Historia de Catalunya. Hay muchas maneras de describirla: a través de sus libros, sus monumentos o sus tradiciones. Pero la identidad también se lee en los pequeños detalles cotidianos, en las costumbres y en aquellos sabores inseparables de la memoria que han acompañado y aún acompañan a generaciones enteras. Uno de estos es Aromes de Montserrat, el destilado con dos siglos de vida elaborado a partir de agua, azúcar, alcohol y doce hierbas aromáticas de la montaña, entre las que destacan el tomillo, el enebro o la lavanda. Lo que pocos podían imaginar, sin embargo, es que este trozo de ADN catalán ha estado a punto de desaparecer para siempre de nuestras mesas.
La señal de alarma sonó en el año 2021. El cierre de la embotelladora de Anís del Mono en Badalona y el posterior traslado a Puerto de Santa María, en la provincia de Cádiz, dejaron en el aire el destino y la producción de este licor. “Vimos que moría”, señala a VIA Empresa Tamara Guillén, propietaria, abogada y experta en negociación estratégica. Y hace el recordatorio en plural porque no está sola en esta aventura: la lidera de la mano con su padre, Antonio Guillén, exdirector de producción de Osborne -la compañía que gestionaba, precisamente, Anís del Mono- y con una trayectoria de 50 años en el sector vitivinícola. “La historia dice que el cocinero de la Abadía de Montserrat creó esta receta precisamente para consumo propio, para la repostería de los propios monjes", relata Guillén.
El cierre de la embotelladora de Anís del Mono en Badalona y el traslado a Puerto de Santa María, dejaron en el aire el destino y la producción de Aromes de Montserrat
“Hablamos de una marca con un primer registro de 1914, pero que ya se consumía en el siglo XIX. Nos sabía muy mal que se perdiera una historia tan vinculada a La Moreneta", lamenta. Su idea inicial era, de hecho, hacer de puente entre los monjes de Montserrat -principales distribuidores de los Aromes- y un gran cliente del sector vitivinícola para salvar el producto. "Hacer negocios con los monjes es muy diferente del resto del mundo; ellos deciden pensando en la comunidad y en el impacto que esto tendrá en un futuro", explica Guillén. "Ya les puede venir el CEO de Coca-Cola, que si no les convence, le dirán que no. En cambio, venimos mi padre y yo y, vete a saber por qué, les generamos confianza y aceptan".
Ante la propuesta de los monjes de asumir padre e hija la producción, y con Antonio recién jubilado, la decisión transitó de la razón al corazón: "Si no continuábamos nosotros, ¿quién lo hubiera hecho? Montar una destilería desde cero ya nos pareció una odisea, pero hacerlo en una nave industrial gris de un polígono cualquiera habría sido demasiado frío para un proyecto que nace de la identidad”, admite Guillén. "Así que, ¿por qué no complicarte la vida pudiendo hacerlo?", bromea. La familia decidió que el continente debía estar a la altura del contenido y apostó por la reindustrialización de una fábrica con 120 años de historia en Sant Quintí de Mediona, en el Alt Penedès, totalmente en desuso.
Una fábrica "pequeña y honesta" que elabora hasta 40.000 litros al año

El reto, sin embargo, era mayúsculo, y ha requerido una inversión inicial hecha con fondos propios. Al mismo tiempo, la transformación del espacio ha sido un ejercicio de respeto casi arqueológico. Mediante la rehabilitación de la estructura, se ha mantenido la esencia original con la colocación de unos alambiques de cobre -que también se remontan al siglo XIX- sobre una pared de piedra recuperada de la época. "Es una fábrica pequeña, familiar y honesta, de unos 750 metros cuadrados", describe Guillén. Mientras se llevaba a cabo el proceso de construcción, era necesario garantizar que el consumidor habitual de este producto no perdiera meses sin suministro.
Actualmente, la destilería de Sant Quintí de Mediona se encuentra en pleno año de arranque, y elabora entre 35.000 y 40.000 litros anuales
Después de la parada de máquinas de Anís del Mono en Badalona, los Guillén empezaron a comercializar la sobreproducción de la firma, el exceso. Gracias a este colchón, durante todo el 2025 y principios del 2026 se ha vendido un stock de transición hasta que se ha podido reanudar la producción desde Sant Quintí de Mediona. Actualmente, la destilería se encuentra en pleno año de arranque, y elabora entre 35.000 y 40.000 litros anuales.
Aunque Aromes de Montserrat ya da nombre a la marca y la hace reconocible, la familia Guillén produce cinco licores diferentes que mantienen viva la tradición catalana: el Gran Aromas -que envejece en barricas de roble de más de 70 años y se elabora con hierbas exclusivas de la montaña de Montserrat-, la Ratafia de nueces verdes, la Crema Catalana, el Licor de Avellanas y el de Hierbas Autóctonas.
De todos ellos, la receta es un secreto bien guardado entre los monjes y la familia, “y así será por mucho tiempo más”. En paralelo, Guillén pone la mirada en el anís. “Con el traslado de Anís del Mono a Andalucía, Catalunya se ha quedado sin un anís propio de gran producción. Nos haría mucha ilusión desarrollar la receta de un anís de mucha calidad hecho aquí para volver a traer la tradición a casa", avanza la abogada.
Un 80% de la producción para tiendas de la Abadía y "un trocito" de licor en el Vaticano

De momento, la demanda va más rápida que las manos de las cinco personas que trabajan en la fábrica, salvo picos de trabajo en los que se contratan refuerzos puntuales a la plantilla. El principal cliente son los mismos monjes, que absorben el 80% de la producción para las tiendas de la Abadía, la cual recibe millones de visitantes anuales. De hecho, la atracción internacional de la marca vivió un momento álgido durante la reciente visita del papa León XIV a Montserrat: "Nos hicieron un pedido de ocho palets de producto. El pontífice comió con la comunidad y nos consta que se consumieron nuestros licores y que se llevó un trocito de nosotros al Vaticano", destaca Guillén.
La atracción internacional de Aromes de Montserrat vivió un momento álgido durante la visita del papa León XIV: “Nos hicieron un pedido de ocho palets de producto”
Este reclamo global también es el que ha conducido a la empresa a diseñar un ambicioso plan de expansión hacia el Estado, Europa y, sobre todo, hacia el mercado asiático, con el ojo puesto en China de cara al 2027. "Allí valoran mucho los elementos milenarios como Montserrat. Les gusta mucho el licor y el dulce, y nosotros tenemos el licor de crema catalana, el típico. Por mi profesión tengo muchos clientes y amistades chinas, y hemos hecho prospecciones enviándoles botellas de regalo. Ha encantado muchísimo", detalla con optimismo. Coincide, además, que en 2025 se celebró el milenario de la Abadía, una efeméride de peso si se tiene en cuenta que “no hay tantas congregaciones en el mundo con mil años documentados de historia".
El valor de la sobremesa y el liderazgo femenino

Más allá de la estrategia comercial, el proyecto también destaca por su modelo de gestión: "Cuando entré en este sector, me sorprendió muchísimo ver que está bastante masculinizado", reflexiona Guillén. “Si bien en el mundo del vino la presencia femenina en la dirección bordea el 25% o 30%, en nuestro sector las mujeres propietarias representamos un 3%. Soy de las poquísimas que hay, si no la única ahora mismo", lamenta.
Lejos de convertirse en una barrera, esta anomalía se ha convertido en una reivindicación personal para la abogada. "Soy mujer, soy propietaria, y estoy recuperando un legado que se perdía. Pienso que si yo puedo, podemos todas". Sin embargo, rehúye el victimismo y habla a favor de sus compañeros de profesión: "Al contrario de lo que se pueda pensar, me he encontrado mucha ayuda y muchos brazos extendidos. Es un sector duro y exigente, pero muy bonito". Una visión de liderazgo femenino que aporta aire fresco a una marca centenaria y que, como bien resume ella misma entre risas con un conocido dicho popular: "Ojo de loca no se equivoca”.
Guillén: "No vendemos un licor para emborracharte en la barra de una discoteca; vendemos un momento para compartir en familia, para escuchar a tu abuelo mientras te cuenta qué hacía cuando iba a Montserrat"
Con esta misma claridad, Guillén tiene definido el rumbo y el propósito de su “bebé”, tal como se refiere a él. Para la propietaria, el proyecto no consiste en zambullirse en el sector del alcoholismo, sino en enaltecer el valor de la sobremesa: "No vendemos un licor para emborracharte en la barra de una discoteca; vendemos un momento para compartir en familia, para escuchar a tu abuelo mientras te cuenta qué hacía cuando iba a Montserrat". Una filosofía que choca con los conceptos modernos: "Esto no es una skill de gestión intergeneracional, que dicen ahora, es nuestro ADN", concluye. El resultado es una conexión entre pasado, presente y futuro que, gracias a esta reindustrialización familiar, ya no está en peligro de extinción.
Añadir VIA Empresa como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad