Responsable de estudios y nuevos proyectos en el Consorcio de Comercio, Artesanía y Moda de Catalunya

Los jóvenes y otros mamíferos

18 de Enero de 2026
Joan Morera Morales | VIA Empresa

En una sociedad envejecida como la nuestra, costaría encontrar un solo agente económico o social que no esté desesperado por atraer a los jóvenes de la generación Z. Empresas, gremios, escuelas, sindicatos, partidos políticos... Todos necesitan compradores con muchos años por delante, relevo generacional para sus oficios o simplemente nuevos miembros para seguir siendo relevantes.

 

Cuando oigo a los representantes de estas instituciones debatir sobre la importancia de conectar con los jóvenes, a menudo me da la impresión de que hablan de ellos como si se tratara de una especie exótica que debemos atrapar. Y no puedo evitar imaginarles llegando a casa al final del día, sentándose en un sillón en el salón y contemplando orgullosos la cabeza disecada de un joven que tienen colgada en la pared.

El caso es que ver a los jóvenes como una especie de presa que debemos estudiar nos lleva a cometer errores recurrentes:

 

Primer error. Imitar su lenguaje, códigos y comportamiento. Los chicos y chicas no son una bandada de patos a la que un cazador puede acercarse si previamente se ha recubierto de plumas. Si colgamos el vídeo de un político "bailongo" en TikTok, no solo pasarán de nosotros, también pensarán que los tomamos por tontos.

Segundo error. Pensar que toda la juventud es un único target. Que muchos de ellos se vistan y se peinen igual no significa que piensen lo mismo. Tendemos a buscar fórmulas mágicas que “lleguen a los jóvenes”, pero raramente pensamos a qué perfil de jóvenes nos dirigimos

Tercer error. Olvidarnos de cuando éramos jóvenes. Nos centramos en aquello que distingue a la juventud actual –el uso intensivo de las redes sociales, el último vídeo de Rosalía...–, y nos olvidamos de los atributos que toda la vida han sido inherentes a la condición: los jóvenes son curiosos, quieren experimentar, quieren conocerse a sí mismos, piensan más en el hoy que en el mañana.

"Evitar estos errores quizás pasa porque los adultos dejemos que las propuestas para jóvenes las lideren simplemente otros jóvenes"

Cuarto error. Nos creemos más listos que ellos. Les hacemos encuestas o workshops para saber qué piensan; pero lo hacemos con la intención de conocer a nuestra presa y aprender a manipularla, no porque nos importe realmente qué piensan los jóvenes. Interpelarles de igual a igual es una primera demostración de respeto que a buen seguro valorarán.

Evitar estos errores quizás pasa porque los adultos dejemos que las propuestas para jóvenes las lideren simplemente otros jóvenes. Eso sí, una vez hayamos apostado por esta fórmula, hagamos al menos el esfuerzo de buscar formas de asegurarnos visibilidad que no consistan en ensuciarles la web con una pila de logotipos institucionales.