Entre el 22 y el 26 de febrero de 2026 tuvo lugar una nueva edición de EuroShop en Düsseldorf, probablemente la feria más importante de retail en Europa. Tuve la oportunidad de acompañar a varias empresas catalanas, representantes de cámaras de comercio y compañeros del Departamento de Empresa y Trabajo.
Una constante de la visita −con permiso de los materiales sostenibles− fue la gran cantidad de soluciones de robotización que descubrimos. Antes incluso de coger el avión, ya nos deteníamos delante de Self, la cafetería robótica de la Terminal 1 del Aeropuerto del Prat. Una vez en EuroShop, visitamos el stand del grupo Moure, del Maresme, que presentaba sus tiendas inteligentes Big Fish. También pudimos conocer las últimas novedades de Tally, el robot de Simbe Robotics que hace inventarios. Y, a partir de aquí, muchas otras ideas para automatizar los procesos en punto de venta.
"Si queremos seguir siendo necesarios, solo hace falta que de vez en cuando se nos encienda la bombilla"
Al día siguiente de la vuelta me pasó una cosa curiosa. Cuando arranqué el coche, en el cuadro de mandos se encendió una luz indicando algún problema con las bombillas que iluminan la matrícula. Cosas que pasan. Aquella misma tarde fui a un centro de automoción dispuesto a comprar bombillas nuevas. Pero el caso es que la chica que me atendió, viendo en mi historial de cliente que las había cambiado hacía poco, decidió salir del mostrador e ir a echar un vistazo al vehículo. ¿Resultado? Las bombillas estaban perfectamente. El problema era que el día anterior, justo cuando sacábamos los equipajes del maletero, habíamos golpeado una sin querer, haciendo que quedara desencajada y que los sensores del coche la detectaran como fundida. La chica apretó ligeramente la bombilla para colocarla en su sitio y el testigo del coche se apagó al momento.
La anécdota me hizo preguntarme qué habría pasado si el centro de automoción estuviera atendido por un robot: supongo que me habría servido las bombillas más adecuadas para mi modelo de coche, me habría cobrado y quizás me habría pedido que pulsara el icono de una cara sonriente. Me cuesta imaginar que hubiera sido capaz de intuir que soy un manazas con la mecánica y, a raíz de ello, hubiera decidido reevaluar mi pedido. Sea como sea, la escena demuestra que ser o no ser reemplazados por máquinas dependerá total y absolutamente de nosotros. Si queremos seguir siendo necesarios, solo hace falta que de vez en cuando se nos encienda la bombilla.