Profesor de la UPF Barcelona School of Management

'Accountability': el factor invisible del éxito profesional

24 de Julio de 2026
 EVA7486

Ahora que se cumplen 25 años del Oscar a Julia Roberts por su interpretación en Erin Brockovich, quizás vale la pena recuperar una de las grandes lecciones que nos dejó aquella película. Basada en hechos reales, explica cómo una secretaria de un pequeño despacho de abogados acaba destapando uno de los escándalos ambientales y de salud pública más importantes de Estados Unidos. Pero más allá de la denuncia, la historia pone en valor una cualidad profesional extraordinariamente valiosa: la capacidad de una persona para hacerse cargo de un problema de principio a fin. No porque forme parte estrictamente de sus funciones, sino porque decide asumirlo como propio hasta encontrar una solución.

 

Hoy esta virtud se ha popularizado bajo el anglicismo accountability. Aunque a menudo se traduce como “responsabilidad” o “rendición de cuentas”, la verdad es que el concepto va mucho más allá. Tal como explica la consultora Randstad, no consiste solo en cumplir las tareas asignadas, sino en implicarse personalmente en el proceso y en el resultado. De hecho, es la diferencia entre limitarse a ejecutar un trabajo o hacerse cargo de un asunto hasta que queda resuelto, sin buscar excusas ni trasladar la responsabilidad a terceros.

Precisamente aquí radica su valor. La accountability representa el punto de encuentro entre dos aspiraciones que, lejos de ser incompatibles, se necesitan mutuamente. Por un lado, las organizaciones buscan profesionales comprometidos, capaces de implicarse más allá del mínimo exigible. Por otro, las personas reclaman cada vez más autonomía y margen de decisión. Porque difícilmente habrá involucración si no existe confianza. Pero tampoco tiene mucho sentido delegar si nadie está dispuesto a responder por las consecuencias de sus decisiones.

 

"Delegar no es simplemente repartir tareas; es transferir responsabilidad y espacio para actuar"

Por eso la accountability no depende solo de las personas. También es una consecuencia del liderazgo y de la cultura organizativa. Hacen falta profesionales dispuestos a responsabilizarse de los proyectos, pero también directivos capaces de empoderar de verdad. Porque delegar no es simplemente repartir tareas; es transferir responsabilidad y espacio para actuar. Solo cuando estas dos actitudes se encuentran es posible construir organizaciones más ágiles y más orientadas a los resultados.

Quizás por eso Erin Brockovich sigue siendo una historia tan inspiradora un cuarto de siglo después. No porque presente una heroína excepcional, sino porque recuerda una idea poderosa, y es que los grandes cambios suelen empezar cuando alguien deja de preguntarse de quién es un problema y decide hacerse cargo de él. Al fin y al cabo, las organizaciones siempre necesitarán buenos profesionales. Pero las excelentes se reconocen porque han logrado construir una cultura donde los retos no buscan culpables, sino personas dispuestas a llevarlos hasta el final.

Añadir VIA Empresa como fuente preferida de Google de forma gratuita  

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad  

 
Activar ahora