La conocida Molins —hablando en propiedad, Cementos Molins— es una empresa modélica desde diversos puntos de vista. Nombraré solo algunos. Por un lado, porque está cerca de cumplir los 100 años de vida, después de que fuera fundada en Sant Vicenç dels Horts en el año 1928. Hoy es una empresa que tiene un valor bursátil de unos 2.600 millones de euros. Además, en el año 2025 tuvo una cifra de ventas de 1.027 millones de euros, un ebitda de 204 millones y un beneficio neto de 185 millones de euros.
Por otro lado, porque durante todo este tiempo ha estado en manos de una misma familia, si bien hoy hay tres grandes grupos familiares diferenciados: el Molins López-Rodó, el Molins Amat y el Molins Gil. Es bastante conocida la enorme dificultad de mantener el núcleo familiar de cualquier empresa a medida que van pasando las generaciones y va creciendo el número de intervinientes de la familia. Otras empresas del mismo sector como Asland o Uniland, antiguamente también en manos de familias bastante conocidas, se vendieron ya hace años a otras empresas del sector del cemento. Siempre he pensado, en alguno de estos casos, que si el comprador de estas empresas que se vendieron no fue la misma Molins, fue principalmente por una cuestión de precio.
Muy importante es también el hecho de que la empresa haya profesionalizado la gestión. Primero, y desde 2015, con el que fue el primer consejero delegado externo a la familia, Julio Rodríguez, y posteriormente con el actual consejero delegado, Marcos Cela.
Es muy relevante, también, cómo ha ido implementando negocios nuevos, siempre relacionados con la actividad cementera inicial, como los del hormigón, los áridos, los prefabricados de hormigón, los morteros especiales, los cementos cola, los ecomateriales y la valorización de residuos, que inició ya hará casi cuarenta años.
Finalmente, querría resaltar otro aspecto como es el fuerte proceso de internacionalización que ha vivido. Las ventas en Europa suponen un 62% del total, con Sudamérica representando un 28% y con el Norte de África un 11%. Especialmente importantes son también sus alianzas de empresas (joint ventures) que tiene en México, Bangladesh y Colombia. Por si no fuera suficiente, acaba de adquirir a finales de marzo, la empresa portuguesa Secil, que es, de hecho, más antigua (1904) que la propia Molins, con ventas en Portugal, Brasil y Cabo Verde. Ha comprado el 100% de las acciones a su propietaria, la empresa portuguesa cotizada Semapa. Después de esta integración, un 68% de las ventas vendrán de Europa, un 25% de Sudamérica, y un 7% de África. La holgada situación financiera de Molins le ha permitido financiar la operación con deuda. Con esta adquisición, las ventas pasarían ya de los 1.600 millones de euros, y el ebitda superaría ya los 500 millones de euros.
Con la adquisición de Secil, las ventas pasarían ya de los 1.600 millones de euros, y el ebitda superaría ya los 500 millones de euros
En cuanto a su relación con la bolsa, cabe decir que cotiza desde 1942, si bien siempre ha tenido una situación muy especial con los mercados, ya que debido al fuerte peso accionarial familiar, siempre ha tenido muy poca liquidez. En los últimos seis meses, se han negociado unas 1.500 acciones diarias de media, unos 56.000 euros diarios, y son numerosos los días en que no se ha negociado ningún valor. Es por ello que hasta ahora ha cotizado en el llamado “mercado de corros” o fixing de la Bolsa de Barcelona.
Justo hoy, día 13 de julio, empieza a cotizar en el llamado Mercado Continuo (SIBE), lo que, de entrada, debería proporcionarle más visibilidad de cara a los inversores institucionales, y una negociación más activa y fácil de hacer. Esta admisión, sin embargo, no supone la emisión de nuevas acciones. Si no hay más acciones disponibles en el mercado, no habrá tampoco más negociación. Su valor bursátil estaría en el umbral del mínimo necesario para entrar en el índice Ibex-35, si bien los requisitos para entrar no solo dependen del valor bursátil sino también de la liquidez que haya, extremo que actualmente lo hace del todo imposible. ¿De dónde podrían salir estas nuevas acciones disponibles a futuro?
Después de la última actualización del Convenio de Sindicación de Voto y Acciones, podría haber una parte de los accionistas actuales de Molins dispuestos a vender acciones en un futuro
Por un lado, deberíamos considerar la situación del pacto de accionistas o sindicación de acciones que existe entre los tres grupos familiares de la empresa desde 1988. Los pactos de accionistas, en general, son acuerdos entre accionistas que les obliga a realizar acciones como votar de forma coordinada en las juntas de accionistas, o tener derechos de adquisición preferentes entre ellos, etc. Estos pactos constituyen obligaciones entre los propios accionistas, no frente a terceros. Al ser Molins una empresa cotizada, su llamado Convenio de Sindicación de Voto y Acciones es público, y sus términos se conocen. Es un pacto que se renueva cada cinco años y que justo lo hizo el pasado mes de diciembre. Lo significativo es que en el anterior pacto firmado en el año 2020 se habían adherido el 73,49% de los accionistas de Molins, mientras que al recientemente renovado, se han adherido el 59,78% de los accionistas. Esto quiere decir, pues, que podría haber una parte de los accionistas actuales dispuestos a vender acciones en un futuro. Esta sería una fuente posible de oferta de acciones en el mercado.
Por otro lado, debemos considerar que cualquier adquisición de empresas futura se puede financiar tanto utilizando la caja del comprador como, total o parcialmente, con la emisión de acciones nuevas. Este aspecto podría tener alguna relevancia algún día en una empresa como Molins, que declara que tiene la ambición de continuar su expansión internacional.
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