Cuando hace muchos años, en otra vida, trabajaba en publicidad, un día vi el mal. No es que no lo hubiera visto nunca antes; es que aquel día le vi la cara. Fue en una reunión con el equipo de marketing de una conocida multinacional de licores para la que estábamos preparando una campaña de radio y web. Faltaban todavía más de diez años para las redes sociales.
El objetivo era incrementar las ventas de un conocido aperitivo alcohólico penetrando en las capas más jóvenes de la población, entrando a competir con la cerveza como “copa de entrada” al alcohol. Se me ocurrió comentar que todos sabíamos que la primera cerveza se bebe mucho antes de los dieciocho años. Después de un silencio incómodo, alguien de marketing dijo: “Oficialmente, nos dirigimos a los mayores de dieciocho”.
Han pasado muchos años y todavía pienso en ello. Sobre todo viendo cómo ha evolucionado la tecnología de internet, que en aquellos años techno-happy-flower creíamos liberadora.
Aquel baño de realidad que tuve a los 30, siendo todavía un bobalicón integral, parece que lo han tenido esta semana unos cuantos trabajadores de Silicon Valley que, contando que son infinitamente menos bobalicones que yo, quizás lo deberían haber tenido antes. Lo sabemos por la carta Tech demands ICE out of our cities, en la que condenan la muerte de Alex Pretti en Minneapolis a manos de miembros del ICE, las patrullas paramilitares de Trump, y la posterior manipulación que ha hecho su administración.
"Parece que dos muertos a tiros en dos semanas han hecho que muchos le hayan visto la cara al mal"
Los firmantes piden a sus ejecutivos en jefe y altos directivos: 1) que cojan el teléfono y llamen a Trump para que el ICE abandone las ciudades donde se ha desplegado; 2) que las empresas tecnológicas cancelen todos los contratos con la agencia; y 3) que hagan una declaración pública contra su violencia. Entre los firmantes hay trabajadores de Google, Amazon, OpenAI, Anthropic, Spotify, Adobe, Salesforce o Microsoft. En el momento de escribir estas líneas, ya supera los 800 firmantes. Parece que dos muertos a tiros en dos semanas han hecho que muchos le hayan visto la cara al mal.
La carta es relevante. Primero, porque la presión que los firmantes piden a sus jefes funciona. En octubre, cuando Trump amenazó con enviar la Guardia Nacional a San Francisco, los ejecutivos en jefe de las grandes tecnológicas lo pararon con unas cuantas llamadas. Las llamadas debieron ser así: "Presidente, sería una lástima que no pudiéramos seguir dando servicio a su policía por culpa de que los agentes del ICE nos detengan trabajadores. ¿Verdad que no nos haremos daño?". Y es que muchos de estos trabajadores forman parte de empresas que hacen posible que el ICE funcione —y hasta que exista. El agente que mató a Alex Pretti apretó el gatillo, pero la bala la había cargado mucho antes Palantir en la nube de Amazon.
"El agente que mató a Alex Pretti apretó el gatillo, pero la bala la había cargado mucho antes Palantir en la nube de Amazon"
Sí: la misma empresa simpática que te trae más paquetes de los que necesitas y que, de paso, te regala un canal de series y películas, es también la que aloja las bases de datos que el ICE utiliza para perseguir inmigrantes. Bases de datos creadas y mantenidas por Palantir, alimentadas con registros públicos y privados: historial de inmigración, relaciones familiares, conexiones personales, actividad en redes sociales, direcciones, registros telefónicos, datos biométricos, tarjetas de fidelización, e incluso la última vez que fuiste al gimnasio. Lo sabemos gracias a una investigación de 404 Media que ha podido acceder a las declaraciones de un agente del ICE en un caso de una detención de octubre de 2025 que está judicializada.
Todo esto conforma lo que Palantir denomina ImmigrationOS, un sistema operativo pensado para la represión sobre el que corre ELITE (Enhanced Leads Identification & Targeting for Enforcement), una aplicación de análisis y geolocalización diseñada para identificar y priorizar personas a detener y, sobre todo, para señalar barrios enteros donde estadísticamente “salga a cuenta” hacer redadas para poder cumplir la cuota de detenciones que imponen a cada comando. Lo llamaron ELITE porque “Google Maps del Terror” habría sido demasiado explícito.
Un dato: Palantir es la empresa cofundada por el multimillonario de origen alemán Peter Thiel, uno de los primeros grandes nombres de Silicon Valley en dar apoyo abiertamente a Donald Trump ya en 2016. Su turbocapitalismo libertario le lleva a repetir, sin rubor, que “ya no creo que libertad y democracia sean compatibles”. El nombre de su empresa no engaña: los palantiri son las piedras que, en El Señor de los Anillos, permiten a su poseedor “ver de lejos”. En la saga acaban asociados a la mirada omnipresente del poder. En abril de 2025, el ICE adjudicó a Palantir un contrato de unos 30 millones de dólares para el ImmigrationOS, para “ver de lejos”.
"Palantir es la empresa cofundada por el multimillonario de origen alemán Peter Thiel, uno de los primeros grandes nombres de Silicon Valley en dar apoyo abiertamente a Donald Trump ya en 2016"
El pasado sábado, mientras el mundo veía consternado la muerte de Alex Pretti en directo en los móviles, el consejero delegado de Amazon, Andy Jassy, asistía en la Casa Blanca al pase de Melania, el documental sobre la primera dama de los Estados Unidos. Amazon ha pagado 40 millones de dólares por la producción —28 los ha cobrado la protagonista— y añadirá otros 35 para el estreno en 27 países. Es muy improbable que la recaudación del film cubra el coste, pero le da igual, porque en realidad estamos hablando de inversión: Amazon tiene garantizados los próximos años contratos multimillonarios por el soporte, entre otros, a la infraestructura tecnológica que utiliza el ICE.
La muerte de Alex Pretti y el documental de Melania Trump son dos noticias que, de lado, se entienden mejor. Mors tua, vita mea, que traducido quiere decir: tu muerte, mi facturación.