Es posible que lo hayan leído en algún titular: el hecho de que las flatulencias —o, más acertadamente, los eructos— de las vacas son una importante fuente de contaminación ambiental. No es ninguna tontería: como animales rumiantes, los bovinos tienen un sistema digestivo formado por cuatro “estómagos”, en el primero de los cuales, el rumen, son capaces de degradar la fibra que ingieren gracias a bacterias celulolíticas, con las que obtienen proteína microbiana. ¿El problema? Que en este proceso, el rumen también genera metano, un gas contaminante para el planeta. “En la ganadería somos responsables del 14% de los gases de efecto invernadero, y es responsabilidad nuestra reducir este impacto ambiental”, reclama profesora e investigadora del departamento de Ciencia Animal y de los Alimentos de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), la doctora Lorena Castillejos.
Es bajo esta creencia que nace Bovigreen, un proyecto de investigación aplicada conjunta entre el Servei de Nutrició i Benestar Animal (SNiBA) de la UAB y la empresa barcelonesa Algabrava que trabaja para crear un complemento alimentario que reduzca la producción de metano de las vacas. La clave se encuentra en el uso de la Asparagopsis Armata, una especie de alga roja originaria del sur de Australia y Nueva Zelanda —e invasora en la Costa Brava— capaz de inhibir hasta un 60% del metano generado durante la rumia de los bovinos.
Castillejos: “Queremos desarrollar un suplemento alimentario que reduzca la producción de metano sin afectar el bienestar del animal ni alterar su fermentación ni su proceso digestivo”
El equipo de Algabrava, surgida como una empresa derivada de la Universitat de Girona (UdG) y liderada por Raül Golo y Jorge Santamaría, son especialistas en el cultivo de macroalgas, y fueron los primeros en identificar la posible aplicación de esta especie para combatir el metano de las vacas. Pero en el momento de presentarse en las subvenciones para núcleos I+D de Acció, no consiguieron la ayuda por falta de investigación en el ámbito animal. “Sabían que tenían un producto potencial, y sabían hacerlo crecer, pero no qué necesitaban hacer con las vacas para validarlo y aplicarlo de manera efectiva”, explica Castillejos. Y es en este momento cuando, gracias a la mediación de la técnica de proyectos de I+D de Acció, Cristina Peña, Golo y Santamaría se pusieron en contacto con el equipo del SNiBA.
De esta manera se inició en el año 2023 el proyecto Methanless, el precedente del actual Bovigreen, que tenía como objetivo encontrar la manera adecuada de implementar la Asparagopsis Armata como herramienta para combatir el metano de los rumiantes. “Ellos se encargaron de cultivar el alga a pequeña escala, y nosotros, en el laboratorio de fermentación ruminal de la UAB —el único de estas características en el Estado—, de hacer las pruebas in vitro”, señala Castillejos, responsable del equipo de la universidad. Es con esta primera investigación que lograron fijar el porcentaje de efectividad del alga contra el metano y también determinar la dosis necesaria, mucho menor de lo que pensaban inicialmente. “Esto es importante, porque es muy difícil hacer crecer esta alga; necesita unas condiciones de temperatura y humedad que hacen que no pueda crecer demasiado rápido”, apunta la investigadora de la UAB.

Una investigación en un campo aún por explorar
Pero ¿cómo consigue exactamente un alga reducir los gases producidos por el rumiar de las vacas? La realidad es que se trata aún de un campo de investigación en plena infancia y con muchas teorías por comprobar. De entrada, se pensaba que las algas actuaban de manera similar a la de aceites esenciales de plantas como el orégano, que tiene características antimicrobianas y ya se usan, tanto con humanos como animales, para reducir el uso de antibióticos. “Pero no es del todo así, aunque también hay una modulación de la microbiota”, apunta Castillejos. “Lo que parece es que los compuestos del alga inhiben enzimas claves en el último paso de la formación del metano a partir de los productos de fermentación, como el hidrógeno y el CO₂, en el rumen”, expone la investigadora.
Sea como fuere, el hecho es que este primer proyecto, Methanless, se cerró con resultados publicados y positivos, y es lo que ha dado paso a Bovigreen, una segunda etapa más ambiciosa. El proyecto, iniciado en el mes de enero, cuenta con la participación de Golo y Santamaría por parte de la empresa y de la doctoranda Laia Garrido, la doctora e investigadora postdoctoral Adriana Siurana y la ya mencionada doctora Castillejos por parte de la UAB. En este “paso más allá”, que tendrá una duración de tres años, el objetivo es doble: por un lado, Algabrava tiene el reto de escalar el primer piloto a un volumen industrial, mientras que las investigadoras del SNiBA tienen que dar el salto de las pruebas in vitro a terneros en entornos controlados. En el caso de que los resultados de ambos procesos sean positivos, el último año del proyecto se destinará a hacer las pruebas ya en una granja comercial.
Bovigreen aspira a mejorar la sostenibilidad ambiental, económica y social de la ganadería bovina
Con todo, la complejidad del proyecto no se limita únicamente a conseguir que la solución reduzca el metano producido por los bovinos, sino que lo haga sin provocar consecuencias negativas a los animales. “Queremos desarrollar un suplemento alimentario que reduzca la producción de metano sin afectar el bienestar del animal ni alterar su fermentación ni su proceso digestivo”, concreta Castillejos. Unos valores que, según la investigadora de la UAB, hacen de Bovigreen un proyecto que trabaja en los tres ejes de la sostenibilidad: “Por un lado, la ambiental; por otro, la económica, porque la producción debe ser tan buena o mejor; y, en tercer lugar, la social, mantener el bienestar del animal y conseguir que la sociedad mire la ganadería con mejores ojos”.