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La semana pasada el Centre for Sustainable Development Studies (CSDS) de la Universitat d’Amsterdam organizó un simposio de dos días alrededor de la temática de las metodologías creativas. Liderado por las investigadoras Karen Paiva Henrique, Aparna Parikh y Lisa Iulo, este encuentro quiso poner sobre la mesa una cuestión que, desde las ciencias sociales, pero especialmente las personas que nos dedicamos a hacer entrevistas e interactuar, de una manera u otra, con las personas afectadas por nuestras investigaciones, nos encontramos cada vez más.
Las encuestas, los cuestionarios y las entrevistas son herramientas muy útiles, pero no siempre nos permiten obtener toda la información que necesitamos. Esto ocurre especialmente cuando trabajamos con datos cualitativos: información que no se expresa principalmente con números, sino a través de opiniones, experiencias, emociones, percepciones y maneras de entender el mundo.
Este tipo de información es más difícil de recoger porque a menudo las personas no encuentran las palabras exactas para explicar lo que sienten o han vivido. Además, las preguntas que formulamos pueden limitar las respuestas y dejar fuera cuestiones importantes que no habíamos previsto. Por eso, a veces hay que complementar las herramientas tradicionales con otros métodos más abiertos, creativos o participativos, que ayuden a las personas a expresarse con más libertad y profundidad.
La academia se conoce como un lugar hermético, frío, teórico y denso. Un lugar donde se produce conocimiento que muchas veces no entienden más que los cuatro entendidos en el tema, donde las personas que no forman parte de estos círculos no tienen manera de contribuir ni tampoco participar, no porque no les inviten, sino porque no hay manera de descifrar qué quieren decir, exactamente, sus textos, sus preguntas, o sus maneras de hacer las cosas.
Por gran suerte mía, el mundo académico en que he crecido rema al otro lado: ¿cómo podemos acercar el conocimiento hermético, frío, teórico y denso a la gente de quien hablamos en nuestros textos? ¿Cómo podemos acercarnos a los problemas sociales desde una perspectiva diferente? ¿De qué manera podemos hacer preguntas que nos permitan entender realmente cuáles son las verdaderas cuestiones que inquietan a los grupos sociales, a las vecinas, a los residentes de una comunidad?
"Las encuestas, los cuestionarios y las entrevistas son herramientas muy útiles, pero no siempre nos permiten obtener toda la información que necesitamos"
Una cosa bonita de ver cuando organizas una conferencia de este estilo, a contracorriente de las teorías tradicionales, pero, a pesar de todo, dentro de la academia, es ver que en estas inquietudes no estamos solas. No es solo que mis supervisoras estén obsesionadas con hacer de la academia un lugar inclusivo, abierto y que responda a los conocimientos de las personas y los grupos sociales que ya existen, sino que hay muchas otras personas, en nuestra ciudad de acogida, pero también en otros lugares del mundo, desde Indonesia a Filipinas, a Estados Unidos, a India, a Líbano, a Colombia o a Sudáfrica, que también nadan en la misma dirección. Y por eso, encontrarnos durante dos días en una antigua sala de operaciones de la Universidad de Ámsterdam nos recordó que no estamos solas: juntas podemos imaginar otras maneras de entender y transformar el mundo, y los métodos creativos nos ayudan a abrir camino.
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