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Desde Thiruvananthapuram: La India ya juega en la Liga de Campeones espacial

La combinación de costes reducidos, apoyo institucional, talento joven y demanda creciente de servicios satelitales sitúa a la India como un mercado estratégico

En la capital del estado indio de Kerala se encuentra el Centro Espacial Vikram Sarabhai, el germen de la industria espacial del país | photoaliona (iStock)
En la capital del estado indio de Kerala se encuentra el Centro Espacial Vikram Sarabhai, el germen de la industria espacial del país | photoaliona (iStock)
Josep Solano | VIA Empresa
Corresponsal en Tokio
Thiruvananthapuram
08 de Febrero de 2026 - 04:55

El sueño espacial indio no nació en un gran centro de investigación ni en un complejo militar, sino en el patio trasero de una pequeña iglesia católica en Thumba, una modesta aldea de pescadores de Kerala, en el sur de la India, a principios de los años sesenta. Allí, Vikram Sarabhai, padre del programa espacial indio, convenció al rector de la parroquia de Santa María Magdalena para que cediera el edificio y los terrenos adyacentes para instalar una base de lanzamiento de cohetes. El motivo era tan sencillo como estratégico: la proximidad al ecuador magnético terrestre, clave para experimentos espaciales a bajo coste. 

 

La comunidad católica local, formada mayoritariamente por familias de pescadores, aceptó la propuesta sin vacilar. En 1963 se llevó a cabo el primer lanzamiento, y durante años la iglesia sirvió como espacio de ensamblaje e integración de los primeros cohetes indios. Aquel edificio, hoy convertido en museo del Centro Espacial Vikram Sarabhai, es mucho más que una curiosidad histórica: resume el ADN del programa espacial indio, basado en la improvisación inteligente, la eficiencia de costes y la colaboración entre sectores muy diversos.

El hoy museo del Centro Espacial Vikram Sarabhai es mucho más que una curiosidad histórica: resume el ADN del programa espacial indio, basado en la improvisación inteligente, la eficiencia de costes y la colaboración entre sectores muy diversos

Esta manera de hacer, aparentemente modesta, ha acabado convirtiéndose en una ventaja competitiva. Mientras la carrera espacial contemporánea se ha polarizado entre los Estados Unidos y la China -dos gigantes condenados a competir sin cooperar-, la India ha ido construyendo una tercera vía: menos espectacular, pero más sostenible industrialmente, abierta al sector privado y orientada al retorno económico. Es en este contexto que misiones como Chandrayaan o el auge de startups espaciales indias no se han de entender como una excepción, sino como la consecuencia lógica de una estrategia iniciada, simbólicamente, en un patio de iglesia. 

 

Este enfoque, basado en el ingenio y la austeridad, demostró todo su potencial el verano de 2023, cuando la India alcanzó un hito reservado hasta entonces a muy pocos actores globales. Con un presupuesto de unos 69 millones de euros -menos de lo que costó la película Gravity-, el país se convirtió en el cuarto del mundo en aterrizar con éxito en la Luna, después de los Estados Unidos, la antigua Unión Soviética y China. La misión Chandrayaan-3 fue aún más allá al convertir a la India en el primer país en llegar al polo sur lunar, una región especialmente hostil y hasta entonces inexplorada, después del fracaso de una misión rusa con el mismo objetivo. 

Más allá del simbolismo científico, el éxito de Chandrayaan-3 envió un mensaje claro a los mercados y a los inversores internacionales: la exploración espacial avanzada ya no es patrimonio exclusivo de presupuestos descomunales. La India no solo demostraba capacidad tecnológica, sino que consolidaba un modelo industrial exportable, orientado a la eficiencia de costes y al retorno económico, que hoy inspira la apertura del sector privado y explica el auge de startups espaciales con vocación global.

El éxito de Chandrayaan-3 envió un mensaje claro a los mercados y a los inversores internacionales: la exploración espacial avanzada ya no es patrimonio exclusivo de presupuestos descomunales

A pesar de que la India representa todavía una pequeña fracción -en torno al 2%- de una economía espacial global que ya supera los 330.000 millones de euros -y crece a ritmos sostenidos-, y que compite en un mercado dominado por actores privados como SpaceX, que lidera el lanzamiento de satélites comerciales con cohetes reutilizables, el país ha sabido jugar una carta propia. Su potente industria de software se ha convertido en el gran aliado del sector espacial, aportando capacidades en datos, simulación, navegación y servicios digitales que no requieren infraestructuras millonarias.

Este enfoque ha propiciado la aparición de más de un centenar de startups espaciales, muchas de las cuales nacidas a partir de 2021, el año en que la India liberalizó parcialmente el sector y las inversiones privadas se multiplicaron. A través de organismos como IN-SPACe y de reformas legales orientadas a facilitar la inversión extranjera directa, el gobierno indio busca acelerar la transición hacia una industria espacial abierta, competitiva y orientada al mercado, un entorno que empieza a resultar especialmente atractivo para socios tecnológicos e industriales internacionales.

Algunos nombres propios ayudan a entender hasta qué punto este ecosistema ya es una realidad. Skyroot Aerospace, fundada por antiguos ingenieros de la ISRO, se convirtió en 2022 en la primera startup privada india en lanzar un cohete suborbital, y trabaja ahora en cohetes orbitales de bajo coste y parcialmente reutilizables, con el objetivo de ofrecer lanzamientos por debajo de los diez millones de dólares. Una cifra que, sin competir directamente con SpaceX en volumen, abre la puerta a un mercado muy específico: el de microsatélites comerciales, universidades, empresas de datos y gobiernos regionales que buscan acceso al espacio sin presupuestos astronómicos.

Un enfoque similar sigue Agnikul Cosmos, otra startup con sede en Chennai que en 2024 logró lanzar con éxito su primer cohete suborbital desde el puerto espacial privado de AgniKul, dentro del complejo de Sriharikota. Su valor diferencial no es solo el precio, sino el desarrollo de motores impresos en 3D y una arquitectura pensada para reducir plazos y costes de producción. Es un ejemplo claro de cómo la India no intenta copiar el modelo norteamericano, sino adaptarlo a una escala industrial más flexible y accesible.

Pero quizás el caso más revelador para empresas catalanas no es el del lanzamiento, sino el de los datos. Pixxel, especializada en imagen hiperespectral, despliega una constelación de satélites capaces de analizar cultivos, recursos naturales, contaminación o infraestructuras con un nivel de detalle hasta hace poco impensable. Su modelo de negocio no gira alrededor del cohete, sino del software, el análisis de datos y los servicios B2B, un terreno donde el ecosistema tecnológico catalán -desde sensores hasta plataformas digitales- puede encajar de manera natural como socio, proveedor o integrador. 

Para pymes catalanas con experiencia en IoT, ingeniería, GIS o inteligencia artificial, la India ofrece un mercado de escala, costes competitivos y un entorno cada vez más abierto a colaboraciones internacionales

Es precisamente en esta parte de la cadena de valor -datos, sensores, software y servicios aplicados- donde las empresas catalanas pueden encontrar una ventana de oportunidad real. El ecosistema aeroespacial indio no pide tanto grandes contratistas como socios tecnológicos especializados, capaces de aportar valor en campos como la integración de sensores, el análisis de datos geoespaciales, la observación climática, la agrotecnología o la gestión de infraestructuras. Para pymes catalanas con experiencia en IoT, ingeniería, GIS o inteligencia artificial, la India ofrece un mercado de escala, costes competitivos y un entorno cada vez más abierto a colaboraciones internacionales, especialmente en un contexto de entendimiento institucional creciente entre Europa y el país asiático. 

Ahora bien, este potencial no está exento de riesgos. La burocracia, la complejidad regulatoria y los ritmos administrativos continúan siendo una barrera de entrada, especialmente para empresas que no disponen de presencia local o de un socio fiable en el territorio. A esto se suma una competencia creciente —tanto de gigantes globales como de empresas chinas muy agresivas en precio— y la necesidad de entender bien las dinámicas culturales y contractuales del mercado indio. A pesar de todo, para aquellas empresas dispuestas a invertir tiempo, alianzas y adaptación, el balance entre riesgo y oportunidad empieza a jugar a favor.

Que el programa espacial indio naciera en el patio de una iglesia en una aldea de pescadores y hoy compita en la Liga de Campeones de la economía espacial global no es solo una buena historia, sino una lección industrial. La India ha demostrado que la innovación no siempre nace de presupuestos ilimitados, sino de la capacidad de identificar ventajas estructurales, movilizar talento y abrir sectores estratégicos al tejido empresarial. De las misas en la iglesia de Thumba a los satélites que orbitan la Tierra, el hilo conductor ha sido siempre el mismo: pragmatismo, visión a largo plazo y retorno económico. 

De las misas en la iglesia de Thumba a los satélites que orbitan la Tierra, el hilo conductor ha sido siempre el mismo: pragmatismo, visión a largo plazo y retorno económico

Para Catalunya, el mensaje es claro: el espacio ya no es un territorio reservado a las grandes potencias, sino una cadena de valor global donde las empresas medianas y especializadas pueden jugar un papel relevante si saben dónde posicionarse. Ignorar lo que está pasando en la India sería renunciar a una de las pocas regiones del mundo donde el crecimiento, el talento y la apertura industrial avanzan a la vez. En la carrera espacial del segundo tercio de siglo, Catalunya no debería mirar desde la grada, sino decidir si quiere formar parte de este equipo de Champions o asumir el riesgo de quedar fuera.