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Directora de Intueri Consulting

El comercio en riesgo: el reto de inspirar una nueva generación de emprendedores

23 de Enero de 2026
Maria Segarra | VIA Empresa

El cierre progresivo de comercios ya no es una anécdota ni una consecuencia puntual de la pandemia. Es una imagen cada vez más habitual en los principales ejes comerciales y en los barrios de ciudades grandes y medianas. Lo que en un primer momento podía interpretarse como una consecuencia poscovid se ha consolidado como una tendencia persistente que pone en riesgo uno de los pilares históricos de la economía urbana.

 

Los datos lo confirman con contundencia. Según la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), durante 2025 cerraron en España una media de 1.132 comercios al mes, hasta sumar 13.586 cierres anuales. Las previsiones para 2026 no apuntan a ningún cambio de tendencia. El pequeño comercio, alertan, se encuentra ya en una situación de emergencia estructural.

Más allá de las cifras, el impacto es profundo. Cada persiana bajada implica menos actividad económica, menos empleo y menos vida en las calles. Pero también significa una pérdida de capital social: el comercio es relación, confianza e identidad colectiva. Su desaparición empobrece el tejido urbano mucho más de lo que indican los balances.

 

Cuando el problema no es solo la rentabilidad

Las causas son múltiples y conocidas: cambios en los hábitos de consumo, presión de costes, competencia digital y una regulación a menudo poco adaptada a la realidad del pequeño comerciante. Sin embargo, hay un factor clave que a menudo queda en segundo plano y que resulta determinante a medio y largo plazo: la falta de relevo generacional.

Durante décadas, el comercio ha sido un proyecto de vida. El conocimiento del oficio se transmitía dentro de la familia, con tiempo, dedicación y orgullo profesional. Esta cultura empresarial, basada en la continuidad, aún sostiene hoy una parte relevante del tejido comercial. Pero cada vez es más frágil.

"Hay un factor clave que a menudo queda en segundo plano y que resulta determinante a medio y largo plazo: la falta de relevo generacional"

El perfil del nuevo emprendedor ha cambiado. Proliferan iniciativas vinculadas a una idea de producto que nacen y crecen exclusivamente en entornos digitales, a menudo sin vocación de generar un impacto económico o social en el territorio. Al mismo tiempo, la autoocupación por necesidad se ha disparado: cerca de medio millón de autónomos ingresan menos de 700 euros mensuales, según datos de 2025. Una realidad que pone de manifiesto la precariedad de muchos proyectos empresariales.

Prestigiar el oficio: una asignatura pendiente

En este contexto, la pregunta es inevitable: ¿cómo podemos hacer que el comercio vuelva a ser atractivo para las nuevas generaciones?

Otros sectores han sabido seguir este camino. La gastronomía es un ejemplo claro. A pesar de horarios exigentes y condiciones complejas, ha conseguido prestigiar el oficio, poner en valor el talento y convertirlo en una opción profesional deseada. El comercio, con su combinación de producto, gestión del espacio y servicio personalizado, requiere también conocimiento, criterio y habilidades que hay que reivindicar.

Revalorizar el oficio de comerciante no es una cuestión de nostalgia, sino de estrategia económica. Sin profesionales formados y motivados, no hay transformación posible.

Algunas claves para asegurar el futuro del comercio

Si queremos revertir la tendencia, hay que actuar con decisión en varios frentes:

  1. Planificar el relevo con antelación
    La transmisión de empresa sigue abordándose demasiado tarde, cuando la jubilación es inminente. Identificar sucesores, formarlos y acompañarlos con tiempo es esencial. Programas como Reempresa han demostrado su eficacia, pero aún son infrautilizados.
  2. Reforzar la transmisión de valores
    La cultura del esfuerzo, el compromiso con el cliente y el orgullo por el trabajo bien hecho han sido históricamente el gran activo del comercio. Preservar, actualizar y fomentar la transmisión de estos valores en el seno de la familia empresaria es clave para garantizar la continuidad.
  3. Apostar por una formación adaptada a la realidad actual
    Se necesitan itinerarios formativos prácticos, con mentoría, experiencia real y competencias digitales, pensados específicamente para jóvenes que quieran emprender en el sector.
  4. Revalorizar socialmente el comercio
    Las políticas y campañas públicas deben ir más allá de la modernización estética y poner el acento en el papel económico y social del comercio como generador de cohesión y calidad de vida.

Un proyecto de futuro, no de resistencia

El futuro del comercio no se decidirá solo con ayudas puntuales o medidas coyunturales. Se jugará, sobre todo, en la capacidad de atraer y formar una nueva generación de emprendedores que entiendan el comercio como un proyecto profesional viable y con sentido. 

Invertir en personas, transmitir conocimiento y volver a hacer atractivo el oficio de comerciante es, hoy, una necesidad económica y social. Porque sin comercio, las ciudades pierden actividad. Y sin relevo generacional, el comercio simplemente desaparece.