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Grifols. Esteve. Ferrer. Almirall. Todas ellas, y un puñado más, son nombres bien conocidos del mundo farmacéutico catalán: empresas que se acercan o superan el siglo de historia y que han consolidado la base de un sector, el de la salud, que hoy ya es el tercero en valor añadido bruto (VAB) y en volumen de trabajadores en toda Catalunya, según recoge el Informe de la BioRegió de Catalunya 2025 de Biocat. Pero más allá de los grandes nombres, el Principat también se ha convertido en una prolífera cantera de empresas emergentes dentro del sector de la salud, especialmente entre aquellas surgidas de universidades, hospitales y centros de investigación.
En los últimos veinte años, el volumen de empresas derivadas -o spin-offs- dentro del sector de la salud se ha multiplicado por diez, según cifras de Biocat facilitadas a VIA Empresa: de la treintena de compañías de 2006, vinculadas a veinte entidades, a las 302 de 2026, independizadas de 106 instituciones diferentes. Lo resumía en una frase el director general de la entidad, Robert Fabregat, en un encuentro con periodistas para presentar la última edición del informe: “Podemos decir que en Catalunya se crea una nueva startup a la semana y una nueva spin-off al mes”.
Pero la abundancia que vivimos hoy no era tal a principios de los 2000, cuando empezaron a aparecer los primeros pioneros de este nuevo modelo de emprendimiento en salud. Oryzon y Advance Medical son dos de los nombres más destacados de aquel momento: la primera, fundada en el año 2000 por Tamara Maes y Carlos Buesa, surgió como una spin-off del CSIC y la Universitat de Barcelona (UB) dedicada al diagnóstico genómico, mientras que la segunda, impulsada por Carlos Nueno y Marc Subirats, nació el año anterior, en 1999, como una de las primeras empresas dedicadas a la telemedicina.
Aunque han vivido historias diferentes, ambas han personificado dos de los grandes modelos de crecimiento a los que pueden aspirar las empresas derivadas catalanas. Advance Medical, después de casi veinte años de trayectoria exitosa, fue adquirida en 2018 por la estadounidense Teladoc Health por 301 millones de euros, y se ha convertido en la base de la americana en Catalunya: en 2023, la farmacéutica inauguró su primer hub de salud digital de Europa en Barcelona, y Nueno continúa dentro de la compañía, hoy como director del departamento de Internacional de Teladoc Health.
Catalunya ha pasado de tener 30 'empresas derivadas de salud en 2006 a 302 en 2026
Por su parte, Oryzon, que acabó haciendo la transición hacia el desarrollo biofarmacológico especializado en epigenética, optó por la vía bursátil y empezó a cotizar en el mercado continuo en 2015. Sus dos principales compuestos son el Vafidemstat, una molécula para tratar enfermedades neurológicas y psiquiátricas del sistema nervioso central; y el Iadademstat, un inhibidor oral para combatir la leucemia. La empresa también tiene otros proyectos en fases más tempranas, y los resultados económicos demuestran su apuesta por la innovación: el primer semestre de 2026 invirtió diez millones de euros en I+D, el doble que en el mismo periodo de 2025, mientras que ingresó 8,69 millones, un dato que también se duplica.
Oryzon y los pioneros de la transferencia de conocimiento

Los orígenes de Oryzon se remontan al “jurásico” del emprendimiento universitario catalán en salud, según lo cataloga, con una sonrisa en el rostro, Buesa. “Los principios fueron, como puede imaginar, complicados”, comparte el cofundador con VIA Empresa. Buesa formaba parte de una generación de científicos catalanes que habían sido expuestos a diversos modelos de transferencia de conocimiento de universidades de todo el mundo, en su caso, en Bélgica, lo que les permitió ver “cómo se podía traducir el conocimiento universitario en empresa, valor económico y puestos de trabajo”.
De vuelta a Barcelona después del postdoctorado, Buesa experimentó “el runrún” que había en la UB, una “efervescencia” para no solo hacer “buena ciencia básica”, sino también ir un paso más allá. “En Catalunya éramos y somos la vanguardia científica de España, y lo teníamos que intentar”, remarca. De esta manera empezó a arrancar un ecosistema “que diseñamos un poco entre todos, sin que nadie supiera cuál sería la foto final”.
Un proceso en el que Buesa destaca nombres como el entonces vicerrector de investigación de la UB, Màrius Rubiralta, “un hombre que fue un absoluto visionario”; o el de Montserrat Vendrell, entonces subdirectora del Parc Científic de Barcelona, que más adelante fue consejera ejecutiva de Biocat y se ha implicado en multitud de empresas y entidades del sector. “Había una cantera de pioneros que querían que pasaran cosas, y el talante catalán, esa sensación de pertenencia y de saber que se pueden hacer cosas desde la sociedad civil, fue fundamental”, expresa el CEO de Oryzon.
Oryzon, una de las 'spin-off' de salud pioneras en Catalunya, arrancó en 2000 con “una inversión que hoy provocaría rubor”
Es así que, con un “apoyo soft” (por la falta de financiación) de las instituciones públicas y el de una family office “con una inversión (de un millón de euros) que hoy provocaría sonrojo”, Buesa arrancó Oryzon junto con la directora científica Tamara Maes y el director financiero Josep Maria Echarri, quien más adelante fundaría y dirigiría el fondo de inversión Inveready. El modelo de negocio original era el de una compañía de genómica, una disciplina “muy moderna en aquellos momentos que despertaba mucha expectación por su potencial”.
Los primeros años los destinaron a funcionar como una “boutique” que ofrecía análisis genómicos a empresas farmacéuticas o agroalimentarias. Sin embargo, el paso del tiempo y la evolución de la tecnología les hizo ver que sería muy complicado continuar siendo competitivos en este nicho con la dimensión que tenían como empresa. “Aquí es cuando dimos el salto a desarrollar nuestros propios productos y nos convertimos en el embrión de una pharma”, rememora Buesa. Y la apuesta tuvo éxito: el primero de los proyectos, centrado en el tratamiento de la leucemia, se está testeando hoy en cerca de una decena de ensayos clínicos “con la élite oncológica de Estados Unidos”; mientras que el segundo, orientado al sistema nervioso, se especializa en tratamientos del mundo de la psiquiatría, y la empresa ya está en conversaciones con la U.S. Food and Drug Administration (FDA) para proponer un ensayo en fase III para tratar el trastorno límite de la personalidad.
Oryzon cotiza en el mercado continuo desde 2015 y ya ha levantado más de 170 millones en recursos propios
Uno de los puntos clave para Oryzon llegó en 2015, cuando decidieron empezar a cotizar en bolsa. “Lo que nos empujó estaba claro: hasta que no tienes un superacuerdo con una pharma, una biotech necesita financiación para los fármacos”, explica Buesa. Con una década ya con este modelo de financiación, el cofundador valora la experiencia como “muy positiva”, ya que les ha obligado a “aprender unas nuevas reglas de juego de transparencia, rendición de cuentas y confidencialidad” que han supuesto “un cambio de paradigma” en la manera como funcionaban. Además, el hecho de ser una empresa cotizada les ha permitido acceder a “una financiación muy importante”, de más de 170 millones en recursos propios, y una flexibilidad financiera “que cuando eres una empresa no cotizada, no tienes”.
Mosaic, Nuage y la “vida” de las biotecnológicas
Poco a poco, a Oryzon y Advance Medical se les fueron sumando nuevas iniciativas empresariales, pero a principios de la década de los 2010, el emprendimiento en salud estaba todavía en su infancia en Catalunya. Así lo recuerda Judit Anido, quien por aquellas fechas estaba inmersa en la puesta en marcha de Mosaic Biomedicals, la que fue la primera spin-off del Institut d'Oncologia Vall d'Hebron (VHIO). El germen de la compañía salió del reencuentro de Anido con el doctor Joan Seoane, que había dirigido el postdoctorado de la científica, mientras ella estudiaba un MBA en Estados Unidos. "Entonces, habíamos identificado un antígeno que era importante para el desarrollo de tumores cerebrales, y decidimos juntarnos y hacer una empresa", explica Anido a VIA Empresa.
Es así que, regresados a Barcelona, constituyeron Mosaic Biomedicals para desarrollar el fármaco que llamaron MSC-1. Anido considera que esta fue "una experiencia de aprendizaje para mucha gente involucrada", ya que ni los cofundadores ni el VHIO habían vivido episodios similares. "Esto hizo que fuera un proceso bastante largo en comparación con lo que se tarda ahora, de unos dos años", apunta.
En aquel lejano 2012, el ecosistema catalán de la salud "era muy diferente de lo que vemos hoy", asegura Anido: "Entidades como Biocat y CataloniaBio eran muy incipientes, y no había un escrutinio tan profundo del número de empresas e inversores, pero serían unos números mucho más bajos". La empresaria asegura que echaban de menos "referentes en el ecosistema en el que te pudieras apoyar", y el número de inversores también era bastante menor, pero a la vez también había menos competencia para acceder a ellos. Eso sí, Anido ve claro que "desde el principio hubo un sentimiento de red y de comunidad importante", que considera que se convirtió en "fundamental" para el crecimiento del ecosistema.
Mosaic Biomedicals, la primera 'spin-off' del VHIO, se fusionó en 2016 con Northern Biologics
Así, con un apoyo limitado, pero cercano, y a base de “aprender a través de la experiencia”, Mosaic Biomedicals avanzó en el desarrollo del MSC-1 por su cuenta hasta 2016, año en que la empresa se fusionó con la canadiense Northern Biologics. “En aquel momento estábamos preparándonos para dar el paso al ensayo clínico con pacientes y necesitábamos evolucionar como empresa, y la fusión nos permitía hacerlo de manera muy eficiente y rápida”, explica Anido. Con este movimiento no solo ampliaron el equipo, sino que diversificaron el riesgo con la combinación de los dos portafolios y pudieron acceder al mercado y la financiación de Norteamérica.
En aquel momento, Anido asumió el papel de directora general, que mantuvo hasta 2021, cuando la empresa completó la fase I de sus fármacos y traspasó los proyectos a dos grandes farmacéuticas, AstraZeneca y Boehringer Ingelheim. “Es la evolución natural: mi filosofía con las biotech es hacer aquello en lo que somos expertos, que es el desarrollo inicial de los fármacos, el preclínico y las etapas iniciales del clínico”, reflexiona la empresaria. Para Anido, las empresas de biotecnología son “animales” que “evolucionan muy rápidamente”, y que para cada etapa exigen unas capacidades concretas. “Y eso, para mí, es un éxito, aunque comporte vender y traspasar la empresa: es un cierre que corresponde al hecho de que le has dado todas las oportunidades a tu producto para que acabe en las manos más preparadas”, sentencia.
Pero la aventura emprendedora de Anido no termina con Mosaic Biomedicals. Después de un año en que asumió la presidencia de la entidad patronal CataloniaBio & HealthTech (hoy conocida como Catalonia.Health), en 2022 se sumó a Nuage Therapeutics como cofundadora y consejera delegada. Sin embargo, esta fue una “experiencia muy diferente”, empezando por su incorporación: a diferencia de Mosaic, no era una ciencia que hubiera impulsado personalmente, sino un proyecto liderado por el investigador ICREA del Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona (IRB) Xavier Salvatella. “Fue un inversor, Asabys Partners, quien buscaba a alguien con el perfil de CEO y cofundadora para unirse”, explica Anido.
Para Anido, las biotecnológicas son “animales” que “evolucionan muy rápidamente”, y que para cada etapa exigen unas capacidades concretas
Este pequeño hecho ya personifica, a parecer de la emprendedora, parte de la maduración que había vivido el ecosistema desde su primera experiencia como cofundadora: “Había inversores, los proyectos ya empezaban más maduros, había habido más experiencias y los científicos estaban más acostumbrados a entender que hacer una empresa derivada era una vía muy buena para llevar la ciencia al paciente”. Personalmente, Anido también lo notó en su segunda ocasión como ejecutiva en jefe: “Con Mosaic fue una experiencia de ensayo-error, y con Nuage en muchos casos ya sabía qué se tenía que hacer. Todo esto influye en que los proyectos avancen de manera más rápida”.
Anido estuvo tres años como cofundadora y CEO en Nuage, un periodo inicial en que se encargó de “definir muy bien la tecnología y cómo desarrollarla para dar lugar a fármacos eficientes, de hacer crecer el equipo y de calibrar hacia dónde queríamos ir”. Pero en 2025, fiel a su visión de que las biotecnológicas necesitan personas diferentes en sus momentos de vida diferentes, decidió “dar un paso al lado” y ayudar a encontrar un nuevo CEO “adecuado para liderar la nueva etapa”, en un momento en que la empresa tenía ya una tecnología asentada y validada, un equipo de más de 25 personas y que había captado más de veinte millones de euros de financiación.
Con nuevos proyectos en las manos, Anido se ha convertido en un perfil que, poco a poco, va ganando integrantes en el sector catalán de la salud: el de los “emprendedores en serie”, directivos que, en palabras de la cofundadora de Mosaic y Nuage, son “profesionales que ya han vivido la experiencia completa y aportan la experiencia histórica para volverlo a hacer”. Un tipo de líder que “entiende la ciencia y la empresa a la vez” y que no existía cuando Anido inició su primera spin-off.
Neuroelectrics, o cómo pensar en global desde Barcelona (y Boston)

Quienes también decidieron a principios de los 2010 convertir la ciencia básica en aplicada fueron Ana Maiques y Giulio Ruffini, que en el año 2000 ya habían fundado Starlab, una compañía especializada en neurotecnología. De esta entidad es de donde, en 2011, nació Neuroelectrics, una empresa derivada liderada por los mismos fundadores con una visión mucho más aplicada: la fabricación y comercialización de una tecnología de estimulación eléctrica no invasiva en forma de casco. “Starlab hacía y hace mucha investigación, y Neuroelectrics nace como una spin-off para convertir la investigación en una empresa de dispositivos médicos”, explica con sus palabras la misma Maiques a VIA Empresa. “Nuestra tecnología permite diagnosticar enfermedades del cerebro con electroencefalogramas, pero también es pionera a la hora de tratar enfermedades del cerebro sin fármacos, atacando directamente la física del cerebro”, desarrolla la CEO y cofundadora.
Desde sus inicios, Neuroelectrics se involucró intensamente en iniciativas del sector como CatalunyaBio. Pero Maiques también remarca el papel de la administración pública, específicamente el Ajuntament de Barcelona a través de Barcelona Activa, que “siempre ha sido un referente y lo sigue siendo”, así como el de Acció, “que tenía muchos núcleos tecnológicos y ayudas europeas de investigación”. Más individualmente, la emprendedora remarca la figura del catedrático Andreu Mas-Colell, específicamente durante su etapa como consejero de Universitats i Recerca: “Creyó en el concepto de que una empresa privada podía hacer investigación básica en Catalunya. Vio que el modelo de Starlab y de Neuroelectrics podía ser bueno para Catalunya, y dio apoyo moral a la idea”.
Un hecho que ha caracterizado tanto a Neuroelectrics como a Starlab desde su concepción ha sido su vocación internacionalista: “Somos una empresa catalana de espíritu, pero con una vocación global. Si tenemos una tecnología para ayudar a pacientes de epilepsia o de depresión, queremos ayudarles a todos, no solo a los catalanes o a los americanos”. Esto se ha traducido en el hecho de que su base operativa, incluyendo la fábrica del hardware, se sitúa en Barcelona, pero también tienen una sede y una presencia muy destacada en Estados Unidos, desde Boston, y presencia en Asia con un trabajador situado en Beijing. “En Europa tenemos un talento brutal, que no es exclusivo de América o China, pero Estados Unidos también nos aporta la innovación, el riesgo y un ecosistema diferente”, apunta. Y no se detienen aquí: la compañía también ha empezado a trabajar intensamente en países africanos como Argelia o Marruecos. “Desde Catalunya se puede hacer todo, pero si quieres escalar, te tienes que mover y viajar”, considera Maiques.
Maiques (Neuroelectrics): “Desde Catalunya se puede hacer todo, pero si quieres escalar, te tienes que mover y viajar”
¿El resultado de esta filosofía? Neuroelectrics es la primera empresa del mundo que ha presentado a la FDA norteamericana un estudio clínico de una tecnología no invasiva de estimulación del cerebro para combatir la epilepsia desarrollado con veinte hospitales estadounidenses y veinte europeos (entre los cuales se encuentran el Clínic, Vall d’Hebron, Sant Joan de Déu o el Hospital del Mar). Los dispositivos de la compañía se usan en las UCI y servicios de urgencias de hospitales de todo el mundo, y la misma Maiques fue reconocida por Goldman Sachs como una de las emprendedoras más excepcionales de 2022.
Financiación y visibilidad, los deberes para continuar creciendo
Las tres fuentes consultadas coinciden en valorar positivamente el crecimiento que ha experimentado el ecosistema en los últimos años. “Hemos demostrado que podemos iniciar proyectos biotech, levantar mucha financiación con inversores locales e internacionales, y que podemos hacer el desarrollo de las primeras fases de proyectos y luego traspasarlos”, expone Anidos. Sin embargo, para la empresaria aún queda cubrir el siguiente escalón dentro de la cadena de valor de la biotecnología, el de asumir desarrollos tardíos y lanzamientos al mercado. Con todo, Anidos destaca los casos de Oryzon y Minoryx Therapeutics, y considera que “sería fantástico tener más ejemplos de esta clase de historias, con recorridos mucho más largos y que cubran toda la cadena de valor, desde el descubrimiento hasta la comercialización”.
Por su parte, Maiques opina que el sector “ha madurado muchísimo”, un hecho que ejemplifican movimientos como la apuesta millonaria de AstraZeneca por Barcelona: “Esto no existía y es un premio al ecosistema”. “Tenemos muy buenas universidades, una industria de ciencias de la vida con mucha cultura de innovación en salud y organizaciones que ayudan mucho, como Biocat y Catalonia.Health”, continúa Maiques, para quien los dos grandes deberes pendientes de Catalunya son la financiación y la visibilidad: “Deberíamos ser como los italianos, ser capaces de vender mucho mejor la cadena de valor que tenemos y enseñarla fuera, porque tenemos todos los ingredientes. Tenemos que atraer la inversión y el talento para que podamos escalar, y salir mucho fuera”.
Buesa (Oryzon): “Se ven cosas muy bonitas, rondas semilla de 20 o 30 millones que hace unos años eran absolutamente impensables”
Buesa coincide con la cofundadora de Neuroelectrics, y ve en el acceso a grandes capitales el principal bloqueo del crecimiento del ecosistema: “Es muy complicado levantar 200 millones para conseguir una aprobación desde Barcelona”. El cofundador de Oryzon también identifica la falta de “gigantes” nacidos del emprendimiento universitario que sí han aparecido en otros países, como Bélgica, donde una empresa derivada como Argenx “vale hoy en bolsa tres o cuatro veces más que Almirall”. Sin embargo, la mirada retrospectiva de Buesa valora positivamente la aparición de múltiples agentes financieros implicados en el ecosistema: “En España hay, en estos momentos, una plétora de inversores que van desde aquellos capaces de hacer crecer la empresa hasta que es adquirida o se compra el medicamento, a otros más enfocados a inversiones semilla, en que la idea es financiar rápidamente una prueba de concepto”.
Sea como sea, el CEO de Oryzon se muestra optimista: “Se ven cosas muy bonitas, rondas semilla de 20 o 30 millones que hace unos años eran absolutamente impensables”. Las cifras de Biocat muestran también cómo la inversión ha crecido de los dos millones de euros de 2006 a los 305 millones en 2016 y a los 2.723 millones en 2026. Grandes rondas como las dos de Impress, de 122 y 110 millones de euros, o la de SpliceBio, que alcanzó los 118 millones, demuestran que, aunque todavía no se llega a los volúmenes de otras regiones, las empresas catalanas cada vez son capaces de atraer cantidades más importantes.
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