El cooperativismo en Cataluña tiene un peso importante en el tejido económico y social. Según los últimos datos del Registro General de Cooperativas de la Generalitat, recogidos por la Confederació de Cooperatives de Catalunya, existen 4.770 cooperativas activas, distribuidas en sectores muy diversos. Este modelo de empresa, que incluye cooperativas de trabajo, de consumidores y otras tipologías, es utilizado como forma de negocio por el 45% de la población catalana como clientes y cuenta con un 14% de participación activa en cooperativismo, cifras que reflejan la relevancia y aceptación de la fórmula cooperativa en nuestra sociedad.
Este impulso es especialmente relevante en un momento en el que una tercera parte de las cooperativas se han creado en los últimos diez años. Precisamente, hace poco más de una década, la cooperativa de consumo Som Connexió empezaba a caminar. Hace diez años no era más que una idea que Mercè Botella explicaba de forma casi artesanal en ferias y encuentros sectoriales. Lo hacía con una cartulina debajo del brazo y mucha convicción. También en Rubí, la ciudad de residencia de Botella.
Los orígenes
Allí fue donde empezó a tomar forma a través de charlas y reuniones con iniciativas sociales y el propio Ayuntamiento. Empezó a perfilarse lo que hoy se ha consolidado como una cooperativa de telecomunicaciones con cerca de 9.500 socios, unos 16.000 usuarios y una facturación que supera los 4,3 millones de euros.
Según explica Botella, el proyecto nació de la misma base social que ha impulsado iniciativas de economía social y cooperativa como Som Energia: un conjunto de personas concienciadas que comparten la voluntad de empoderar a la ciudadanía en ámbitos de consumo estratégicos. En este caso, se trataba de aplicar esa mirada crítica y transformadora a las telecomunicaciones. "Son ámbitos que no están realmente en nuestras manos, pero condicionan el 100% de nuestra vida", ha apuntado la cofundadora de Som Connexió.
En una primera fase, la exploración pasó por guifi.net, una red colectiva de autogestión que en Rubí ya tenía presencia. "Aún no se había constituido la cooperativa, pero ya estaba buscando una alternativa a este ámbito de consumo. Estuve hablando con el Ayuntamiento de Rubí, ya que se estaba haciendo un despliegue en la Llana", recuerda.
Las personas interesadas en este modelo de consumo estaban dispersas en todo el territorio y no concentradas en un único ámbito local
En paralelo, el proyecto se presentó oficialmente en octubre de 2013 en la Fira d’Economia Solidària de Catalunya (FESC) y es en este contexto que Botella entra en contacto con Eticom, una iniciativa similar de El Prat de Llobregat. De este encuentro nace Eticom Som Connexió, que empieza a caminar desde un espacio de economía social en El Prat, con el apoyo del Ayuntamiento.
"Juntos reflexionamos sobre cuál era la mejor estrategia para poner en marcha el proyecto. Habíamos dibujado dos escenarios: optar por el modelo de guifi.net, basado en operadoras territoriales con una base importante de personas en el mismo territorio. Esto, en el caso de Rubí, quería decir agregar vecinos y vecinas para trazar una fibra comunitaria que después se pudiera ir extendiendo en diferentes puntos del municipio", rememora.
La idea de desplegar una fibra comunitaria parecía coherente con el espíritu del proyecto, pero pronto se vio que no encajaba con la realidad del público al que quería llegar. Las personas interesadas en este modelo de consumo estaban dispersas en todo el territorio y no concentradas en un único ámbito local, lo que dificultaba un despliegue comunitario clásico.
A partir de ahí, se tomó una decisión estratégica clave: operar a nivel estatal y empezar ofreciendo servicios a través de otras operadoras para poder crecer, agregar personas y construir conciencia colectiva. "Y así, en lugar de nacer en Rubí, que es donde de entrada pintaba que podría ser, fue en El Prat porque se siguió la segunda estrategia", comenta Botella.

Un camino difícil
La cooperativa se constituyó formalmente en 2014 con poco más de 200 socios fundadores y muchas incógnitas sobre cómo y cuándo se podría empezar a consumir servicios. Después de un año largo de investigación, en junio de 2015 se inició la comercialización, primero solo con telefonía móvil, el único servicio que estaba realmente listo para salir al mercado. La fibra llegaría más tarde, después de un proceso lento y lleno de obstáculos en un sector poco abierto a nuevos actores.
Hoy, diez años después, Som Connexió ofrece todos los servicios habituales de telecomunicaciones, con la misma cobertura e infraestructuras que cualquier otra operadora. La diferencia no es técnica, sino de modelo: precios de mercado, buena conexión y un propósito claro, empoderar a los consumidores y reinvertir los excedentes en el proyecto y en iniciativas de impacto social. "Los servicios en este sentido no se diferencian en lo más mínimo de cualquier otra operadora", señala.
Diez años después, Som Connexió ofrece todos los servicios habituales de telecomunicaciones, con la misma cobertura e infraestructuras que cualquier otra operadora
"Al inicio, cuando daba charlas a Rubí para presentar el proyecto, todo era bonito porque todo estaba por construir. Era ideal. Materializar es un proceso pesado y difícil, pero todo lo que ha pasado, visto con perspectiva, es una pasada", presume con orgullo.
Los signos de identidad: impacto social y atención humana
Actualmente, la cooperativa tiene tres proyectos sociales en marcha. Uno de ellos, Créixer en un món de pantalles, ofrece guías accesibles en línea para acompañar a las familias en el uso responsable de la tecnología, una iniciativa que ganó fuerza durante la pandemia.
Otro se centra en la mitigación de la brecha digital, en colaboración con entidades sociales que trabajan en familias vulnerables.
El tercero, todavía en fase inicial, aborda la defensa colectiva frente a las llamadas comerciales abusivas.
La atención al cliente es otro de los rasgos más valorados del proyecto. "Somos personas con nombre y apellidos", resume. En un sector marcado por la despersonalización, el trato cercano se ha convertido en un elemento diferencial. A esto se suma una política poco habitual para Botella. Cuando bajan tarifas, se hace para todos, no solo para las nuevas incorporaciones.
El horizonte está fijado en triplicar los resultados
Superada la fase inicial de puesta en marcha, Som Connexió afronta hoy el reto del salto de escala. "Es un momento muy interesante. Es un gran reto y ahora estamos incorporando personas con experiencia y conocimiento para recorrer este camino de escalar y triplicar el volumen de líneas sin aumentar casi el volumen de equipo que somos", actualmente formado por una cuarentena de personas. Para ella, la clave implica automatizar todo lo que se puede resolver sin intervención humana y concentrar el esfuerzo en el acompañamiento, el asesoramiento y la escucha.
De momento, la cooperativa no dispone de tiendas físicas, aunque no descarta tenerlas en el futuro y, por qué no, en Rubí. Ahora, sin embargo, la prioridad es seguir generando conciencia a través de los canales digitales. "Ahora sí tenemos un producto que puede llegar a la población en general, pero para entender que somos diferentes de cualquier otra opción hace falta un cierto punto de conciencia, el de las personas que sabemos que con nuestro consumo impactamos en la sociedad", advierte, añadiendo que, de momento, "a través de las tiendas físicas es muy difícil dirigirse a las personas que tienen conciencia".
Mirando hacia el futuro, Mercè Botella tiene claro que el primer gran objetivo es que Som Connexió sea una operadora conocida y con incidencia real. Que su propósito llegue al mercado y sea visible. "Dentro de dos años, la gente sabrá qué es Som Connexió y por qué existe", asegura. Un propósito que implica para su cofundadora formar parte de un ecosistema de entidades que quieren transformar el modelo económico, cada una desde su ámbito, y que en su caso toma forma desde las telecomunicaciones, con una forma de hacer desde abajo, fiel a una tradición catalana de movilización colectiva e impulso asociativo.