Jordi Pujol i Soley tiene algunos defectos, como todo el mundo, y algunas virtudes entre las cuales nunca se ha contado la de conducir un coche con suficientes garantías de seguridad. Hay un amigo mío, pujolista de piedra picada de toda la vida, que todavía recuerda con terror el viaje que hizo a Montserrat como copiloto del president en ocasión de un homenaje al abad Escarré y la promesa solemne que se hizo a sí mismo, en la cumbre de la montaña sagrada, de no volver a repetir jamás la experiencia.
Otros amigos cercanos a Pujol lo recuerdan tomando notas en un folio plegado en cuatro trozos y apoyado sobre el volante de su 2CV, mientras conducía y charlaba animadamente de otra cosa. Pujol es, pues, de esas personas capaces de hacer tres cosas a la vez, pero, ya se sabe, hacerlas todas bien es algo difícil, tirando a imposible.
Afortunadamente, alguien lo convenció de dejarse llevar, al menos, en coche, a todas partes. Y aquí es donde empieza de verdad la carrera meteórica de Carles Vilarrubí, un seductor recién fallecido, que ha vivido toda su vida entre políticos y empresarios y a quien, en cierta manera, la familia y la historia deben la vida del presidente más duradero y probablemente, decisivo, del país. Pujol, dicen los conocedores de sus limitaciones, habría acabado teniendo un accidente.
Vilarrubí, en cambio, era un hombre prudente. Como Miquel Esquirol, con quien alternaba la conducción del Seat 124 de color azul turquesa que había sustituido al 2CV en sus viajes por toda Cataluña. Esquirol, de la misma edad que Pujol, acabó presidiendo la Quinta de Salut l’Aliança y me pronosticó que el día que Pujol desapareciera de la escena política, Convergència Democràtica de Catalunya también desaparecería.
Sin aquellas largas conversaciones al volante de aquel utilitario, la carrera de Vilarrubí habría sido más tardía y probablemente más difícil
Por su parte, Vilarrubí se había hecho amigo de Jordi Pujol Ferrusola cuando ambos militaban en la Joventut Nacionalista de Catalunya, donde inició su extraordinaria carrera, primero política y después empresarial. Una carrera que sin aquellas largas conversaciones al volante de aquel utilitario habría sido más tardía y probablemente más difícil.
Apreciado y maternalmente querido por Marta Ferrusola, y buen aficionado al deporte, también conducía el coche en el que acompañaba al hijo mayor de can Pujol Ferrusola a jugar a rugby.
Información de primera mano al volante de un coche
Estas dos actividades favorecieron sin duda los vínculos de amistad con la familia y propiciaron unos canales de información extraordinariamente valiosos para aquel joven, hijo de un ingeniero industrial que llegó a ser consejero delegado de la multinacional alemana AEG.
Un chico, pues, de perfil familiar y personal muy diferente del de un “chófer” profesional que muchos utilizan para caracterizar sus inicios, vete a saber con qué intenciones ocultas.
Lo cierto es que al cabo de los años, Vilarrubí se enfrentaba ahora a una acusación de la Audiencia Nacional por blanqueo de dinero y falsificación de documento mercantil por pagos a dos empresas de su amigo Jordi Pujol Ferrusola, tres años más joven que él.
Vilarrubí puso en marcha 'Catalunya Ràdio', dirigió la Entidad Autónoma de Loterías y Apuestas de la Generalitat y fue consejero delegado de Port Aventura y de La Seda de Barcelona
Peccata minuta, a juicio de algunos observadores fascinados sin duda por el aura seductora del personaje, un hombre amante del riesgo (controlado) que de joven había jugado al hockey hierba en el Atlètic Terrassa Hockey Club y al hockey sobre hielo en el Futbol Club Barcelona hasta que las lesiones se lo permitieron.
Retirado, pues, del deporte activo, y convertido en hombre de confianza del presidente Pujol al margen de otros círculos de influencia, Vilarrubí puso en marcha Catalunya Ràdio y fue su secretario general y director adjunto entre 1983 y 1986, antes de ser nombrado director general de la Entidad Autónoma de Loterías y Apuestas de la Generalidad de Cataluña, consejero delegado de Port Aventura y consejero delegado de la Seda de Barcelona.
De todas estas experiencias se fueron desprendiendo por diferentes motivos, entre los cuales destaca su falta de entendimiento con el financiero Javier de la Rosa, un hombre acostumbrado a mandar demasiado y a dar pocas explicaciones en unos años en los que De la Rosa se sentía muy cerca del gobierno de la Generalitat y especialmente de su secretario general, Lluís Prenafeta. Port Aventura había pasado a ser patrimonio de Grand Tibidabo, propiedad de De la Rosa.

Fue entonces cuando regresó, por la puerta grande, al mundo de los medios de comunicación. Primero como consejero de Telefónica, donde negoció derechos de televisión, y después como consejero de la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió, antes de participar en la creación de RAC1 y la fundación de la agencia de relaciones públicas Consejeros de Comunicación, una experiencia de la cual no quedó especialmente satisfecho.
Otras dedicaciones profesionales destacables fueron la vicepresidencia de la banca Rothschild, de la que saltó debido a su identificación con el proyecto independentista de Cataluña, y la vicepresidencia del Fútbol Club Barcelona, de la que dimitió en disconformidad con la decisión del presidente Josep Maria Bartomeu de no suspender el partido contra Las Palmas, jugado a puerta cerrada el día 1 de octubre de 2017, en plena (y violentada) celebración del referéndum de independencia.
Dos años antes, Vilarrubí había recibido la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de manos de Artur Mas, a quien había tratado más directamente en La Seda, cuando ambos habían trabajado allí.
Casado en 1999 con Sol Daurella, presidenta de Cobega y Coca-Cola Europacific Partners, pasó a ser consejero del grupo y a dedicarse a la presidencia de la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició. Una experiencia que lo acercó al cardiólogo Valentí Fuster y a sus amigos de la Fundació She La Caixa, dedicada a promover la salud cardiovascular mediante el establecimiento de buenas prácticas alimentarias.
Sus miembros, aparte de Vilarrubí, son algunos miembros destacados de la familia Torres, vinculada al grupo hotelero Duquessa de Cardona, y el exsecretario general de la OTAN Javier Solana. Fue justamente el doctor Fuster, quien desde su posición de presidente del Mount Sinai Fuster Heart Hospital de Nueva York, lo aconsejó y acompañó a hacerse una operación a corazón abierto en Houston de la que en aquella primera ocasión salió sin problemas.
Desgraciadamente, esta vez una nueva enfermedad no le ha respetado. Descanse en paz.