Todavía es enero. Enero es, seguramente, el mes más largo del año. Es un mes en el que empieza el año, pero realmente lo que tienes es una profunda resaca emocional de Navidad y unas muy pocas ganas de enfrentarse a un mes con menos dinero, más oscuridad y donde las próximas vacaciones quedan lejos. Demasiado lejos. Además, enero suele ser un momento muy ajetreado para los que trabajamos en la academia, porque hay clases, conferencias, programas que se deben cerrar y empieza, incipientemente, la preparación para los grandes proyectos para el curso próximo. No es un mes agradable para nadie, y quien diga que le gusta enero es o porque cae en su cumpleaños o porque vive en cualquier país donde este mes cae en pleno verano.
Durante este mes solo se puede aferrar a la esperanza de tiempos mejores. Algunos planifican las vacaciones de verano; otros empiezan a ir al gimnasio. Todo lo que haga falta para no tener que mirar por la ventana y ver que el cielo sigue gris, la oscuridad llega antes de cenar y las plantas de la habitación se siguen peleando por un triste rayo de sol que entra por la habitación una vez a la semana. Sí, para vivir en el Norte de Europa hay que ser un poco optimista y creer fervorosamente en que, después de la oscuridad vendrán las lluvias y después, quizás con suerte, un verano de tiempos mejores.