Quizás estás perdiendo dinero, y no lo sabes. Muchas empresas pierden dinero sin saberlo. O, como mínimo, ganan menos de lo que deberían ganar. Y el problema es que no saben el porqué, o no se detienen a pensar en cómo afrontarlo. Solo sienten que el dinero no cunde como cundía antes, pero no entienden que los datos que miran son falsos o, al menos, incompletos.
Desde 2021 hasta ahora, los precios han subido un 20%, aproximadamente. Esto significa que si el beneficio neto de una empresa se mantiene desde entonces, gana cerca de un 17% menos de lo que debería ganar para hacer las paces con el pasado. De la misma manera, si se miran los resultados de este primer semestre y, al compararlos con el año anterior, no se tiene presente que la inflación interanual está por encima del 3%, si los beneficios no han aumentado ese 3% se ha perdido dinero. Y lo mismo ocurre con la tesorería: si se mantiene estable o no ha crecido al ritmo de la inflación (como mínimo), implica que se tiene menos capacidad de compra, inversión o, simplemente, maniobra.
Cada vez que explico esto a un empresario me mira con cara de póquer y me dice que lo entiende, pero, la realidad, es que su empresa continúa anclada en los tres millones de euros de facturación y los 300.000 euros de beneficio neto ficticio, porque el real (descontada la inflación) es de 250.000 euros. Cuando hace el cálculo, la cara le cambia.
"En la empresa, el desconocimiento o el ego nos impiden ver que el negocio no va tan bien como debería ir, y que vender más y con más margen no es una elección sino una obligación"
Hemos aprendido a convivir con ello en casa. Pero, en la empresa, el desconocimiento o el ego nos impiden ver que el negocio no va tan bien como debería ir, y que vender más y con más margen no es una elección sino una obligación, si queremos estar ahí dentro de unos años y queremos mantener o mejorar nuestro estilo de vida.
Ya lo decía Peter Drucker en Managing in Turbulent Times: muchos empresarios y directivos dan por ciertos unos hechos que no solo no lo son, sino que son, en el mejor de los casos, medias verdades. Esto significa que, sobre todo en periodos inflacionarios (y un 20% de inflación en cinco años lo es), es necesario ajustar ventas, compras, activos, pasivos y ganancias a la inflación para tener una imagen real de la situación financiera de la empresa. También cuando leemos noticias donde nos dicen que ciertas empresas han tenido "beneficios récord", o que un país "exporta más que nunca". Todo son titulares que llevan al engaño, porque no expresan la realidad. Si aquella empresa de las noticias gana un 10% más que hace cinco años y las exportaciones del país han aumentado un 15%, la noticia no es buena, sino mala.
Oiremos a gente diciendo que, al fin y al cabo, se sigue ganando dinero, o a contables defender que como no sabemos el dato exacto de la inflación para nuestro sector es inútil ajustar. Pero la realidad es que cuando se empieza a notar en casa (no solo en la empresa) el sufrimiento solo se lo lleva el empresario. Sí, algunos dirán que sigue teniendo un buen sueldo y que sigue cobrando los mismos dividendos, pero ya no le llega a tanto como antes.
La contabilidad debe ser valiosa, no solo útil. Y esto es lo primero que un empresario debe entender y aplicar. Sin esconderse.
Los estados financieros que da el software tienen una función: cumplir con la administración. Son útiles, pero no para quien dirige. El empresario necesita que la contabilidad le explique la realidad, más allá de si cumple o no determinados criterios contables. Y la inflación es un factor clave en tiempos como los actuales, donde los márgenes se estrechan en muchos sectores y donde las turbulencias geopolíticas mueven el tablero de juego constantemente. La contabilidad que solo sirve para cumplir con Hacienda empobrece el criterio de quien decide. Y, en un contexto inflacionario, decidir con datos falsos sale caro.
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