• Finales de etapa
Politóloga y filósofa

Finales de etapa

24 de Enero de 2026
Arianda Romans | VIA Empresa

Hay momentos en la vida que son comienzos, como el inicio de curso, de un nuevo trabajo, de una nueva casa, de una nueva actividad extraescolar o, incluso, de una nueva libreta o de una prenda de ropa nueva. Hay muchas liturgias y muchos momentos en la vida en que el comienzo forma parte de la misma narrativa de nuestros acontecimientos. A veces, sin embargo, también hay momentos en que se llega a un final de etapa: cuando dejas un trabajo, cuando acabas un proyecto, cuando cierras un libro o un documento que ya no puede ser revisado más veces; cuando cerramos un bote de conservas que hemos preparado con cuidado toda la mañana, cuando tachamos una de las tareas pendientes de la lista, cuando decidimos que una etapa vital ya ha terminado.

 

Celebramos mucho los pasos adelante, pero muy poco el momento en que se decide que las cosas han llegado, o están llegando inevitablemente, a su final. A nadie le gusta hablar de finales. Hablamos de despedidas, celebramos los momentos finales siempre orientados hacia lo que viene o hacia la esperanza de lo que está por venir, pero cuesta detenerse en aquellos instantes en que nos damos cuenta de que ya no podemos lucir más aquella prenda de ropa, de que ya no podemos continuar viviendo en aquella casa, de que ya no queremos continuar tirando los años esperando cosas que no llegan. Cuando vemos que, si no hacemos nada, podemos alargar este momento hasta el infinito, pero que ya no podemos ni queremos hacerlo más.

Entonces, es importante saber gestionar bien los finales. Saberlos negociar. Saber diferenciar entre el dolor por lo que se acaba y la alegría de tomar una decisión mejor. Saber cerrar las cajas con cuidado para que no se rompa nada durante la transición. Porque los finales de etapa no siempre son la promesa de una vida mejor, pero sí que son el símbolo de una transición hacia algo nuevo. Algo que, quizás, acabará siendo motivo de un buen comienzo.