Escucha el artículo ahora…
En los últimos meses, en las cafeterías y en los lugares de encuentro informales alrededor de las instituciones europeas en Bruselas solo se habla de dos cosas: el concurso AD5 para acceder a la administración europea y el presupuesto del próximo marco financiero plurianual —el MFF, en la jerga de la Unión Europea (UE)—. Son temas tan populares, seguramente, porque ambos afectan a mucha de la gente que frecuenta el barrio europeo: el AD5 son las oposiciones que deciden quién se convertirá en funcionario de la UE, y el MFF determina cuánto dinero habrá para cada una de las políticas europeas entre 2028 y 2034.
En el ámbito de la investigación y la innovación (R&I), el presupuesto del próximo MFF determinará el futuro de Horizonte Europa, el programa marco de R&I de la Unión. Es el principal instrumento con el que Europa financia la investigación desde que, en 1984, se puso en marcha el primer programa de este tipo. El que hay ahora para el periodo 2021-2027 es el noveno, el FP9, en la jerga institucional. Desde hace meses se prepara el décimo, el FP10, que cubrirá de 2028 a 2034.
La Comisión Europea presentó en julio de 2025 la propuesta de Horizonte Europa para el periodo 2028-2034, con un presupuesto de 175.000 millones de euros y una novedad significativa respecto al FP9: la posibilidad de financiar R&I con aplicaciones tanto civiles como militares desde el diseño mismo de los proyectos, lo que se conoce como doble uso por diseño (dual use by design).
Hasta ahora, el reglamento de Horizonte Europa exigía que toda la investigación que financiaba tuviera un foco exclusivo en aplicaciones civiles, mientras que la defensa tenía sus propios instrumentos de financiación, como el Fondo Europeo de Defensa. A finales de 2025, con el ómnibus de defensa aprobado en el marco del plan ReArm Europe, ya se abrió una rendija para que el EIC Accelerator, instrumento que financia startups de alto riesgo, pudiera apoyar a empresas que desarrollan tecnologías de doble uso o de defensa. La propuesta de la Comisión para el FP10 lo extiende a todo el programa.
A partir de aquí, comenzaron las negociaciones. En el Parlamento Europeo, la comisión de Industria, Investigación y Energía (ITRE) designó al eurodiputado alemán Christian Ehler, del Partido Popular Europeo, como ponente: el responsable de preparar la posición de la cámara sobre la propuesta legislativa y negociarla. En paralelo, el socialdemócrata René Repasi asumió esta función para el programa específico que desarrolla el FP10.
En los borradores presentados en marzo de 2026, Ehler proponía elevar el presupuesto hasta los 220.000 millones de euros y preservar la autonomía de Horizonte Europa respecto del nuevo Fondo Europeo de Competitividad, con las prioridades de investigación definidas por consejos de expertos. Sobre la investigación con aplicaciones militares por diseño, proponía que la de defensa se financiara a través del Fondo Europeo de Competitividad y no de Horizonte Europa. El voto en la comisión de ITRE tendrá lugar el próximo 10 de noviembre, de manera que el Parlamento todavía no tiene una posición completamente definida.
En los borradores presentados en marzo de 2026, Ehler proponía elevar el presupuesto hasta los 220.000 millones de euros y preservar la autonomía de 'Horizonte Europa'
En el Consejo de la Unión Europea, los gobiernos acordaron el 26 de junio una orientación general parcial que avala el dual use by design propuesto por la Comisión, a pesar de que el Consejo insiste en preservar la orientación predominantemente civil del programa. El acuerdo prevé convocatorias reservadas a tecnologías de doble uso, y permite que estas tecnologías también se puedan financiar en las convocatorias generales del programa. Además, mantiene que el EIC pueda financiar proyectos centrados en defensa, con un límite presupuestario que todavía no se ha fijado. Las negociaciones entre el Parlamento, el Consejo y la Comisión no comenzarán, como mínimo, hasta enero. Veremos.
Mientras las instituciones perfilan sus posiciones, el pasado 28 de septiembre, los responsables de investigación de Dinamarca, Estonia, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía y Suecia firmaron una declaración conjunta para pedir al Consejo que mantuviera su enfoque sobre el doble uso, y a la Comisión y al Parlamento que lo apoyaran. Por otro lado, el 10 de octubre, la presidencia irlandesa del Consejo presentó su propuesta de negociación del presupuesto plurianual, que recorta un 9,6% el presupuesto de Horizonte Europa: 16.800 millones de euros menos respecto de la propuesta inicial de la Comisión. Ehler y Repasi han respondido pidiendo un mínimo de 200.000 millones.
Los motivos del replanteamiento
¿Por qué Europa acepta ahora mezclar ciencia y defensa, si durante 40 años las había mantenido separadas? Cuando en 1984 se puso en marcha el primer programa marco de I+I, la Comunidad Europea se pensaba a sí misma como una potencia civil, una idea que François Duchêne, colaborador de Jean Monnet, había formulado a principios de los años setenta: Europa ejercería influencia con medios no militares, como el comercio, la regulación, el derecho y el conocimiento, entre otros, mientras la defensa quedaría en manos de los estados y de la OTAN. La investigación exclusivamente civil formaba parte de esta identidad, y el FP9 la mantuvo. Mientras este noveno programa marco se negociaba, la Comisión propuso crear el Fondo Europeo de Defensa como un instrumento separado, que se aprobó en 2021 con un presupuesto de aproximadamente 7.300 millones de euros. Europa aceptaba financiar investigación para usos militares, mientras no se mezclara con la civil.
La invasión de Ucrania en 2022 situó la defensa entre las prioridades de la Unión, y era cuestión de tiempo que llegara a la I+I. Además, la carrera tecnológica con las otras potencias geopolíticas globales ha añadido presión: Estados Unidos hace décadas que hace del presupuesto de defensa un motor de innovación, y China convirtió la fusión civil-militar en estrategia nacional en 2015.
Todos los países que firmaron la declaración del 28 de septiembre están en el flanco nororiental de la Unión. Los bálticos, Polonia y Finlandia hacen frontera con Rusia o Bielorrusia, Suecia y Dinamarca tienen costa en el Báltico y Rumanía hace frontera con Ucrania y tiene costa en el mar Negro. Por lo tanto, es natural que estos países sean los que perciben la guerra en Ucrania como una amenaza más cercana, y los que más peso hayan ganado en el debate europeo sobre defensa. En el sur, donde las prioridades tienen más que ver con la migración o la cohesión, no ha firmado nadie.
'Horizonte Europa' ha sido uno de los instrumentos de poder blando más eficaces de la Unión. Países como Suiza, el Reino Unido, Canadá o Nueva Zelanda se han asociado a él
Horizonte Europa ha sido uno de los instrumentos de poder blando más eficaces de la Unión. Países como Suiza, el Reino Unido, Canadá o Nueva Zelanda se han asociado a él, es decir, contribuyen al presupuesto del programa y, a cambio, sus instituciones de investigación pueden participar en él casi en las mismas condiciones que las europeas. Esto ha convertido a Europa en el centro de una red científica que va mucho más allá de sus fronteras. En el caso de la investigación con aplicaciones militares, sin embargo, las condiciones cambian. Para acceder a los fondos de defensa del EIC, la Comisión propone que los países estén asociados también a la rama de defensa del Fondo Europeo de Competitividad, y que con estar asociado a Horizonte Europa ya no sea suficiente. Esta doble condición podría dejar fuera de determinadas convocatorias a países que hoy participan con normalidad, y reducir el alcance de una red de cooperación que la Unión ha tardado años en construir.
El debate sobre el FP10 refleja el cambio de prioridades de la Unión. Con la idea creciente de que Europa debe reducir dependencias y desarrollar capacidades propias, hoy en día la seguridad ocupa el centro de la agenda europea. Al mismo tiempo, el informe Draghi situó la brecha de innovación con Estados Unidos y China como uno de los grandes problemas de competitividad de la Unión, y la tecnología se lee cada vez más en clave de soberanía. Esta discusión tiene lugar en paralelo a la negociación de un presupuesto más ajustado, y con varios estados miembros, especialmente los más expuestos a la amenaza rusa, que reclaman un papel mayor de la investigación europea en el desarrollo de capacidades de defensa.
Vegecio aconsejaba a los romanos que, si querían la paz, se prepararan para la guerra. Durante 40 años, el programa marco europeo de I+I ha contribuido a construir la paz cooperando científicamente. Ahora que soplan tiempos de cambios, esperemos saber encontrar el equilibrio entre las exigencias de este mundo cada vez más volátil y el valor del conocimiento compartido como herramienta de progreso.
Añadir VIA Empresa como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad