Hacer de la necesidad virtud, o de un defecto tu negocio, es lo que ha marcado la carrera profesional de Ferran Ballard. El fundador de The Brain School, las formaciones de moda entre el empresariado catalán, nunca se consideró un buen estudiante. Hasta que la universidad le obligó a actuar: la dislexia y el TDA que padece supusieron un verdadero escollo en su objetivo de graduarse en ADE y Derecho en la Universitat Pompeu Fabra (UPF), y su única manera de tener éxito fue "aprender a aprender". A partir de observar los patrones de estudio de los alumnos con mejores calificaciones, empezó a elaborar un método propio —el Método Ballard—, con el que no solo consiguió su objetivo, sino que hizo que se replanteara las prioridades de su vida profesional. Hoy, aquel recurso improvisado para subsistir se ha convertido en una empresa que factura cerca de un millón de euros al año y que ya han testeado gran parte de las empresas catalanas de mayor dimensión.
Antes de apuntar hacia los empresarios, sin embargo, Ballard empezó con las aulas. Previamente a The Brain School, su método dio un vuelco a la dinámica de muchos estudiantes que, como él, se veían superados por la universidad. Una vez empezó, identificó el mismo patrón en todas partes. Por ejemplo, cuando quiso ingresar en una gran consultora. "Me di cuenta de que contrataban a muchos ingenieros porque precisamente tienen un método correcto para aprender", explica a VIA Empresa.
Aquel episodio le hizo pensar que quizás podría ayudar no solo a los universitarios, sino también a las personas adultas. Lo probó y desde entonces no lo ha dejado. "Los adolescentes vienen acompañados de sus padres; les obligo a venir porque también quiero que aprendan la metodología y lo puedan transferir al trabajo", asegura. Sin embargo, el interés por la andragogía —la ciencia para educar a los adultos— sublimó en enero de 2020, cuando recibió un correo de uno de los pesos pesados de la economía catalana y europea: Luca de Meo, expresidente de Seat y exCEO del Grupo Renault, quería conocer su método.
La experiencia le cambió nuevamente la perspectiva profesional: "Vi que una persona como él, con un sueldo millonario, era muy humilde y dedicaba los fines de semana a aprender". La satisfacción fue compartida. En la página web de The Brain School, una reseña destaca por encima del resto. Es la del expresidente de Seat. "¡Muy buen curso! Consigue usar todo el potencial de tu cerebro. Todo el mundo debería aprender estas técnicas. ¡Pasión de Ferran!", escribió el directivo. En privado, aún fue más efusivo: "Me dijo que lo que estaba haciendo era una maravilla y que era lo que necesitaban las empresas, un buen método de aprendizaje, porque no saben aprender", rememora Ballard.
Luca de Meo animó a Ballard a dar el salto a las formaciones empresariales: "Me dijo que las empresas lo necesitaban porque aún no saben aprender"
Dicho y hecho. Una vez superada la pandemia, Ballard se centró en formar a directivos de grandes empresas y multinacionales, a pesar de que nunca abandonó a los universitarios. Actualmente, les ofrece cuatro formaciones que varían entre las cinco y las ocho horas: aprender con estrategia (comprender y retener más rápidamente), memoria para líderes (pensar con claridad y decidir con seguridad), leading learning (entrenar cómo hacer aprender al resto) y aprender como un líder (una combinación del segundo y tercer curso). Al cabo de un tiempo, al proyecto se sumó Alejandra Scherk, una excompañera de carrera que trabaja la optimización de los onboardings.
Todos los cursos que ofrecen incluyen, además, un seguimiento de la aplicación posterior. Es una especie de distintivo de calidad con el que Ballard pretende asegurarse de que su método impacte. "Muchas empresas hacen formación, transmiten conocimiento, pero no son generadores de aprendizaje. Nuestra idea no es enseñar cosas nuevas, sino que puedan pasar a la acción y que generen un aprendizaje", comenta. De momento, su público objetivo son las grandes empresas y multinacionales, donde se encuentra una "gran diferencia": mientras que los altos cargos preguntan muchas cosas, los juniors tienen miedo de parecer poco inteligentes y permanecen callados. "Las personas que llegan más lejos hacen muchas preguntas y no tienen miedo de mostrar aquello que no saben", señala Ballard.
El furor roza el millón de euros
El año pasado, The Brain School superó el umbral de los 900.000 euros de facturación y de cara a 2027 espera romper la barrera del millón. Los ingresos no dejan de crecer porque la demanda es muy elevada; queda claro que De Meo tenía razón. "Muchas veces, los altos directivos llegan de la escuela con un método que no está optimizado, a pesar de que sean los primeros de su promoción", apunta Ballard. Por eso, insiste en que la clave no solo es, como dice, aprender a aprender, sino también cuestionarse el conocimiento adquirido. Ballard lo compara con los deportistas de élite, que tienen siempre un entrenador, incluso cuando atraviesan su mejor momento.
Y desde que se lanzó a formar directivos, Ballard ha aprendido que para que se genere un aprendizaje auténtico, la clave reside en fomentar la "seguridad psicológica". Es decir, que los ejecutivos tengan un equipo dispuesto a preguntar, discrepar y hablarles de tú a tú. "Hay muchas grandes empresas que han caído porque están lideradas desde el miedo", lamenta. Estas situaciones se producen cuando un jefe sufre el síndrome del impostor y decide liderar a partir de imposiciones, o bien generando un distanciamiento con el equipo que le rodea. Por esta razón, Ballard también ofrece formaciones individuales que llegan a las veinte horas y que complementan las sesiones de contenido empresarial. En todos los casos, sin embargo, el objetivo es que las enseñanzas se puedan aplicar desde el primer momento. Es lo que precisamente salvó la etapa universitaria de Ballard y que ya ha convertido una carencia en fortaleza.
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