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Cada año, 23.000 niños nacen en Europa antes de los seis meses de gestación. Antes de la semana 26, estos bebés, conocidos como prematuros ultraextremos, todavía no han desarrollado completamente sus órganos y requieren un intenso soporte médico para respirar, recibir nutrientes y regular la temperatura. Las ratios de supervivencia de estos niños rondan entre el 30% y el 60%, y aquellos que consiguen salir adelante lo hacen a menudo con secuelas importantes por la severa intervención médica, como problemas respiratorios de por vida, complicaciones en el desarrollo neuronal o infecciones en la piel.
La ciencia médica es plenamente consciente del problema que suponen los partos prematuros ultraextremos, y desde la década de los cincuenta se proponen soluciones para simular la bolsa amniótica de manera artificial. Sin embargo, las limitaciones tecnológicas no han hecho posible reproducir el funcionamiento de este órgano. O, al menos, no lo habían hecho posible hasta ahora. Constituida como empresa en 2025, fetaLife se propone precisamente este objetivo: desarrollar un dispositivo médico no invasivo que, reproduciendo las tareas tanto de la bolsa amniótica como de la placenta, aspira a retrasar el nacimiento de niños prematuros ultraextremos hasta un momento mucho más seguro.
La historia de fetaLife comienza a finales de 2020 dentro de BCNatal, el centro de investigación del Hospital Sant Joan de Déu y el Hospital Clínic fundado en 2005 y liderado desde entonces por el reconocido Dr. Eduard Gratacós. “En aquellos años, se habían iniciado algunas iniciativas, como la de Vitara Biomedical en el Children’s Hospital of Philadelphia, y el Dr. Gratacós dijo: ‘Creemos que podemos hacerlo desde Barcelona’”, recuerda la cofundadora, directora tecnológica y consejera ejecutiva de fetaLife, la Dra. Elisenda Bonet.
La apuesta, que arrancó oficialmente a principios de 2021, contó con el apoyo económico de la Fundación “la Caixa”, que aportó 7,65 millones de euros en dos fases del desarrollo, validada en ambos casos por expertos internacionales. “Es difícil tener una ayuda tan grande en España con un único centro y grupo de investigación. Cuando les explicamos el proyecto, entendieron perfectamente por qué se necesita un impulso como este”, relata Bonet. Los buenos resultados internos de las pruebas de laboratorio convencieron a los impulsores, que todavía trabajaban desde BCNatal, de constituir oficialmente fetaLife como una empresa derivada de ambos hospitales y de la Universitat de Barcelona (UB).
fetaLife es uno de los cinco proyectos experimentales del mundo, el único europeo, dedicados a la incubación líquida
La guinda ha llegado este verano, cuando, después de cinco años de investigación, fetaLife ha conseguido acreditar una supervivencia de 21 días dentro del sistema con un feto ovino. En la actualidad, solo existen otros cuatro grupos de investigación en el mundo dedicados a la incubación líquida: la ya mencionada Vitara, un segundo en Michigan (EE. UU), un consorcio entre Australia y Japón y otro grupo en Toronto (Canadá). Y entre todos ellos, “Vitara y nosotros somos los únicos que lo hemos conseguido”, destaca Bonet. “Y más importante que los 21 días”, continúa, “es que hemos logrado la transición neonatal con ovejas: que salgan del sistema y que estén bien”. La oveja con la que se han hecho las pruebas, llamada Gaia, tiene ya un año y medio de vida “y está estupenda”.

Simulando la bolsa amniótica y la placenta
Aunque comparten nombre y objetivo conceptual (“que una criatura muy pequeña, que todavía no puede ir a casa con la madre, pueda ir con ella”), las incubadoras líquidas en las que trabaja fetaLife no tienen mucho más en común con las incubadoras tradicionales. Aquí, los fetos no están conectados directamente a múltiples sensores y agujas, sino que se encuentran aislados dentro de un recipiente especial, en un ambiente líquido formado por un fluido amniótico sintético creado por la misma compañía, que reproduce las condiciones materiales del útero materno.
Pero no se acaba aquí: al bebé se le mantiene parte del cordón umbilical, al que se le conectan unos tubos a través de los cuales reciben, oxigenan y devuelven la sangre. Estos tubos, a su vez, están conectados a una segunda estructura de maquinaria que hace el papel de la placenta: un circuito extracorpóreo, altamente monitorizado, que incluye todos los sensores que encontramos en una incubadora tradicional. Con esta disposición, lo que consigue fetaLife es un sistema no invasivo con el feto, ya que todos los nutrientes se transmiten a través del cordón umbilical.
En la incubadora líquida de fetaLife, el oxígeno y los nutrientes se transmiten al feto con unos tubos conectados al cordón umbilical
En comparación con las propuestas de otros competidores, Bonet apunta que “conceptualmente, somos similares al 80%”, pero teniendo muy claro que “el mercado es muy grande y hay espacio para todos”. De hecho, la cofundadora cree que “que haya más de un competidor siempre te espolea”. En términos de diferenciación, la consejera delegada se compara principalmente con Vitara, que “empezaron antes que nosotros” (se constituyeron como empresa en 2019). A parecer de Bonet, la solución de fetaLife “está más pensada para sistemas de salud pública europeos”, ya que la propuesta de Vitara hace que “los hospitales que lo reciban tengan que hacer una inversión en infraestructura que aquí sería imposible”.
Ronda de inversión y calendario fijado

Con la parte de experimentación con animales completada, el equipo de fetaLife está ahora en conversaciones con la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) para determinar la hoja de ruta a seguir antes de empezar las pruebas con humanos. “Se tienen que hacer pruebas de biocompatibilidad, compatibilidad magnética y otros tests”, explica Bonet. Paralelamente, la compañía también empieza a crear una nueva versión del dispositivo médico, esta vez hecha con materiales aprobados médicamente. El calendario previsto es hacer las primeras pruebas con humanos entre finales de 2028 y 2029 y, si todo va bien, Bonet prevé que “como muy pronto”, podría llegar al mercado en 2034. “Suena lejos, pero es un dispositivo clínico y el proceso es larguísimo”, comenta la cofundadora.
Para sacar adelante la siguiente fase del desarrollo, fetaLife tiene actualmente abierta una ronda de inversión con el objetivo de levantar unos seis millones de euros, que se sumarán a los 1,5 millones que ya han conseguido de financiación pública a través de convocatorias competitivas. Con este presupuesto, el equipo cofundado por el Dr. Eduard Gratacós, la Dra. Elisenda Eixarch y la Dra. Elisenda Bonet quiere dar un paso más en lo que es, hoy por hoy, “el único proyecto experimental en Europa” en este campo.
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