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Como 1907, el "Disney del fútbol italiano" que tiene a Cesc como Mickey Mouse

El Como no aspira solo a ganar partidos: aspira a empaquetar territorio, estilo de vida, turismo, moda, contenido y fútbol dentro de una misma narrativa

Cesc Fàbregas presenta una equipación del Como 1907, equipo italiano donde se retiró como futbolista y hoy entrena | Como 1907
Cesc Fàbregas presenta una equipación del Como 1907, equipo italiano donde se retiró como futbolista y hoy entrena | Como 1907
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Periodista y CEO de Abbcast
12 de Abril de 2026 - 04:55

Hay clubs que suben de categoría y hay clubs que, cuando suben, cambian de escala. El Como 1907 pertenece a la segunda especie. Su historia de éxito (como los pódcast de VIA Empresa, que recomiendo) no se explica solo por la clasificación, ni siquiera por la presencia de Cesc Fàbregas en el banquillo. Se explica porque el Como, en muy poco tiempo, ha dejado de pensarse como un simple club de fútbol para empezar a proyectarse como un producto global con raíces locales, una rara avis en el fútbol europeo. A principios de abril de 2026, el club lombardo llega al tramo decisivo de la temporada en cuarta posición de la Serie A, con 30 partidos jugados, 16 victorias y 53 goles marcados. Es decir: ya no es solo una historia simpática, sino una estructura competitiva que está discutiendo plazas de Champions League.

 

La gracia del Como es que su singularidad no empieza con los millones asiáticos ni con los famosos en el palco. Empieza mucho antes, casi con una escena de novela. Según la historia oficial del club, el primer partido de fútbol en Como se jugó en la primavera de 1906 a orillas del lago, entre un equipo vinculado al Canottieri Lario y cuidadores y nativos americanos del circo de Buffalo Bill, que entonces estaba en la ciudad. El partido lo arbitró el mismo William Cody. Aquel episodio inspiró a un grupo de aficionados que, en mayo de 1907, fundaron el Como Football Club. Es difícil encontrar un origen más literario, más italiano y a la vez más extravagante para entender por qué este club, todavía hoy, vive entre la postal y la ficción.

El pasado verano, mientras viajaba por Italia, un taxista me habló del Como 1907 con aquella mezcla tan italiana de orgullo, memoria y estética. No me habló de ello como quien recomienda una ciudad bonita para pasar un fin de semana, sino como quien señala un lugar que forma parte de la identidad profunda del país. Lo ponía al lado de Florencia, de la Toscana, de Portofino, de la Costiera Amalfitana, de todos aquellos lugares que Italia ha convertido en una manera de mirar el mundo. Hablaba del lago, de la luz, de las villas, del proyecto vinculado al lago, de la belleza serena de un paisaje que parece pensado para recordarte que hay lugares que no solo existen: también proyectan una idea de prestigio, de gusto, de cultura.

 

Y fue en aquel trayecto, escuchándolo, que entendí que el proyecto del Como 1907 iba mucho más allá de un club de fútbol emergente con dinero, glamour y una buena historia que contar. Lo que se estaba construyendo allí no parecía solo un equipo con ambición deportiva, sino una entidad que aspiraba a convertirse en algo más profundo y menos habitual: un club con identidad cultural, con conciencia del lugar que ocupa y con la voluntad de cambiar las reglas del juego. No solo ganar partidos, sino transformarse en símbolo. No solo crecer, sino hacerlo con una idea propia, casi con una sensibilidad. Como si el Como hubiera entendido antes que muchos otros que, en el fútbol moderno, hay escudos que compiten… y otros que empiezan a explicar una época.

Cuando adquirió el Como, SENT Entertainment compra una ubicación incomparable, una marca latente y una oportunidad de negocio que muchos otros no habían sabido leer

Pero el Como no es solo una bella historia vieja. También es un club que ha conocido la decadencia con una crudeza considerable. Probó la Serie A en 2002-03 y salió rápidamente; después llegaron las caídas, los cambios de propiedad y las quiebras. La documentación oficial del club recuerda la bancarrota posterior al descenso y también el colapso de 2016, que obligó al proyecto a recomenzar desde la Serie D la temporada 2017-18. Es aquí donde el relato cambia. El 4 de abril de 2019, el club es adquirido por SENT Entertainment Ltd, la sociedad vinculada al grupo de los Hartono, los multimillonarios indonesios detrás del conglomerado Djarum. Lo que compran no es solo un equipo pequeño del fútbol italiano: compran una ubicación incomparable, una marca latente y una oportunidad de negocio que muchos otros no habían sabido leer.

Esta es la primera gran lección empresarial del Como: la propiedad no ve el club solo como un activo deportivo, sino como el centro de un ecosistema. Reuters lo explicó de manera muy clara ya en septiembre de 2024, cuando Mirwan Suwarso, ejecutivo que representa la propiedad, verbalizó la ambición real del proyecto: construir un modelo “similar al de Disney”, donde el centro del negocio no sea únicamente el equipo, sino el lago, la ciudad y la experiencia global de Como. Es una frase muy reveladora, porque separa el club de la lógica clásica del fútbol italiano. El Como no aspira solo a ganar partidos: aspira a empaquetar territorio, estilo de vida, turismo, moda, contenido y fútbol dentro de una misma narrativa.

En su web, el club no se limita a vender entradas: vende también “Visit Como”, experiencias, 'hospitality' y una idea de descubrimiento del territorio

Por eso, cuando se mira al Como, conviene no quedarse solo con la nómina de futbolistas o con los resultados del domingo. El club ha ido abriendo líneas de negocio y posicionamiento que van más allá del césped. Hoy en día, existen planes para crear paquetes de viaje destinados especialmente a mercados como Estados Unidos y el Reino Unido, con los que se aprovechan la fuerza turística del lago de Como; al mismo tiempo, el club ha impulsado colaboraciones en moda y retail, ha desarrollado una plataforma propia de vídeo y ha trabajado para convertir la jornada de partido en una experiencia más completa. Incluso, su web oficial ya no se limita a vender entradas: vende también “Visit Como”, experiencias, hospitality y una idea de descubrimiento del territorio. La camiseta con Uber en el pecho, el acuerdo con adidas, las colaboraciones con Hublot o con firmas de perfil premium son síntomas de una misma dirección: elevar el club por encima de su mercado natural y llevarlo al terreno del lifestyle.

Cesc Fàbregas, el poste del pajar

Ahora bien, todo este embalaje no serviría de nada si no hubiera un proyecto futbolístico serio detrás. Y aquí entra Cesc Fàbregas. Su fichaje en 2022 ya fue mucho más que una operación mediática. Fàbregas no solo firmaba como jugador, sino que invertía en el club y se implicaba en el proyecto a largo plazo. Poco después, Thierry Henry también entraría como accionista. Es decir: el Como no captó solo nombres, sino capitales simbólicos. Sumó credibilidad internacional, conocimiento de vestuario de élite y una capacidad de atracción que un club recién salido del subsuelo italiano no habría tenido por sí solo. El fichaje de Cesc, visto con perspectiva, no fue una extravagancia: fue una decisión estructural.

Anastasios Douvikas (Como 1907) celebra un gol ante el Pisa | Tiziano Ballabio (LiveMedia-IPA / Z / DPA / Europa Press)
Anastasios Douvikas (Como 1907) celebra un gol ante el Pisa | Tiziano Ballabio (LiveMedia-IPA / Z / DPA / Europa Press)

El paso definitivo llega en julio de 2024, cuando Fàbregas es nombrado entrenador del primer equipo después de haber ayudado al club a subir a la Serie A como asistente y técnico interino. Con él en aquel tramo de la Serie B, el Como pasó del séptimo al tercer puesto antes de acabar logrando el ascenso automático como segundo clasificado. El nombramiento de Cesc no es solo el triunfo de un exfutbolista ilustre que quiere aprender el oficio; es la consolidación de un modelo en el que la propiedad apuesta por una cara visible con prestigio global pero también con una idea de juego muy definida. Los perfiles fichados después —desde veteranos con oficio hasta talento joven y técnico— refuerzan la sensación de que el Como no improvisa.

Y eso es, probablemente, lo que más impresiona del Como cuando lo observas con ojos futboleros: no parece un equipo construido solo desde el talonario. Hay dinero, evidentemente. Y mucho. Pero también hay criterio. A principios de abril de 2026, la Lega Serie A lo sitúa cuarto, y las piezas informativas oficiales de la competición remarcan dos datos muy significativos: solo elInter de Milán ha sumado más puntos que el Como en la segunda vuelta, y el equipo de Fàbregas ha encadenado siete victorias, cuatro empates y una sola derrota en sus últimos doce partidos oficiales. Estas cifras no describen una burbuja de marketing, sino un equipo que compite de verdad, con continuidad y con una identidad ya reconocible.

El Como todavía no es autosuficiente: cerró el ejercicio 2024-25 con unas pérdidas de 105 millones de euros, unos ingresos de 55,4 millones y unos costes que ascendían hasta los 158,6 millones

La pregunta, claro, es cuánto cuesta todo esto. Y aquí el caso del Como vuelve a ser fascinante porque obliga a mirarlo como una empresa en fase de expansión agresiva. Según la documentación revisada por Calcio e Finanza, el club cerró el ejercicio 2024-25 con unas pérdidas de 105 millones de euros, unos ingresos de 55,4 millones y unos costes que ascendían hasta los 158,6 millones. El mismo medio calcula que, desde 2019 hasta los primeros meses de la temporada 2025-26, la propiedad ha inyectado cerca de 297,4 millones de euros para sostener el proyecto. Dicho de otra manera: el Como todavía no es un negocio autosuficiente, pero la propiedad asume estas pérdidas como quien financia una fase de construcción de marca, infraestructura y posicionamiento. Esto también es muy del siglo XXI: antes que rentabilidad inmediata, captura de atención y ocupación de mercado.

En paralelo, hay otro activo clave: el estadio. El Giuseppe Sinigaglia, una de las grandes postales del fútbol italiano, es también una palanca de futuro. En febrero de 2025, el club y el Ayuntamiento de Como presentaron la primera fase de la reurbanización del recinto, con Populous detrás, y con un calendario que situaba la aprobación de la viabilidad en mayo de 2026 y las fases de construcción entre octubre de 2027 y agosto de 2028. No es un detalle menor. En el fútbol actual, el estadio ya no es solo una casa donde jugar: es el corazón del modelo de negocio. Y el Como quiere que su recinto, literalmente colgado en el lago, sea un nodo permanente de consumo, experiencia e identidad urbana.

Esto es lo que hace especial al Como. No es solo que haya pasado de la Serie D a discutir la Champions en pocos años. Es que ha sabido dar una respuesta muy contemporánea a una pregunta antigua: ¿qué puede ser hoy un club de fútbol? Para algunos, solo una plantilla y un escudo. Para el Como, un club es una comunidad, una narrativa de territorio, una experiencia turística, una marca de moda, un producto audiovisual, una plataforma de negocios y, si todo sale bien, también un equipo capaz de jugar muy bien al fútbol. Esta ambición puede generar recelos, porque siempre existe el riesgo de que la estética acabe engullendo la esencia. Pero, de momento, el Como mantiene vivo el equilibrio: sigue siendo reconocible como club y, a la vez, se proyecta como una empresa cultural del fútbol.

Su objetivo futuro parece clarísimo. No se trata solo de quedarse en la Serie A, sino de instalarse entre aquellos clubes que, sin tener el tamaño histórico de los gigantes, acaban haciéndose imprescindibles en la conversación europea. Suwarso ya advirtió que la meta inmediata era salvar la categoría y continuar construyendo desde aquí, pero todo lo que ha hecho el club desde 2019 revela una ambición mucho más larga. El Como no quiere ser una simple postal de lago y glamour, ni un capricho bonito de temporada. Quiere ser un caso de escuela, una marca cultural, una experiencia reconocible. En el fondo, quiere hacer en el fútbol lo que Disney ha hecho con sus mundos: convertir un paisaje en relato, una estética en negocio y una emoción en fidelidad. Y así, mientras muchos clubes italianos todavía caminan como viejos aristócratas atrapados en sus ruinas, el Como parece haber entendido que el futuro no pertenece a quienes mejor conservan el pasado, sino a quienes se atreven a dibujar su propio reino. En el lago de Como, Mickey no ha llegado con orejas, sino con americana, PowerPoint y una pizarra táctica.