Economista y asesor en crecimiento rentable y liderazgo proactivo

Una mala copia no es sucesión, es inercia

13 de Mayo de 2026
Oriol López | VIA Empresa

Desde adolescente que soy fan de la música de Led Zeppelin, y una de las canciones que siempre me han gustado más fue D'yer Mak'er. La canción, sin embargo, pasaba sin pena ni gloria ante mí, y me resistía a encontrarle el punto que tenía ante otras piezas del grupo. Por eso, cuando escuché la versión que Sheryl Crow hizo, me dije a mí mismo que no podía ser que esta canción pasara desapercibida. No soy ningún experto musical, pero siempre he pensado que las versiones musicales bien hechas son capaces de hacerte redescubrir la canción gracias a darle una mirada diferente que haga brillar el original.

 

La sucesión empresarial debería funcionar igual. Y pocas veces funciona así.

Daniel y Jordi entraron en la empresa muy jóvenes, y trabajaron con ahínco para hacerse un hueco en esta, a la sombra de su padre, que mantenía un control férreo sobre la propiedad y las grandes decisiones. El padre, un hombre hecho a sí mismo, había construido un negocio de distribución sólido, que durante más de treinta años había alcanzado cifras de facturación crecientes año tras año, hasta dejarla en los seis millones de euros, cuando murió. La forma de hacer del padre estaba basada en la relación personal con cada cliente, decisiones rápidas y centralizadas, en él y en un instinto comercial que difícilmente se puede aprender en los libros.

 

Jordi, que era el comercial y el director general a la vez, lo admiró toda la vida. Y cuando llegó el momento, hizo lo que le parecía natural: imitarlo. Diez años después, la empresa funciona. Factura aproximadamente lo mismo y tiene unos beneficios similares. Paga las nóminas y el estilo de vida de los dos hermanos, que disfrutan de un buen patrimonio, a costa, eso sí, de un ritmo de trabajo cada vez más intenso y que parece no reducirse. Ambos hermanos tienen la sensación de que hace años que corren en una cinta que nadie decidió poner en marcha. Y empiezan a ver que esta no es la vida que quieren vivir.

Desafortunadamente, esta historia es más común de lo que nos gustaría, y descansa sobre un problema que toda sucesión debe afrontar: la sucesión solo funciona cuando quien cede el poder y quien lo toma tienen claro que este debe ser lo suficientemente amplio para que la nueva generación construya su propia empresa, con sus propias reglas y, sobre todo, con sus propios objetivos.

"La sucesión solo funciona cuando quien cede el poder y quien lo toma tienen claro que este debe ser lo suficientemente amplio para que la nueva generación construya su propia empresa"

Hay una diferencia profunda entre continuidad e inercia. La continuidad implica una elección consciente: sé de dónde vengo, entiendo por qué funcionaba, y decido preservarlo porque todavía tiene sentido. La inercia no elige nada. Simplemente continúa. Y a menudo lo hace porque cambiar daría la sensación de traicionar a quien construyó todo aquello. En el caso de Jordi y Daniel, la lealtad al padre acaba siendo, paradójicamente, deslealtad a la empresa.

Sheryl Crow no tocó D'yer Mak'er nota por nota. Tomó la esencia y le dio una voz propia. Y precisamente por eso la canción brilló de una manera que a mí, personalmente, me había pasado por alto durante años. El legado no es la partitura. Es la música. Y Sheryl Crow llevó esta canción a nuevos públicos y nuevos horizontes. Muchos no saben ni que era una canción de Led Zeppelin, y eso no es necesariamente malo, porque significa que la canción (como la empresa) trasciende a sus autores o intérpretes.

"La sucesión no es una oportunidad de preservar: es una oportunidad de revisar el pasado y reinventar el futuro"

La sucesión no es una oportunidad de preservar: es una oportunidad de revisar el pasado y reinventar el futuro. No significa destruir lo que el padre construyó, sino tener la valentía de preguntarse si, si lo estuvieras construyendo hoy, lo harías exactamente igual. Y si, al final, decides mantener el camino, lo haces conscientemente, dando continuidad al negocio, y no dejándote llevar por la inercia.

Y reconocerlo no es una traición. Es, de hecho, la única manera de hacerle honor de verdad.