El Brexit ha cumplido diez años y el ex-primer ministro “tory” John Major ha hecho unas declaraciones contundentes. Major es respetado porque negoció el Tratado de Maastricht, que transformó la Comunidad Económica Europea en la actual UE.
Major era un euroescéptico moderado contrario a una Europa federal que negoció importantes excepciones para el Reino Unido, pero siempre defendió que los intereses británicos se protegían mejor desde dentro de la UE que desde fuera. Su balance es el de un dirigente conservador moderadamente europeísta, pero por encima de todo pragmático.
Major ha hecho la crítica más dura del Brexit: no ha cumplido ninguna de sus promesas. Hoy el Reino Unido no es más rico, no es más soberano -no tiene más fuerza negociadora- y no controla mejor sus fronteras: desde 2016 han disminuido los inmigrantes de la UE, pero han crecido mucho los de otros continentes.
Major estima el coste anual del Brexit en 100.000 millones en comercio perdido y en 40.000 millones en ingresos fiscales, una pérdida de capacidad de financiar sanidad, educación, obras públicas y políticas sociales bastante relevante. “Prometieron un país de las maravillas (a land of milk and honey) que nunca ha llegado”.
La Office for Budget Responsibility (OBR) mantiene sus estimaciones: el Brexit seguirá reduciendo el volumen de comercio en un 15%, respecto al escenario alternativo de permanencia en la UE, y el PIB potencial será un 4% menor a largo plazo.
John Major, finalmente, cree que el Reino Unido ha perdido influencia internacional: antes del Brexit se influía directamente en las decisiones europeas y ahora se ha perdido la capacidad de decidir sobre su principal mercado.
Major no propone volver a la UE, cree que no es políticamente realista, pero defiende un camino gradual: reconstruir la confianza entre Londres y Bruselas, mejorar la cooperación y reincorporarse al mercado único europeo en cinco años si hay suficiente apoyo democrático.
Desde Belfast, sin embargo, la realidad del Brexit es muy diferente. Irlanda del Norte se ha convertido en un “experimento económico” dentro del Brexit: consiguió un estatus único cuando el Reino Unido culminó la salida de la UE en 2020.
Si el Brexit hubiera fijado también una frontera aduanera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, se ponía en riesgo uno de los pilares del Acuerdo del Viernes Santo de 1998, que fue decisivo para pacificar décadas de violencia. Para evitar una frontera física en la isla de Irlanda, Londres y Bruselas acordaron un protocolo específico para Irlanda del Norte.
"El Brexit seguirá reduciendo el volumen de comercio en un 15%, respecto al escenario alternativo de permanencia en la UE, y el PIB potencial será un 4% menor a largo plazo"
Así, hoy el Ulster goza de una situación singular: continúa formando parte del territorio aduanero del Reino Unido, pero sigue aplicando una parte muy importante de la normativa del mercado único europeo, sobre todo en lo que se refiere al tráfico de mercancías. Estas pueden seguir circulando casi sin controles desde Irlanda del Norte hacia Irlanda y hacia el resto del mercado único de la UE. Los controles aduaneros, en cambio, se hacen en los puertos entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Por eso muchos unionistas hablan de una “frontera en el mar de Irlanda”.
Cada día más empresas ven Irlanda del Norte como un lugar privilegiado: es prácticamente el único territorio del mundo que tiene un acceso relativamente fluido tanto al mercado británico, de 70 millones de consumidores, como al mercado único europeo, de 450 millones de consumidores. Esta “doble puerta de entrada” es muy atractiva para diversas actividades industriales y logísticas. Diversos indicadores económicos ya muestran hoy que Irlanda del Norte ha resistido mucho mejor algunos de los efectos negativos del Brexit.
Así, el comercio con la República de Irlanda ha aumentado bastante, muchas empresas internacionales se instalan en Belfast para mantener el acceso a los dos mercados y el PIB norirlandés ha crecido más que el de otras regiones británicas. El país de Gales y Escocia, en cambio, han salido más perjudicadas y esta es una de las razones que explican por qué los partidos independentistas han ganado las últimas elecciones regionales en los respectivos parlamentos el pasado 7 de mayo de 2026.
En Inglaterra, las empresas exportadoras tienen que asumir nuevas declaraciones aduaneras, nuevos certificados sanitarios, más costes administrativos y nuevas barreras comerciales que antes no existían. Antes del Brexit, una empresa de Belfast era como una empresa de Mánchester, pero hoy la de Belfast puede vender productos en Dublín o París con muchas más facilidades que la de Mánchester. Esta diferencia es notable para la industria agroalimentaria y manufacturera, los productos químicos y los dispositivos médicos.

Todo ello está comportando un cambio político en Irlanda del Norte. Antes del Brexit el argumento económico a favor de continuar dentro del Reino Unido era muy fuerte y hoy la situación es diferente: las empresas norirlandesas constatan cómo el comercio con Irlanda les aporta ventajas crecientes.
Esto no quiere decir que la población quiera una Irlanda unificada, pero sí que el debate ha cambiado: hace diez años, la discusión sobre la reunificación era identitaria y legalista, pero hoy pivota alrededor de los argumentos sobre qué modelo económico ofrece más oportunidades.
El Brexit está comportando un cambio del sistema político norirlandés, que ha dejado de ser dominado por los partidos unionistas. La comparación de las elecciones a la Asamblea de Irlanda del Norte de 2016 a 2022 muestra una pérdida de 11 puntos de los partidos unionistas (del 51% al 40% de los votos), el mantenimiento de los partidos nacionalistas (40%) y un aumento del bloque centrista no-alineado (del 9% al 23%).
Irlanda del Norte es hoy el único territorio del Reino Unido que conserva una parte de los beneficios del mercado único europeo, entre otras razones porque votó mayoritariamente contra el Brexit: en el referéndum de 2016, un 56% optaron por permanecer en la UE. Escocia también votó en contra del Brexit, pero no ha tenido la misma suerte.
"Irlanda del Norte es hoy el único territorio del Reino Unido que conserva una parte de los beneficios del mercado único europeo"
Irlanda del Norte es un caso muy singular y sin precedentes en la historia de la integración europea: es un territorio que ha salido formalmente de la UE, pero que continúa participando en buena parte de su mercado único. Esto le permite combinar, con ciertas limitaciones y costes administrativos, las ventajas comerciales de los dos espacios económicos.
Si este laboratorio de convivencia entre las dos áreas económicas continúa ofreciendo ventajas competitivas, podría decantar no solo el debate sobre el futuro de Irlanda, sino la relación entre la UE y el Reino Unido a largo plazo.
Curiosamente, los partidarios del Brexit defendían que salir del mercado único permitiría al Reino Unido crecer más rápidamente gracias a una mayor libertad reguladora. No obstante, la región que está demostrando un mejor comportamiento comercial es precisamente la que ha mantenido la relación más estrecha con el mercado único europeo.
Post Scriptum: he recibido comentarios sobre el artículo dedicado a Ucrania y a su posible acceso a la UE publicado hace 15 días. Hoy hago el recordatorio de que la UE ya admitió a Chipre, un país atravesado por una línea de alto el fuego y que, todavía hoy, vigilan y patrullan las fuerzas de la ONU, porque no hay ningún acuerdo de paz firmado con Turquía que haya puesto punto final a la guerra de 1974. Ucrania podría simplemente integrarse en la UE a partir de este precedente.
Chipre ingresó en la Unión Europea el 1 de mayo de 2004, en la gran ampliación que también incorporó a Polonia, Hungría, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Malta. Chipre es desde entonces territorio de la UE, a pesar de que una parte de su territorio continúa estando bajo control militar turco y sin que se vislumbre un acuerdo de reunificación.
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