En pleno 2026, la sostenibilidad ha logrado incrustarse como un concepto inevitable de la gestión empresarial. Sea para cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), las nuevas regulaciones o, simplemente, la voluntad de diferenciarse de los competidores, hoy es común encontrar compañías con un posicionamiento claro en cuestiones medioambientales. Pero en 2009 la situación no era la misma; “en el ámbito privado, la sostenibilidad era algo 100% voluntario y todavía no se percibía el valor añadido”, recuerda el doctor en ciencias ambientales por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), Jordi Oliver. Es en este contexto que el científico, junto con un grupo de investigadores de la universidad, constituyeron Inèdit, una consultora de ecodiseño y sostenibilidad que, diecisiete años después, puede vanagloriarse de ser una de las referentes en Catalunya, con clientes de la talla de Fira de Barcelona, Damm, Ametller Origen o Desigual.
Pero antes de todos estos nombres, la spin-off de la UAB tuvo que dar sus primeros pasos en un contexto de crisis económica. La razón que les impulsó a emprender era doble: por un lado, el equipo ya estaba muy cerca del tejido empresarial e industrial con su investigación aplicada, y por el otro, el mercado no daba muchas más opciones. “Teníamos pocas alternativas: o nos íbamos al exilio académico, haciendo el postdoctorado en otro lugar, o nos lo montábamos por nuestra cuenta”, rememora Oliver, director ejecutivo (CEO) de Inèdit. Es así que, con la experiencia acumulada en la universidad, el equipo de Inèdit empezó a trabajar en forma de empresa en 2009, inicialmente con la administración pública como principales clientes. La consultora ha vivido en piel propia cómo la sostenibilidad ha ido ganando relevancia con el paso de los años: “Hacia 2011, empezamos a enfocarnos más en el sector privado, y ahora ya es más del 80% de la facturación”.
Inèdit empezó a trabajar en 2009 principalmente para el sector público, pero hoy el sector privado ya es "más del 80%" de la facturación
Según Oliver, es entre 2014 y 2016 cuando se empieza a asociar cada vez más la sostenibilidad con conceptos como la competitividad, la innovación, la diferenciación o el valor añadido, un periodo en que su aplicación todavía entraba en “un marco bastante voluntario”. “En aquel momento precovid ya empezamos a ver que si la pyme industrial catalana se tiene que diferenciar, una de las cosas que puede aportar es la sostenibilidad”, asegura el CEO de Inèdit. La nueva etapa de impulso surge después de la pandemia, con el “tsunami regulatorio en el Parlamento Europeo” que ha aplicado nuevas obligaciones medioambientales en sectores como los envases, las baterías, el textil, los muebles o la construcción.
De las métricas al ecodiseño

Toda esta evolución también ha afectado el tipo de servicios que ofrecen desde Inèdit, que se sitúa hoy con una plantilla de 30 personas y un presupuesto de ingresos de 2,8 millones, además de acumular un crecimiento anual medio del 22% desde 2022. En sus inicios, la consultora se centraba principalmente en la economía circular, la descarbonización y el ecodiseño, pero hoy se ha reorganizado en cuatro ámbitos principales. El primero de ellos son las métricas: “Ponemos datos para ayudar a las empresas a tomar decisiones, con metodologías como el análisis del ciclo de vida, la huella de carbono o la huella de agua”. En segunda instancia, la estrategia, un área en que ayudan a “incorporar la sostenibilidad como un elemento de competitividad, diferenciación y valor añadido”, explica Oliver. En este segmento ayudan a las compañías a anticiparse a las futuras legislaciones y a diseñar planes temporales para alcanzar objetivos en materia de cambio climático y de circularidad.
Los dos últimos son el ecodiseño y el territorio circular. En el primero, el equipo de Inèdit ayuda a incorporar un “criterio de prevención” antes de que se generen residuos o se consuman más recursos de los necesarios. Se trata de un ámbito en el que trabajan con varios elementos que afectan a los productos o los embalajes, como la selección de materiales, los sistemas de producción, la reparabilidad, la durabilidad, la reutilización o el reciclaje. Finalmente, el territorio circular es un ámbito asociado principalmente con la administración pública, y se vincula a cómo planificar y gestionar la sostenibilidad de regiones amplias de manera coordinada. “En un territorio conviven diferentes sectores y empresas que pueden tener la máxima eficiencia dentro de sí, pero presentar ineficiencias generales”, apunta Oliver. En este sentido, Inèdit ayuda a las administraciones a conectar mejor los residuos entre sectores y a identificar qué carencias de infraestructuras tienen determinadas regiones, entre otras acciones.
Oliver: “En un territorio conviven diferentes sectores y empresas que pueden tener la máxima eficiencia dentro de sí, pero presentar ineficiencias generales”
¿Pero cómo se traduce todo esto en acciones reales? Oliver lo ejemplifica con dos de los grandes proyectos en los que han trabajado en los últimos años. Uno de ellos es con el grupo Damm, al que “hace más de diez años” que acompañan en el cálculo de la huella de carbono, tanto a escala de organización como de producto. “Tenemos un software, Èdit, que ellos fueron pioneros en la adopción, y les permite tener un cálculo más autónomo y ganar eficiencia en las métricas”, indica Oliver, quien desvela que el grupo cervecero es una de las empresas que “ya trabajaban la sostenibilidad antes de que la regulación les obligara”.
Otro caso, este más reciente, es el de Fira de Barcelona, con quien colaboran para implantar sistemas de reutilización de vasos y platos en las ferias. Han trabajado en varios eventos, como el MWC o Expoquimia, y en cada caso van haciendo ajustes para mejorar el sistema en el siguiente encuentro. “Hacemos muchos proyectos a medida, no tenemos una solución para todo; hacemos investigación, implementamos un piloto, aprendemos y corregimos”, resume el CEO de Inèdit. Pero aquí no acaba la lista: entre los más de 600 clientes para los que ha trabajado la consultoría destacan nombres como Seat, Danone, Coca-Cola, Desigual, Ametller Origen, Grifols, Comsa, L’Oreal, Kave Home o Casa Tarradellas.
Inèdit ha trabajado con más de 600 clientes, entre los cuales se encuentran Grifols, Seat, Ametller Origen o Casa Tarradellas
Esta variedad de compañías ya deja entrever que Inèdit no se enfoca exclusivamente en un único sector económico, sino que trabajan “de forma muy transversal” con toda la economía. Con todo, sí que hay algunos sectores especialmente demandantes de sus servicios: la agroalimentación es señalada por Oliver como “uno de los más importantes” y en el cual trabaja en toda la cadena, “desde el campo hasta el plato”; pero también sobresalen el químico y farmacéutico, los envases, la construcción, la vivienda o la industria.
Donde sí que tienen más concentración de clientes es a escala geográfica: el 60% de los clientes de Inèdit son de Catalunya, mientras que alrededor del 20 y el 25% se sitúan en otros territorios del Estado. Esto no quiere decir que la compañía no trabaje en el extranjero: la firma tiene presencia tanto en América Latina como en otros países europeos, está en varios procesos de licitaciones de las Naciones Unidas y de proyectos de Horizon Europe y ha diseñado la estrategia de economía circular de la región chilena de Tarapacá.

Transversalidad técnica y trayectoria
Este bagaje ha otorgado a Inèdit un sello de diferenciación respecto a otras consultoras ambientales que Oliver sintetiza en dos puntos. El primero es su transdisciplinariedad: “No somos solo ideólogos o ingenieros; estamos a caballo entre sostenibilidad y diseño, cosa que nos permite hacer un acompañamiento desde la estrategia hasta la concreción de soluciones, pasando por las métricas”. El segundo, su trayectoria acumulada, que ya firma una media de 150 proyectos anuales. “El hecho de llevar diecisiete años picando piedra hace que tengamos un reconocimiento y un histórico”, reivindica Oliver, quien asegura que han conseguido generar un “boca a boca” entre los clientes.
En este contexto, la compañía afronta el futuro con el objetivo de “capturar mejor” la demanda de los diferentes sectores en los que trabajan, ya que “estamos en un momento de impás, sobre todo en temas regulatorios”, que provocará que sectores como la construcción o las baterías experimenten pronto la necesidad de cumplir con nuevos requisitos. “El mercado que se abre es muy grande y tenemos que meter la pata”, asegura Oliver.