Joan Laporta ha revalidado la presidencia del Fútbol Club Barcelona. La victoria electoral es muy contundente: mejora en votos y porcentaje y amplía la diferencia en relación con las elecciones de 2021. Las campañas electorales no cambian tendencias, pero a menudo las refuerzan: posiblemente la campaña demasiado agresiva de Víctor Font explica su pérdida de apoyos, y seguramente el éxito deportivo del primer equipo y la mejora de la situación económica reforzaron la convicción de que “Laporta lo ha vuelto a hacer”: coger la presidencia en momentos muy delicados, reavivar el club, construir el nuevo Camp Nou... y también plantar cara a poderes fácticos que no quieren un Barça tan desacomplejado y exitoso.
El Golden Barça ha vuelto de la mano de Laporta y he tomado prestado el título de este artículo de un libro excelente que acaba de publicar el escritor y gestor deportivo Llorenç Bonet, que recomiendo especialmente a los aficionados al fútbol: en Golden, el futbol de la terra (editorial Fonoll), Bonet explica cómo el fútbol se juega de diferente manera en función del lugar de nacimiento (“se juega como se vive”), comentando los Mundiales que han ganado diferentes países con diferentes estilos de juego, en un ameno análisis antropológico, social y territorial del fútbol que va más allá del terreno de juego. Este libro completa su trilogía sobre el deporte rey que comenzó con Camp de Terra y que sigue con el impactante testimonio personal El meu germà era futbolista, que va por la tercera edición. Todo ello, digno de un buen documental... ¿de Carles Porta?
El Barça no tiene explicación racional. Una vez más, ha vuelto a resucitar contra todo pronóstico (y contra “sus ilusos enterradores”, que decía Francesc Pujols), y eso es lo que lo hace un club deportivo único, singular y admirable a escala global. Hoy es el primer club en seguidores en las redes sociales en todo el mundo.
Hoy, el fútbol desde un punto de vista económico es dominado por grandes capitales procedentes de oligarquías diversas. Los clubes con más presupuesto son clubes-Estado, entidades deportivas que disponen de una gran capacidad económica gracias al apoyo y/o la complicidad, a todos los niveles, de gobiernos que los patrocinan y los propulsan.
El Barça es una clara excepción, dado que los gobiernos de Catalunya y de Barcelona no tienen las capacidades fiscales con las que los Estados ayudan a sus clubes. Todavía tiene más mérito: podríamos debatir si el Barça compite en aquello que en inglés se llama level playing field, es decir, si el Barça compite en un ámbito de neutralidad, o de no hostilidad, de los estamentos que regulan y gestionan las competiciones en las que participa.
"Podríamos debatir si el Barça compite en aquello que en inglés se llama 'level playing field', es decir, si el Barça compite en un ámbito de neutralidad, o de no hostilidad, de los estamentos que regulan y gestionan las competiciones"
Ayer hizo diez años que murió Johan Cruyff. Él no ganó ningún Mundial de fútbol, pero es reconocido como uno de los tres mejores jugadores de todos los tiempos y, posiblemente, como el entrenador más influyente en el rescate del deporte rey, que a finales de los años ochenta era dominado por el catenaccio italiano: un estilo gris, sucio y especulativo de jugar que hacía de la defensa a ultranza su modelo de éxito. Cruyff lo resumió en una frase brillante: “Italia no puede ganar a Holanda, pero Holanda sí que puede perder con Italia... en los penaltis”.
El Cruyff entrenador dio al Barça un espíritu alegre y ganador y él encontró en Catalunya la fórmula para recuperar el juego-espectáculo ofensivo, que hace del fútbol un deporte emocionante y único cuando se puede desplegar, rompiendo el catenaccio defensivo italiano tan eficaz como la tortuga militar (“testudo”) de los legionarios romanos: dos laterales que doblen los extremos con un gran desgaste físico, combinado con dos centrales que sean también ofensivos y creativos en el centro del campo, todo ello combinado con presión intensa al rival cuando no se tiene el balón.
Aquí la creatividad única catalana, que de vez en cuando da el país en tantos ámbitos (arquitectura, música, pintura, medicina, empresa...), a pesar de nuestras miserias y mediocridades seculares, fue clave para que, junto con la eficacia holandesa, se encontrara el antídoto al antijuego: Carles Reixach hablaba a menudo con Cruyff sobre la poción mágica que tenía que romper las defensas de once jugadores... y Reixach hablaba con muchos futbolistas catalanes como Pere Joan Bonell, nacido en El Poal (Pla d’Urgell) y con experiencia futbolística local e internacional.
El Poal es un pueblo pequeño junto a Linyola de Bojan Krick, otro ejemplo excelente de la cantera de jugadores que han dado las tierras de Lleida al fútbol universal. La defensa de la selección española que ganó el mundial de 2010, por ejemplo, está formada por jugadores procedentes de más allá de la Panadella (Puyol, Piqué y Capdevila), con un carácter y una personalidad futbolística marcados decisivamente por la geografía y el clima. Los romanos, hace dos mil años, enviaban a la capital Ilerda sus legiones cuando necesitaban entrenarlas en el medio más exigente (niebla, frío y calor) de cara a las campañas más difíciles.
"El fútbol de la tierra es un caso muy específico de éxito local que hoy ya es otra aportación catalana al deporte universal"
El fútbol de la tierra, el que se juega en las calles de muchos de nuestros pueblos (¡por favor, que no se pierda!), y que va subiendo de abajo a arriba hasta llegar a La Masia del Barça, es un caso muy específico de éxito local que hoy ya es otra aportación catalana al deporte universal. Incluso, Fabio Capello, exentrenador del Madrid, reconoció Pep Guardiola como el mejor entrenador de la historia: “En un deporte tan maduro y evolucionado como el fútbol, ha conseguido innovar tanto en calidad (jugando el fútbol ofensivo más atractivo) como en cantidad (rellenando de títulos y campeonatos sus equipos)”.
Hoy, Lamine Yamal ya es el futbolista que más camisetas vende en el mundo y Alexia Putellas está rompiendo todas las fronteras del marketing deportivo femenino. No siempre La Masia ha dado generaciones tan brillantes como la actual, pero sí que es verdad que el Barça tiene en La Masia un modelo que genera admiración en todo el mundo. El balón entrará o no y el Barça podrá ganar más o menos títulos, pero su modelo deportivo y la actitud de sus jugadores en el terreno de juego nos hace sentir un orgullo y un sentimiento de pertenencia como pocos en el mundo. ¡Viva el Barça y viva (el fútbol de) la tierra!