes grupos alimentarios: Idilia Foods -propietaria de marcas como Cola Cao o Nocilla- y Adam Foods. Esta última es de la familia Ventura e integra firmas como Cuétara, Artiach, La Piara o la misma Aneto. Dentro del grupo, la actividad se organiza alrededor de tres direcciones generales diferenciadas: galletas, alimentos y caldos y sopas.

Según Jiménez, este reparto permite a la empresa operar con un nivel de autonomía muy elevado que se ha mantenido intacto desde los tiempos de Nutrexpa: “¿Por qué tocar aquello que ya funciona? Es lo que se dice habitualmente”, subraya el empresario. Esta filosofía de gestión, basada en la confianza de la matriz y en la máxima de no alterar los modelos de negocio que dan buenos resultados, ha sido clave también para observar los nuevos hábitos de consumo. 

Entre el precio y la exigencia: dos perfiles de consumidor

Una de las ollas de gran capacidad para cocer el caldo de Aneto| Cedida
Una de las ollas de gran capacidad para cocer el caldo de Aneto| Cedida

Precisamente de estos hábitos, Jiménez hace una clara distinción. Por un lado, “el consumidor que solo busca precio y que no quiere perder tiempo a la hora de elegir el producto”. Por otro, “el consumidor exigente, que quiere saber qué come, que mira las etiquetas y que busca un sabor identificable hecho con ingredientes reconocibles”. Aneto se dirige a este segundo grupo, “el que quiere caldo de verdad”. La planta funciona con una plantilla de un centenar de personas, reforzada con trabajadores temporales en otoño y en invierno. El caldo de Navidad, por ejemplo, empieza a prepararse en abril, cuando asan las carnes que luego congelan para cocinarlas a partir del mes de agosto.

Hoy, la compañía registra 30 millones de euros de facturación y afronta tres grandes retos: la “dificultad de captar talento joven y perfiles técnicos en un entorno rural, la gestión consciente y rigurosa del agua en una comarca donde no sobra, y la resistencia ante el auge de la marca blanca”. “Nos preocupan mucho, sobre todo el agua. Si tuviéramos la fábrica al lado de un gran río, probablemente no sería un problema”, lamenta Jiménez. 

Hoy, la compañía registra 30 millones de euros de facturación y afronta tres grandes retos: la dificultad de captar talento joven, la gestión del agua y el auge de la marca blanca 

De preocupaciones, sin embargo, Aneto ha superado otras más grandes. La pandemia de la covid-19 fue un momento muy duro para la compañía. Aunque Jiménez afirma que el consumo en supermercados creció un 25%, mantener la fábrica abierta en plena incertidumbre fue una auténtica prueba de fuego. “Había 82 familias en plantilla que habían vivido el momento en que la empresa estuvo a punto de bajar la persiana. Este recuerdo les generó un compromiso muy bestia”, reconoce el directivo. 

El gusto mediterráneo de Aneto cruza fronteras

Procés de selecció i preparació de les verdures fresques d'Aneto | Cedida
Proceso de selección y preparación de las verduras frescas de Aneto | Cedida

El mercado estrella de Aneto se encuentra en los Estados Unidos. En 2024 abrieron la filial Aneto Natural USA, con equipos de venta subcontratados por regiones, y hoy ya están presentes en 3.000 tiendas premium. En cambio, países como Japón no han sentido atraído su paladar por los caldos de la empresa. “No funcionó, a los japoneses no les acaban de gustar nuestros caldos, nos pedían que los cambiáramos. Es cierto, sin embargo, que el hábito de sopas en Japón pasa mucho por el ramen, muy diferente de lo que hacemos nosotros”, comenta Jiménez. A escala europea, Holanda, el Reino Unido y Alemania encabezan las ventas de Aneto.

Pero tanto si se vende en Nueva York como en Ámsterdam, la marca mantiene intacto su sello de origen. El nombre de Aneto rinde homenaje al pico más alto de los Pirineos, una montaña que el fundador amaba profundamente y que simboliza pureza, fuerza y naturalidad. Más de medio siglo después, la compañía no tiene ninguna intención de tocar esta esencia: “Nunca nos hemos planteado cambiarlo”, apunta Jiménez. 

Zanahorias imperfectas y segundas oportunidades

La Cooperativa Mans dona feina a joves en risc d’exclusió social a través de l’agricultura ecològica | Cedida
La Cooperativa Mans da trabajo a jóvenes en riesgo de exclusión social a través de la agricultura ecológica | Cedida

El aprecio por la tierra y la naturalidad se traduce también en una apuesta firme por la sostenibilidad y el impacto social. Una de las alianzas más especiales de Aneto es con la Cooperativa Mans, establecida en Món Sant Benet, que da trabajo a jóvenes en riesgo de exclusión social a través de la agricultura ecológica. La firma les garantiza la compra de una parte importante de la cosecha, incluidas aquellas piezas que el mercado tradicional descarta por estética. “En el supermercado las zanahorias suelen ser todas del mismo tamaño, pero nosotros no las descartamos porque sean imperfectas”, sentencia el directivo.

Este compromiso va más allá de la compra puntual: cuando Aneto proyecta un nuevo lanzamiento, como su crema de calabaza, avisa a la cooperativa con tiempo para que puedan planificar la siembra con la seguridad de tener la venta asegurada. La cooperativa acoge a los jóvenes un máximo de dos años para ofrecerles disciplina y hábitos de trabajo antes de dar el salto al mercado laboral. Al mismo tiempo, Aneto abre las puertas de par en par a quienes quieren continuar su camino en la fábrica. Hoy, dos de esos jóvenes ya operan las ollas y las líneas de envasado de la compañía. “No tiene nada que ver con obtener beneficios inmediatos, pero es una de esas cosas que te hacen sentir especialmente orgulloso”, concluye Jiménez.

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