Las organizaciones hoy tienen la suerte de contar con cuatro generaciones que conviven juntas en el entorno de trabajo. Esto es una gran oportunidad y también un reto. Los equipos diversos, cuando se trabaja la cultura inclusiva y las generaciones interactúan, ofrecen capacidad exponencial de innovar, de crear un buen clima de trabajo y engagement, de tener mejores resultados de negocio, etc.
Pero también es un reto que las cuatro generaciones se enriquezcan entre ellas sin sesgos, conscientes o inconscientes. Hay que fomentar que haya una comunicación y conexión real entre personas. Hay que romper barreras y dar paso a la generación Z, los jóvenes nacidos entre 1995 y el año 2000 que se han incorporado en los últimos tiempos al contexto laboral.
Una generación que marca un nuevo paso y nuevas normas. Que no obedece a la jerarquía y al “porque siempre se ha hecho así”. Que exige influir, aportar, crecer. Piden conversación y estímulos constantes, organizaciones flexibles y transparentes. Y que, contrariamente a lo que se dice, tienen un profundo compromiso... con sus convicciones. Si la organización no es permeable a su influencia, se marchan. No puede haber mayor expresión de coherencia
"La generación Z pide conversación y estímulos constantes, organizaciones flexibles y transparentes, y tienen un profundo compromiso con sus convicciones"
Para conectar con la generación Z debemos hacer el ejercicio de enamorarnos profundamente del futuro. Para ello, es necesario evolucionar los modelos de liderazgo hacia la confianza, la escucha, la ejemplaridad, la humildad y la conversación. Las generaciones más sénior (boomers, nos llaman) podemos caer en la trampa de estar más pendientes del pasado que de lo que vendrá. Más conectadas con conservar y enseñar que con la oportunidad y explorar o aprender.
Las cuatro generaciones tenemos muchas cosas en común: queremos generar impacto positivo, queremos aprender y desarrollarnos, queremos ser escuchados y reconocidos, conectar con propósito y generar legado. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Y abrirnos a quien es diferente, abrirnos al cambio es el camino más estimulante, para las personas y para las organizaciones.