Directora de Intueri Consulting

Donde pasan cosas que no se pueden comprar: el nuevo papel del 'retail'

22 de Mayo de 2026
Maria Segarra | VIA Empresa

Cuando pienso en el comercio de toda la vida, en aquello que nos hace esenciales, diferentes y, por lo tanto, perdurables para el cliente, siempre llego a la misma conclusión: la relación humana. Este vínculo directo, cercano y auténtico con el cliente es, probablemente, su rasgo más distintivo.

 

Vivimos en un mundo cada vez más hiperconectado digitalmente, pero paradójicamente más desconectado en términos humanos. En este contexto, hemos ido perdiendo aquello que es esencial: ofrecer espacios de diálogo, de encuentro y de relación. Y, sin embargo, esta ha sido siempre la esencia del comercio.

Hoy, en un entorno en el que el comercio compite con múltiples formatos y alternativas, buscamos constantemente etiquetas para explicar su valor: comercio de proximidad, comercio urbano, local, esencial o autóctono. Pero más allá de las denominaciones, lo que realmente nos hace relevantes es la capacidad de generar relación humana. Un valor que no solo se mantiene, sino que cada vez se vuelve más necesario. En algunos formatos hay que construirlo casi desde cero; en otros, es una autenticidad que ya se tiene y que hay que preservar: conversar, escuchar, aconsejar, compartir.

 

Recientemente, observaba cómo algunas marcas ajustan su estrategia de aproximación al cliente para ganar eficiencia. Me venía a la cabeza el caso de Starbucks, que ante la presión de nuevos competidores como Luckin Coffee —basados en la rapidez, la digitalización y el precio— ha decidido no competir por ser el más rápido, sino por ser el más memorable. Su apuesta se concreta en conceptos como los Starbucks Reserve, espacios singulares concebidos como lugares de hospitalidad donde el cliente puede hacer mucho más que consumir: puede quedarse, socializar, vivir una experiencia.

Aquí es donde toma sentido el concepto sociológico de “tercer lugar”, acuñado por Ray Oldenburg en los años ochenta. Se refiere a aquellos espacios que se sitúan entre el hogar (primer espacio) y el trabajo o la escuela (segundo espacio), y que tienen como función favorecer la socialización, el intercambio de ideas y la construcción de comunidad. Tradicionalmente, han sido cafeterías, librerías o bares, pero hoy este concepto evoluciona dentro del retail: las tiendas se transforman en verdaderos terceros espacios, diseñados no solo para comprar, sino para vivir experiencias, relacionarse y sentirse bien.

"La hiperconectividad digital y el ritmo acelerado de vida hacen que muchas personas busquen espacios de pausa, de bienestar y de conexión real"

Este cambio implica pasar de la lógica transaccional a una lógica relacional. De tiendas pensadas exclusivamente para vender, a espacios que crean comunidad. Un buen ejemplo es Rapha, la marca de ciclismo, que ha convertido sus establecimientos en clubhouses: híbridos entre tienda, cafetería y punto de encuentro para ciclistas, donde la relación es tan importante como el producto.

También observamos una evolución hacia espacios que van más allá de la experiencia y se convierten en centros de servicio y soluciones. Es el caso del retail de cosmética, que evoluciona hacia estudios de belleza completos, como Le Bon Marché en París, con su espacio de bienestar L’Institut du Bon, que ofrece tratamientos personalizados dentro de la misma tienda.

En paralelo, la hiperconectividad digital y el ritmo acelerado de vida hacen que muchas personas busquen espacios de pausa, de bienestar y de conexión real. Es aquí donde el comercio, entendido como tercer lugar, se vuelve especialmente relevante. Una propuesta que, si se entiende bien, no solo genera valor social, sino también valor económico.

El mundo cambia, pero hay principios que perduran. Crear espacios donde el cliente se sienta escuchado, comprendido y bien atendido convierte la tienda en un refugio elegido. Y es precisamente el cliente quien devuelve esta propuesta con lealtad y confianza a largo plazo.

"Reivindicar el comercio como tercer espacio no es un ejercicio de nostalgia, sino una mirada consciente hacia el futuro"

En un mundo cada vez más tecnológico, el verdadero factor diferencial será, paradójicamente, aquello más humano. Reivindicar el comercio como tercer espacio no es un ejercicio de nostalgia, sino una mirada consciente hacia el futuro. Es entender que la innovación no siempre pasa por más tecnología, sino por poner a las personas en el centro. Es apostar por el talento, por el oficio y por la relación como ejes de la experiencia.

Porque, al fin y al cabo, las marcas pueden construir escenarios espectaculares, pero sin personas que les den sentido, no hay experiencia posible.

El comercio ya es —y siempre ha sido— un espacio de conexión. Ahora nos toca defenderlo, cuidarlo y evolucionarlo sin perder su esencia. Probablemente, en este equilibrio reside su verdadera razón de ser futura y su ventaja competitiva más sólida.

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