Los mercados se centran en las narrativas; es imposible explicar lo que está pasando ahora mismo si no es a través de una historia. Empieza el relato:
Dos maneras de invertir (las más habituales)
Teniendo en cuenta el momentum o factor de momento: es una práctica en la que los inversores compran acciones ganadoras mientras apuestan contra las perdedoras recientes (es decir, venden las acciones perdedoras). La otra es invertir teniendo en cuenta el value o factor de valor; en este caso, en cambio, compran acciones baratas mientras venden las más caras. En este caso, las acciones son baratas en comparación con los fundamentos de los negocios que representan. Después de tres años en que ha predominado el factor de momento, en los últimos dos meses este ha sufrido una caída de diez puntos respecto al factor de valor. Cuando una historia ha llevado las cosas demasiado lejos y los inversores ya no confían en el relato que guía aquel mercado, la práctica del momentum acostumbra a funcionar con reversiones repentinas (un salto y un retorno a la situación anterior).
Dos olas en que el momentum ha funcionado
Desde la crisis financiera mundial, ha habido dos largas olas del momentum. La primera, desde 2017 hasta la pandemia. Era lo que se conoció con el acrónimo FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google); estaban agrupadas las empresas que dominaban diferentes ámbitos de internet y que se habían convertido en una especie de licencia para imprimir dinero. La segunda, después de la covid-19, se inició con el lanzamiento de ChatGPT en 2022, que puso en marcha las hiperescaladoras de las 7 Magníficas (Apple, Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla). A estas siete se añaden otras, especialmente Broadcom y Oracle. Esta nueva historia explica que la inteligencia artificial conquistará el mundo y que los gigantes tecnológicos establecidos pueden aprovechar su escala para dominarlo. La similitud entre la evolución de las narrativas de las FAANG y de las 7 Magníficas es evidente.
En los últimos 24 meses, la brecha entre las 7 Magníficas y el resto de los actores del mercado se ha ido cerrando e igualandoA principios de año, esta historia de las 7 Magníficas dio paso a una subhistoria o trama paralela especialmente interesante: estas hiperescaladoras estaban haciendo un gasto de capital descomunal, que se destinaría a un número reducido de fabricantes de chips, y estos fabricantes tenían la capacidad de vender al precio que quisieran. Por lo tanto, desde principios de año, los beneficiarios de este gasto —los semiconductores y los chips de memoria— han liderado las subidas del mercado. Mientras tanto, las 7 Magníficas se han abaratado considerablemente; Microsoft, por ejemplo, hace poco cotizaba a diecinueve veces los beneficios previstos de media, mientras que durante la última década lo había hecho a 27 veces, es decir, la media actual se sitúa muy por debajo.
En el caso de Meta, después de haber cotizado a veinte veces los beneficios de media durante los últimos diez años, actualmente lo hace a catorce veces. Los resultados empresariales presentados la semana pasada muestran que no ha habido ningún deterioro en los negocios fundamentales de estas empresas y que pueden existir oportunidades interesantes allí donde las valoraciones han caído más. Con la capacidad de computación para la IA todavía claramente por debajo de la demanda, las hiperescaladoras pueden defender que las inversiones masivas de capital están justificadas. Cada euro/dólar invertido en IA se basa en esta propuesta: que la demanda de potencia informática continuará acelerándose. La trama general de esta historia era que estas grandes empresas (las 7 Magníficas) tenían bolsillos sin fondo y gastarían todo lo necesario para dominar una tecnología nueva y apasionante.
El rápido avance de China en IA plantea si son necesarios modelos de negocio tan intensivos en capital
En los últimos dos meses, sin embargo, los inversores han tomado conciencia de los riesgos de estos enormes gastos de capital: el reto de la eficiencia, la mercantilización de los modelos o que las empresas adopten la IA más lentamente de lo previsto y, por lo tanto, que la demanda quede muy por debajo de la capacidad que se está construyendo actualmente, dejando la industria con un exceso de infraestructura que perderá valor rápidamente. Hay también otro riesgo: el rápido avance de China en IA plantea si son necesarios modelos de negocio tan intensivos en capital.
Una explicación más técnica que apoya la narrativa de que las 7 Magníficas han llevado las cosas demasiado lejos se encuentra en el aumento de la oferta de acciones. Una oferta mayor de acciones, manteniendo el resto de factores constantes, empuja los precios de las acciones a la baja. Hasta ahora, las empresas han ido reduciendo constantemente el número de acciones en circulación: han recomprado acciones, pero las fusiones y adquisiciones se han hecho con los flujos de caja de las empresas. Esto ha impulsado el mercado de varias de ellas. Tal como muestra la rama especializada del banco de inversión Barclays, 2026 podría ser el primer año en décadas en que aumente la oferta de capital. Las hiperescaladoras necesitan dinero para financiar sus gastos de capital y, como sus acciones cotizan en los mercados con múltiplos generosos, les resulta más barato obtener financiación ampliando el capital social que emitiendo deuda.
Antes de la caída del último mes, aparte de la Oferta Pública Inicial (OPI) de SpaceX de Elon Musk —el proceso mediante el cual una empresa privada vende sus acciones al público por primera vez para empezar a cotizar en bolsa—, se esperaban más ofertas públicas iniciales, especialmente la de OpenAI (el creador de ChatGPT) y la de Anthropic PBC. Ahora, los inversores están perdiendo el apetito, y esto podría llevar a las empresas a esperar más tiempo antes de salir a bolsa.
La historia de las 7 Magníficas parece haber llegado a su último capítulo, o quizás es el final de la primera temporada...
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