El mundo de la logopedia ha convivido siempre con un obstáculo en el ejercicio de su profesión: la falta de criterios objetivos y claros a la hora de evaluar clínicamente la calidad de la voz. “Son evaluaciones que todo el mundo está de acuerdo en que es importante hacerlas, pero cuesta mucho llegar a acuerdos, ya que nos faltan referentes”, expone la logopeda e investigadora Neus Calaf. La experta indica que esta clase de valoración es “completamente subjetiva”, porque depende de factores como la experiencia del profesional y del tipo de voces que haya escuchado con anterioridad. “Cuando he tenido que dar clases a estudiantes de logopedia, enseñar a percibir las voces era dramático”, recuerda Calaf.
La preocupación no es individual, y hace décadas que el sector intenta encontrar criterios compartidos para estandarizar las evaluaciones de los pacientes. Una de las propuestas más exitosas es el Consensus Auditory-Perceptual Evaluation of Voice (CAPE-V), un instrumento creado por la American Speech-Language-Hearing Association (ASHA) que establece seis criterios principales (el grado de disfonía, la voz rugosa, la voz soplada, el tono y el volumen), a los que se otorga una puntuación del 1 al 100.
Esta escala consigue clasificar los valores que hay que tener en cuenta, pero tiene dos problemas: está pensada para emplearse de manera analógica (es un formulario para rellenar en una hoja de papel) y no hay ningún registro de voces ya analizadas que sirva de referencia a los profesionales a la hora de determinar si la rugosidad de una voz merece un 30 o un 48. Además, el modelo original se diseñó pensando en el inglés como lengua base, así que hay que revisarlo con cuidado cuando se trabaja con otras lenguas.
De la traducción del modelo a su digitalización
Calaf ya abordó la última de estas cuestiones en 2017 con su tesis de máster, en la que propuso una adaptación y versión bilingüe en catalán y castellano del modelo CAPE-V. Pero con eso no era suficiente: “Cuando recuperé mi actividad investigadora, quise hacer experimentos de percepción, pero no encontraba la plataforma donde hacerlo. Y un amigo me dijo: ‘podrías aprender a programar’”. Así es como, a principios de 2024, la logopeda empezó a trabajar en lo que hoy se conoce como All-Voiced, una plataforma en línea que digitaliza la metodología del modelo CAPE-V y concentra diversos ejercicios y voces de pacientes reales evaluadas para empezar a generar consensos dentro de la comunidad profesional.
“Cuando saqué el primer instrumento, recibí un mensaje de un logopeda diciendo: ‘¡Esta es la aplicación que siempre habíamos querido tener!’”, recuerda Calaf. El objetivo del proyecto, en palabras de la creadora, es establecer unos “estándares de referencia” y una infraestructura donde “poder calibrar la percepción” de los oídos de los profesionales. “Lo que he incorporado hasta ahora es un paradigma muy clínico: instrumentos que usamos y muestras reales de pacientes reales, a ver si nos ponemos de acuerdo con los resultados”, explica la logopeda.
Calaf: “Cuando saqué el primer instrumento, recibí un mensaje de un logopeda diciendo: ‘¡Esta es la aplicación que siempre habíamos querido tener!’”
La plataforma, que actualmente es de acceso abierto bajo registro, incorpora diversas herramientas. De entrada, la digitalización de los dos modelos de evaluación, el CAPE-V y su versión revisada, así como un tercero “muy sencillo”, especializado en el grado de disfonía. Dentro de estos modelos, All-Voiced permite un “entrenamiento autónomo”, en el que los profesionales pueden recibir muestras aleatorizadas para evaluar y contraponer con los resultados de otros compañeros. La herramienta también ofrece diversos ejercicios de comparación de dos voces diferentes, en los que los participantes deben decir qué voz está más alterada o más soplada y también obtener los resultados agregados del resto de gente que ha contestado. “Y después hay algún juego divertido, de adivinar el diagnóstico de ciertas voces”, añade Calaf, una actividad que asegura que “encanta” a los estudiantes.
La confianza de investigadores y profesores
La solución parece haber convencido al ecosistema: desde su lanzamiento, ya la han usado más de 1.600 usuarios de 40 países diferentes. De todos estos, según los análisis hechos por Calaf —a partir de las direcciones de correo electrónico—, al menos unos 800 participantes tienen vinculación con el mundo universitario, un total de 80 centros de dieciséis países de origen. “De algunas universidades tengo muchos participantes, sobre todo estudiantes a los que los profesores les han dicho que se registren”, desvela la creadora. “Hay mucha actividad, sobre todo de universidades estadounidenses, y también muchas de España”, añade.
Este es, de hecho, uno de los principales públicos potenciales que identifica Calaf para su plataforma. En primera instancia, la logopeda ha construido All-Voiced para los “profesionales que trabajan con personas con problemas de voz”, pero su intención es ampliar su uso “a todas las personas que trabajan con la voz”. Entre ellas, las ya mencionadas universidades, tanto para formación como para investigación; pero también apunta hacia el mundo empresarial, concretamente, a los propietarios de bases de datos de voz para inteligencia artificial, las cuales busca “enriquecer” con más parámetros sobre la calidad vocal.

El camino hacia el emprendimiento
Hasta ahora, todo este trabajo lo ha llevado a cabo Calaf en solitario, si bien ha contado con el asesoramiento científico y tecnológico de diversos profesionales. Pero para continuar adelante, la logopeda tiene la intención de dar al proyecto una estructura empresarial: “Lo que yo quiero, por encima de todo, es que esto exista, porque está resolviendo un problema que teníamos como profesión. Pero para que exista tiene que ser sostenible”.
La previsión de Calaf es constituir la sociedad antes de que finalice 2026 y dedicar los próximos meses a contactar con universidades para “ver cómo resuena” el proyecto y buscar nuevas colaboraciones —en la actualidad, All-Voiced tiene ya en marcha una prueba piloto con la Universidad de Montreal—. Además, también estudia “empezar a ofrecer algún curso para los profesionales” con acreditaciones oficiales, que de entrada se limitarían a los principales mercados, España y Estados Unidos.
Calaf tiene previsto constituir All-Voiced como empresa antes de que termine 2026 y explora colaboraciones con universidades y la elaboración de cursos certificados
Toda esta conciencia ha ganado forma después de participar en el programa AI4ALL del Parc de Recerca UAB (PRUAB), una formación de emprendimiento dirigida a proyectos vinculados a la inteligencia artificial. “Me ha servido para darme cuenta de todo el ecosistema emprendedor que hay en Cataluña y de las capas que llega a tener”, explica Calaf. Su vinculación con la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) no surge de la nada: la logopeda se formó y elaboró la tesis en la universidad y ha sido profesora en dos etapas diferentes.
Calaf explica que el programa AI4ALL la ayudó a “abrir los ojos con esta idea” y valora positivamente la formación recibida, con “ponentes muy buenos que explicaban tanto su propia experiencia como cuestiones más técnicas y teóricas”. Y tampoco se olvida del resto de participantes, “compañeros de fatigas con quienes puedes hablar de cómo esto es una montaña rusa”. “Hay que ser temerario”, concluye con una sonrisa.