Etnógrafo digital

Mi predicción para 2026 es 1648

08 de Enero de 2026
Act. 09 de Enero de 2026
Josep Maria Ganyet | VIA Empresa

El 2026 tampoco será el futuro. Recordemos que vamos 26 años tarde en cuanto al tema. “Nos prometieron colonias en Marte y todo lo que nos han dado es Facebook”, se lamentaba hace unos años Buzz Aldrin, el segundo hombre en caminar sobre la Luna. Hablaba con conocimiento de causa.

 

Según 2001: Una Odisea del Espacio, en el año 2000 ya tendríamos supercomputadoras tan inteligentes como nosotros, eso que hoy llamamos inteligencia artificial general; y según La Guerra de las Galaxias, vehículos autónomos, robots humanoides y espadas láser. ¿A qué distancia estamos del futuro en este 2026? Vamos por partes.

La IA toca de pies en tierra

Tras la euforia interesada de los últimos años provocada por la IA generativa, parece que en 2026 la IA seguirá dos vías. Hay que recordar que hay muchas más ramas de la IA que la generativa y, en consecuencia, muchas más aplicaciones. Por un lado, está la vía especulativa, pero es la de los inversores que no entienden ni las competencias reales de la IA ni sus límites. Por esta vía seguiremos viendo cómo se infla aún más la burbuja de la IA, si no es que no estalla definitivamente este 2026.

 

Por otra parte, todo parece indicar que habrá una adopción real de la IA por parte de las empresas en tareas no críticas. El informe del MIT sobre la adopción empresarial de la IA Gen en 2024 fue realmente desalentador: solo un 5% de los prototipos de IA llegaban a producción (muestra del mercado norteamericano, el más maduro).

"Solo un 5% de los prototipos de IA llegaban a producción (muestra del mercado norteamericano, el más maduro)"

En cuanto a la IA del HAL de 2001, la inteligencia artificial general, la seguimos dejando para la ciencia ficción y para los vendedores de humo de Silicon Valley que continuarán degradando su definición para justificar que cualquier chatbot verborreico ya ha llegado a ella.

Por tanto, toca adopción pragmática, que al tener impacto en el mercado laboral irá acompañada de debates sociales: el impacto de la IA en el empleo se hará más evidente y entrará en la agenda política más allá del impacto en la geopolítica actual. Atención también al papel de una Europa atacada por tierra, mar y datos por Rusia y los EE. UU. A la Ley de la IA, que entrará plenamente en vigor en agosto de 2026, le tocará hacer algo más que regular los usos de alto riesgo y garantizar que la IA se desarrolle de manera segura y ética.

Avance controlado de los vehículos autónomos

En el campo de los vehículos autónomos, 2026 traerá progresos, pero no habrá automóvil sin conductor fuera de entornos muy controlados. Mayoritariamente, continuaremos muriendo en la carretera por méritos propios. Reguladores en todo el mundo ya han rebajado expectativas: el Reino Unido, por ejemplo, ha retrasado el objetivo de aprobar la conducción totalmente autónoma hasta 2027, y Europa mantiene una actitud prudente. Estados Unidos y China, donde ya circulan robotaxis en algunas ciudades, prevén este 2026 añadir nuevas ciudades a la lista. En Europa, Stellantis y Bolt probarán furgonetas autónomas de nivel cuatro durante el año.

Cabe recordar que los niveles de conducción son seis, según la escala definida por la SAE, y que demasiado a menudo se mezclan de manera interesada en el discurso comercial (los vendedores de coches saben mucho de vender). El nivel cero es la conducción completamente manual; el nivel uno incorpora asistencias puntuales como el control de crucero adaptativo; el nivel dos -el más habitual hoy- combina varias ayudas (dirección y aceleración), pero exige atención constante del conductor; el nivel tres permite al vehículo asumir la conducción en situaciones concretas, pero obliga al conductor a retomar el control si el sistema lo pide; el nivel cuatro ya es autonomía casi total, pero limitada a entornos muy controlados (zonas geográficas, buen tiempo, velocidades reducidas); y el nivel cinco sería la autonomía completa, en cualquier contexto, sin volante ni pedales. Estamos lejos de esto

"Mayoritaria, seguiremos muriendo en la carretera por méritos propios. El Reino Unido, por ejemplo, ha retrasado el objetivo de aprobar la conducción totalmente autónoma hasta 2027, y Europa mantiene una actitud prudente"

En Europa, todavía nos movemos mayoritariamente entre los niveles dos y tres, mientras que el relato de futuro a menudo habla como si el nivel cinco fuera inminente. No lo es. Y no lo es tanto por una cuestión tecnológica -que avanza- como por una combinación de responsabilidad legal, seguridad, regulación y aceptación social. El 2026 seguirá siendo, pues, un año de promesas moderadas y de pruebas piloto, más que de revolución en la calle, como el mentiroso compulsivo de Elon Musk lleva prometiendo desde 2015, cuando afirmó que “la conducción autónoma es un problema resuelto”.

Los robots van a la fábrica

El sector de los robots humanoides podría pasar del prototipo a la realidad industrial en 2026. No los de Elon Musk, que anunciados como un hito inminente, el proyecto ha ido desplazando plazos -del 2024 al 2025 y más allá- mientras se rebajan expectativas y se admite implícitamente que el salto de la demo a la producción real es mucho más complejo de lo que sugieren las presentaciones con actores vestidos de licra. La compañía Boston Dynamics —con un mejor currículum de vídeos en YouTube y de cumplimiento de plazos— ha anunciado la producción en masa de su robot bípedo Atlas, con planes de desplegar decenas de miles en plantas del grupo Hyundai en los próximos meses.

Tengamos claro que los robots humanoides tal como están hoy todavía son prototipos que necesitan supervisión humana, y por lo tanto las primeras aplicaciones han de ser necesariamente en entornos controlados (fábricas, almacenes) con tareas repetitivas. En 2026 veremos las primeras integraciones, aunque costará distinguir entre la realidad, la ficción y el marketing, valga la redundancia. Veremos también qué papel juega el factor humano y las fricciones sociales.

Retorno al pasado

Es paradójico ver cómo esta voluntad de ir hacia el futuro -flecha adelante del tiempo- impulsa una regresión a tiempos pretéritos -flecha atrás en el tiempo-, que hasta ahora parecía de décadas, pero que viendo el panorama es de siglos. La tecnología nunca ha sido solo la manera de solucionar los problemas de las personas, sino que también ha sido un instrumento de poder. Desde el hierro, cuando unos cuantos solo tenían bronce, hasta el capitalismo de vigilancia en época de datos masivos, computación en la nube e IA. Pero podría no ser tan paradójico: ¿es compatible que una regresión nos lleve al futuro y que las tecnologías del futuro nos lleven al pasado? Sí. Más que nada porque ya ha pasado.

"La actual carrera tecno-militarista, enmarcada en una situación geopolítica regresiva, podría impulsar tecnologías de futuro, y podría ser muy rápida si la velocidad de regresión es un indicador"

La carrera por la bomba atómica impulsó el desarrollo de los ordenadores (Oppenheimer necesitaba los ordenadores que diseñó Von Neumann, cuya arquitectura es la de los ordenadores actuales) y la Guerra Fría hizo que Buzz Aldrin caminara sobre la Luna (todo sale del Sputnik soviético pasando por encima de EE. UU. en 1957). De manera análoga la actual carrera tecno-militarista, enmarcada en una situación geopolítica regresiva, podría impulsar estas y otras tecnologías de futuro. Y podría ser muy rápido si la velocidad de regresión es un indicador.

El desacomplejado imperialismo norteamericano, chino, israelí y ruso, tanto militar como digital, no solo nos lleva al mundo de ayer, el de antes de la Sociedad de Naciones de 1919, sino que nos lleva a 1648, antes de la Paz de Westfalia, donde las naciones-estado se reconocían la soberanía y el derecho a la no agresión. No viene de la violación de la soberanía territorial de Palestina, Ucrania y Venezuela, que también; viene del imperialismo digital al que estamos todos sometidos desde que tenemos Internet. Por cierto, un invento del Departamento de Defensa de EE. UU., hoy Departamento de Guerra.