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Isaac Domínguez: "La industria de los eventos se ha desconectado de su sentido original"

“Menos moqueta roja y más datos, sostenibilidad, y cocreación social” el arte en el centro de la ecuación

Isaac Domínguez, fundador y director general de Escena 4.0, en el Tourism Innovation Summit (TIS) | Cedida
Isaac Domínguez, fundador y director general de Escena 4.0, en el Tourism Innovation Summit (TIS) | Cedida
Gina Tost | VIA Empresa
especializada en videojuegos, tecnología y tendencias digitales
Barcelona
05 de Abril de 2026 - 04:55

Isaac Domínguez Falguera es el fundador y director general de Escena 4.0, una startup que fusiona tecnología, sostenibilidad y cultura con una propuesta insólita: un escenario modular, inteligente y energéticamente autónomo. La empresa emergente ha creado este escenario para reducir costes, tiempo de montaje e impacto ambiental, ya que a diferencia de los montajes tradicionales, que requieren días de trabajo y equipos numerosos, su escenario se puede instalar en menos de diez horas con solo seis personas, un camión grúa y maquinaria electrificada. Está diseñado para transformar la experiencia artística y escénica. Ha incorporado tecnología como paneles solares en el exterior y pantallas LED en el interior. Es versátil, escalable y apto para conciertos, conferencias, eventos inmersivos o, incluso, partidas de videojuegos, y se adapta al espacio y al relato de cada ocasión.

 

Pero Domínguez no es nuevo en el mundo de los eventos. Con más de quince años de trayectoria, ha trabajado en festivales como Sónar, Cruïlla o Primavera Sound, además de liderar proyectos propios como Fes+Chapeau o La Traca Produccions, siempre con una mirada disruptiva y comprometida con el territorio. Una mirada que ha estado siempre puesta en las necesidades reales del ecosistema cultural, desde el contexto local hasta las dinámicas internacionales.

¿Cómo definirías el estado actual de la industria de los eventos a escala global? ¿Qué retos y oportunidades dominan el sector?

 

Lo que veo es una industria que, en los últimos años, se ha ido desconectando de su sentido original. Los eventos habían sido espacios de encuentro y de significado compartido, pero a menudo han terminado convertidos en productos de consumo masivo, homogeneizados y sometidos a lógicas de rendimiento. Sin embargo, creo que esta dinámica empieza a fracturarse: la necesidad de sostenibilidad, de diferenciación cultural y de recuperar el propósito abre la puerta a un nuevo paradigma más auténtico.

Los principales retos pasan por asumir de verdad el impacto ambiental y social del sector y por integrar la tecnología con sentido, no como un ornamento. También debemos aceptar que el público ya no quiere ser un espectador pasivo; busca participar, cocrear y sentir que aquello que vive tiene relevancia para él. Además, hay una demanda creciente de eventos con valores y narrativa propia, que vayan más allá de la simple estética o tendencia del momento.

"La industria debe decidir si quiere seguir produciendo recuerdos efímeros o si apuesta por convertirse en un agente de transformación con impacto real"

Al mismo tiempo, esto abre muchas oportunidades: desde combinar talento local y visión global para generar experiencias arraigadas, hasta explorar formatos híbridos que unan arquitectura efímera, tecnología y arte. También hay un espacio claro para formar nuevos perfiles capaces de trabajar con criterio cultural, mirada humanista y conocimiento tecnológico. En definitiva, la industria debe decidir si quiere seguir produciendo recuerdos efímeros o si apuesta por convertirse en un agente de transformación con impacto real.

Después de la pandemia, el ocio en vivo no ha vuelto exactamente igual. ¿Qué cambios habéis detectado en el comportamiento del público y en las necesidades de los promotores? ¿El formato híbrido (presencial + digital) sigue siendo una apuesta real o ha perdido fuerza?

Después de la pandemia, cuando con nuestro proyecto llegamos a ser el primer festival callejero no cancelado en Europa aquel julio de 2020, nos dimos cuenta de que el público busca emoción, pero también conciencia. Quiere entender qué impacto tiene asistir a un evento: cómo se ha producido, con qué criterio ambiental, cómo se trata a la gente que trabaja en él y qué sentido tiene todo ello más allá del entretenimiento. Esta mirada crítica ya forma parte del paisaje, y obliga al sector a revisarse a fondo.

Al mismo tiempo, los promotores reclaman más eficiencia y formatos que reduzcan riesgos: menos estructura fija, más flexibilidad, más capacidad de adaptarse a contextos cambiantes. Esto abre espacio a soluciones como la nuestra, que responden de manera muy directa a estos retos con escenarios modulares, sostenibles, inmersivos y fáciles de desplegar. Y, en cuanto al formato híbrido, creo que ha perdido protagonismo como tendencia, pero continúa teniendo utilidad en términos de difusión y accesibilidad. La clave es dejar atrás la simple retransmisión y crear una experiencia con identidad propia, que dialogue con la presencial, pero que no acabe siendo una versión empobrecida.

En definitiva, estamos en un sector en transición: el público pide verdad y sentido; los promotores, eficiencia y adaptabilidad. Y es justo en este punto de intersección donde aparece una oportunidad real para innovar dentro de las industrias creativas.

¿La apuesta de la tecnología y la sostenibilidad es habitual en el sector o aún es una excepción?

Todavía es una excepción. Muchos proyectos hablan de sostenibilidad y tecnología, pero lo hacen desde un relato estético o superficial, más pensado para cumplir con tendencias o requisitos de subvención que por convicción o transformación real del modelo.

La mayoría de eventos siguen funcionando con estructuras pesadas, consumiendo recursos de manera intensiva, generando grandes volúmenes de residuos y dependiendo de muchos actores logísticos. Y la tecnología, cuando está, a menudo se utiliza como decorado, no como parte estructural de la experiencia ni de la producción.

 

Mucha gente habla de que la tecnología como la realidad virtual (VR) o los avatares digitales han muerto. ¿Qué opinas?

Tengo amigos que literalmente están plegando. Han apostado por proyectos de realidad virtual o avatares digitales con mucho talento y esfuerzo, pero el mercado no ha respondido como se esperaba. No porque la tecnología no sea potente, sino porque a menudo se ha desarrollado sin una aplicación real clara, sin una narración significativa detrás.

No creo que estas tecnologías hayan muerto, pero sí que han sufrido una corrección de las expectativas infladas. El problema no es la VR o los avatares en sí, sino cómo, por qué y con quién se han desplegado. Cuando la tecnología se convierte en un fin y no en un medio, se pierde el sentido.

¿Qué tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial, realidad aumentada, o nuevos materiales, crees que marcarán el futuro de los eventos?

Hay un conjunto de tecnologías que, si se integran bien, pueden transformar completamente el sector: inteligencia artificial, materiales avanzados, realidad aumentada colectiva, sistemas de generación energética distribuida o estructuras automatizadas. Pero, más que la lista en sí, lo que realmente marcará la diferencia es la mirada con la que las usamos. Un modelo transversal por definición que puede funcionar tanto en congresos y presentaciones corporativas como en festivales, platós temporales o, incluso, en situaciones de emergencia y defensa civil, como el nuestro.

"Muchos proyectos hablan de sostenibilidad y tecnología, pero lo hacen desde un relato estético o superficial, más pensado para cumplir con tendencias o requisitos de subvención que no por convicción"

La IA nos permite optimizar aforos, mejorar la climatización natural de los espacios o personalizar experiencias en tiempo real. Los nuevos materiales ligeros, modulares y reciclables abren la puerta a una manera completamente nueva de concebir infraestructuras efímeras, mucho más eficientes que el hecho de montar y desmontar tradicional. Y la realidad aumentada puede añadir capas narrativas compartidas entre presencial y digital, con un potencial enorme en el ámbito corporativo, divulgativo y audiovisual.

Nosotros creemos que la verdadera revolución no es solo tecnológica, sino conceptual: repensar qué es un espacio de eventos y cómo puede evolucionar para dar respuesta a las necesidades del futuro.

Uno de los escenarios de Escena 4.0 | Cedida
Uno de los escenarios de Escena 4.0 | Cedida

¿Cómo crees que evolucionará el ecosistema del ocio en vivo en los próximos años?

El ecosistema del ocio en vivo está cambiando rápidamente. Los formatos masivos seguirán existiendo, pero cada vez se hace más evidente que se necesitan nuevas maneras de producir y habitar los eventos: propuestas más ligeras, descentralizadas, con menor impacto logístico y mucha más capacidad de adaptación. El público ya no busca solo espectáculo; quiere emoción, sentido y compromiso. Pide transparencia y sostenibilidad, y esto obliga a toda la cadena de valor a revisar prácticas y a imaginar modelos diferentes.

En este contexto, el audiovisual ha dejado de ser un simple refuerzo escénico para convertirse en arquitectura de experiencia. Es narrativa expandida, inmersión y también responsabilidad. Y esto ya se está viendo en espacios como el ISE, que marcan claramente hacia dónde va la integración entre tecnología y escenografía en el ámbito internacional, tanto cultural como corporativo, institucional o educativo. Este cambio de mirada es profundo y afecta la manera como se piensa cada proyecto, de la estructura al relato.

El futuro pasa por estructuras autosuficientes e inteligentes, capaces de generar energía, funcionar en modo plug & play y abrir la puerta a nuevos usos escénicos y comunicativos. La evolución natural del sector apunta hacia formatos híbridos, una relación más viva con el territorio y nuevas formas de cocreación entre público, artistas y tecnología. Aquello que antes quedaba en el backstage, la estructura, la energía o los flujos, ahora se convierte en parte central de la experiencia.

¿Qué riesgos o límites ves en este futuro tan digitalizado, modular y sostenible que defendéis?

Uno de los grandes límites que nos encontramos es que apostar por hardware innovador implica jugar en una liga muy diferente a la del software. Cuando decides transformar la infraestructura tienes que prototipar, fabricar, validar, transportar y cumplir normativas. Es un proceso más lento, más exigente y con barreras de entrada más altas. Por eso muchos inversores prefieren modelos digitales, escalables y de retorno rápido. Pero la sostenibilidad real no vendrá de una app: vendrá de cambiar aquello físico, logístico y estructural. Y eso demanda visión a largo plazo y un poco de valentía.

"La sostenibilidad real no vendrá de una app"

Si pienso en un gran evento en 2030, me imagino una experiencia mucho más distribuida y viva. Ya no veremos un solo punto de concentración masiva, sino una red de activaciones repartidas por diferentes barrios, cada una con su identidad. El comercio local no solo participará: obtendrá retorno económico y formará parte del proyecto. Serán formatos más pequeños, pero más especializados, más cercanos y más significativos. El público se moverá por espacios con alma, no para perseguir pantallas gigantes.

Y también me imagino un Fórum radicalmente diferente: un espacio más verde, con sombra, biodiversidad y una infraestructura efímera inteligente que genera su propia energía. Estructuras plug & play capaces de acoger tanto un concierto como una conferencia inmersiva. Para las marcas, esto será una oportunidad para conectar desde el compromiso real; para los artistas, escenarios flexibles y sostenibles; y para el público, experiencias profundas y transformadoras, donde incluso el espacio comunica valores.