Hace años que en Catalunya hablamos de industria y, últimamente, lo hacemos con palabras gruesas: reindustrialización, soberanía productiva, valor añadido, talento. Pero a menudo pasamos por alto una evidencia incómoda: una parte importante de la base productiva trabaja en polígonos que no están a la altura del relato.
Cuesta retener y atraer inversiones si las empresas tienen que operar con pavimentos degradados, alumbrado insuficiente, falta de limpieza, problemas de aparcamiento, inseguridad, trámites lentos y, sobre todo, con la sensación de que el entorno donde producen no es una prioridad real de la política pública.
"Cuesta retener y atraer inversiones si las empresas tienen que operar con la sensación de que el entorno donde producen no es una prioridad real de la política pública"
Desde la Cecot hemos querido ponerle datos y voz empresarial con un informe que aspira a ser una herramienta de trabajo para las diferentes administraciones. El diagnóstico es nítido: los polígonos industriales son un activo clave para la competitividad del país, pero arrastran carencias que no son anecdóticas, sino estructurales. Y, si no actuamos con determinación, el coste será alto: inversiones que no llegan, talento que se va y oportunidades que se desplazan a otros territorios.
El entorno físico: cuando el desinterés se paga caro
La primera realidad que las empresas nos trasladan es tan simple como contundente: en muchos polígonos, el estado físico es mediocre o claramente deficiente. Pavimentos y aceras deteriorados, drenajes que fallan cuando llueve con intensidad, alumbrado obsoleto y una imagen general que no encaja con un país que aspira a competir en industria avanzada.
A todo esto se añade un parque de naves envejecido, a menudo lejos de los requisitos actuales de logística, seguridad o eficiencia energética. Y la presencia de amianto, todavía demasiado habitual, frena decisiones de inversión y obliga a planificar sustituciones costosas.
"La presencia de amianto, todavía demasiado habitual, frena decisiones de inversión y obliga a planificar sustituciones costosas"
No es una cuestión estética. Cuando una empresa decide dónde ampliar una línea de producción o ubicar un nuevo centro logístico, estos factores pesan. Si otros territorios ofrecen polígonos modernizados, servicios fiables y tramitaciones más ágiles, la balanza se decanta hacia fuera.
Por eso, desde el mundo empresarial reclamamos dos decisiones estratégicas:
- Un plan de inversión específico para los polígonos industriales, con dotación definida y continuidad en el tiempo
- Un plan renove de naves industriales que impulse la rehabilitación, la retirada de amianto, la mejora energética y la adecuación funcional, con incentivos, soporte técnico y tramitación prioritaria
No se trata de hacer grandes anuncios puntuales, sino de asegurar una línea estable de recursos que vaya poniendo al día el suelo industrial, polígono a polígono.
Limpieza y mantenimiento: la ciudad productiva también es ciudad
Hay un mensaje que se repite casi en todos los polígonos: la sensación de que la limpieza, el mantenimiento y el ajardinamiento quedan fuera del radar de la ciudad. Menos frecuencia de limpieza viaria, zonas verdes residuales y mal mantenidas, sumideros que solo se revisan cuando hay un problema grave, espacios intersticiales convertidos en puntos de suciedad…
Cuando esto ocurre en una calle céntrica, se activa enseguida la alarma social. Cuando ocurre en un polígono, demasiadas veces se relativiza. Pero para las empresas, para los trabajadores y para los clientes que acceden cada día no es un mal menor.
La petición es muy concreta:
- Integrar los polígonos plenamente en la planificación ordinaria de limpieza y mantenimiento, con estándares y compromisos de servicio medibles
- Establecer canales estables de coordinación con las asociaciones de polígonos para priorizar actuaciones y hacer seguimiento de la calidad del servicio
Los polígonos no son un anexo del mapa urbano: son ciudad productiva y hay que tratarlos como tal.
Seguridad, movilidad y aparcamiento: competir también es poder operar con normalidad
En seguridad, el mensaje es igualmente claro: robos recurrentes —especialmente de cobre y materiales de valor—, una iluminación insuficiente y baja actividad fuera de horas punta alimentan una sensación de desprotección que impacta en los costes y en la confianza.
No es razonable pedir a una empresa que consolide o amplíe actividad si percibe que su entorno inmediato es vulnerable y que las respuestas son lentas o poco coordinadas. La seguridad en los polígonos debe ser una línea de trabajo específica, no una derivada de las políticas generales.
"No es razonable pedir a una empresa que consolide o amplíe actividad si percibe que su entorno inmediato es vulnerable y que las respuestas son lentas o poco coordinadas"
La movilidad es el otro gran factor invisible. Accesos mal dimensionados, conflictos entre tráfico pesado, vehículos privados, carriles bici y peatones, déficit crónico de aparcamiento para trabajadores y para vehículos industriales, o el impacto de actividades no industriales que colapsan el tráfico. Todo ello tiene una traducción directa: tiempo perdido, costes añadidos y tensiones diarias que restan productividad.
Recolocar la movilidad y el aparcamiento de los polígonos en la agenda no es una reivindicación sectorial: es una condición para competir en mercados donde la eficiencia logística y la puntualidad son críticas.
Administración, planificación y retorno: la confianza también se construye con datos
Otra demanda recurrente de las empresas y de los colectivos empresariales es la simplificación administrativa. Procedimientos largos, fragmentados y poco previsibles, con demasiados interlocutores, hacen que obtener una licencia de actividad o de obras se convierta —demasiado a menudo— en un freno.
Cuando una ampliación o una nueva implantación tiene que recorrer un camino administrativo incierto, el coste de oportunidad es claro: proyectos que se posponen, que se redimensionan o que, directamente, se acaban desplazando a otros municipios o territorios.
La propuesta es concreta y realista:
- Avanzar hacia una ventanilla única para el suelo industrial, con criterios claros, plazos de respuesta comprometidos y un seguimiento transparente
- Diferenciar y agilizar los trámites vinculados a proyectos que mejoran la seguridad, la sostenibilidad o la eficiencia energética
Y todavía falta una herramienta que hoy no existe y que sería determinante para ordenar el debate: las balanzas fiscales para polígonos industriales. Es razonable que las empresas puedan saber cuál es su aportación al municipio en impuestos y tasas y qué retorno reciben en forma de mantenimiento, inversiones y servicios a su entorno productivo.
"Es razonable que las empresas puedan saber cuál es su aportación al municipio en impuestos y tasas y qué retorno reciben en forma de mantenimiento, inversiones y servicios a su entorno productivo"
Sin datos, se impone la sensación de que la industria sostiene una parte importante de la estructura fiscal de muchos municipios, pero que esto no siempre se traduce en el trato ni en la priorización de inversiones. Con datos, en cambio, se puede abrir un debate más objetivo y orientado a resultados.
Energía, residuos y talento: los polígonos como laboratorios de la nueva economía
Si miramos hacia adelante, los polígonos deberían ser un espacio privilegiado para desplegar proyectos de transición energética —comunidades energéticas, generación compartida, autoconsumo colectivo— y de economía circular —gestión mancomunada de residuos, aprovechamiento de subproductos, logística compartida—. Hoy, sin embargo, muchas de estas iniciativas chocan con la falta de instrumentos operativos pensados a escala de polígono, con una regulación compleja y con la ausencia de estructuras de gobernanza suficientemente consolidadas.
Con el talento pasa algo similar: el desajuste entre la oferta formativa y la demanda real, sumado a las dificultades de acceso en transporte público, penaliza la capacidad de las empresas para contratar y retener perfiles técnicos e industriales.
Convertir los polígonos en espacios líderes en energía, circularidad y talento no es solo posible: es necesario si queremos que Catalunya mantenga una base industrial sólida los próximos años.
Un cambio de mirada imprescindible
Desde la Cecot, en el contacto diario con empresas y colectivos empresariales, lo vemos claro: el futuro industrial de Catalunya no se decidirá solo con grandes estrategias o titulares sobre sectores de moda. Se decidirá, sobre todo, en la capacidad de cuidar, modernizar y gestionar con visión de largo plazo los espacios donde hoy se produce la actividad: los polígonos industriales.
No estamos ante una lista de agravios, sino de una agenda de trabajo concreta. Sabemos qué falla, sabemos qué hay que mejorar y sabemos que hay empresas dispuestas a implicarse si encuentran una administración que escucha, planifica, prioriza y rinde cuentas.
"Hay empresas dispuestas a implicarse si encuentran una administración que escucha, planifica, prioriza y rinde cuentas"
Los polígonos industriales no pueden seguir siendo percibidos como el patio trasero del país. Si queremos que Catalunya siga siendo industrialmente competitiva, es necesario que esto se note en los presupuestos, en las decisiones y en el día a día de la gestión pública.
Esta es la llamada de la Cecot: pasar del discurso a la acción y situar los polígonos industriales en el centro de la política económica, por lo que realmente son: una infraestructura crítica para el progreso económico y social de Catalunya.