Etnógrafo digital

Eskorbuto en el parlamento

29 de Octubre de 2026
Josep Maria Ganyet | VIA Empresa

El 1 de noviembre de 2024, a las 11:52, la marquesina de hormigón de la estación de tren de Novi Sad, en Serbia, cayó sobre la gente que había debajo. Murieron dieciséis personas. La estación, una parada de la línea entre Budapest y Belgrado, una obra de la Nueva Ruta de la Seda hecha por un consorcio chino, acababa de ser renovada.

 

El sábado pasado, en la Plaça de Catalunya, unos 500 chicos encapuchados, entre otras proezas, reventaron los cristales de las marquesinas del autobús. Al día siguiente, domingo, los estudiantes serbios ganaban las elecciones.

Pitufos

La convocatoria de Barcelona empezó en TikTok cuatro días antes, con carteles anónimos que llevaban el nombre de Blocus Barcelona, copiado de los bloqueos de institutos de Francia. Los carteles llevaban un código QR que llevaba a grupos de WhatsApp, y de allí a Telegram. Mención aparte para una estelada que iba acompañada de un fabril «Plaza Cataluña». La disonancia cognitiva ya nos tendría que haber puesto en alerta.

 

Había código de vestuario y código de lenguaje: «Sin azules» quiere decir que no hay mossos en la costa (hace gracia porque en nuestra época se les llamaba pitufos). Durante los disturbios, informadores avisaban en privado de qué tiendas estaban libres «de azules» y el grupo compartía la ubicación para congregar allí a los vándalos. Resultado: más de 120 detenidos, más de la mitad menores, y 23 tiendas saqueadas. La jueza de guardia dijo que la protesta era «vacía de contenido» y que el único objetivo era saquear. Nihilismo de 5G.

Un movimiento horizontal y clandestino. Ningún líder, ningún colectivo, ningún programa: un cartel, un QR, un chat y 5G, mucho. Pero si rascamos un poco, solo un poco, nos daremos cuenta de que el movimiento no es tan horizontal como parece. El algoritmo de TikTok, que de horizontal tiene bien poco, es quien decide a quién enseña cada cartel y las bases de datos de Telegram son las que guardan las conversaciones.

Pero, ay, los grupos de Telegram no están cifrados de extremo a extremo, es decir, quien tiene el servidor los puede leer. Los saqueadores de Barcelona escondían las conversaciones a los Mossos, pero no al gran hermano Telegram. Por eso, cuando los Mossos pidieron a través del centro de inteligencia antiterrorista del Ministerio del Interior que Telegram cerrara los grupos, fue tan fácil como mirar el contenido, comprobar que iba contra sus normas de uso y cerrarlos. El último ya tenía más de 2.000 miembros.

"Los saqueadores de Barcelona escondían las conversaciones a los Mossos, pero no el gran hermano Telegram"

¿Quién hay detrás? No se sabe. Sí que sabemos quién se ha puesto delante: la derecha y la ultraderecha, que a un mes de las generales del 29 de noviembre ya han ligado el saqueo con la inmigración y les han colgado el sambenito a Sánchez, Colau y todo el que pase por delante. Un saqueo que no pide nada acaba sirviendo para que los de siempre pidan más policía, más expulsiones y más control digital. «Mucha policía, poca diversión», que cantaban los Eskorbuto.

Dieciséis minutos

Cuando cayó la marquesina de Novi Sad, el gobierno y el consorcio encargado de las obras dijeron que no la habían tocado y que yo solo pasaba por allí. En las redes empezaron a circular imágenes de trabajadores que arreglaban los azulejos. Los estudiantes ocuparon las facultades y pidieron una cosa muy simple: que se publicaran los contratos de la obra.

Cortaban el tráfico dieciséis minutos, de las 11:52 a las 12:08, un minuto por muerto. Tampoco tenían líderes, y lo querían así. Cada noche, en cada facultad, había un plenario, una asamblea donde cualquier estudiante podía proponer, debatir y votar. Las redes servían para amplificar todo lo que pasaba en la asamblea y a su alrededor: retransmitir en directo las agresiones, desmentir la televisión afín al gobierno, hacer llegar el mensaje a los serbios de fuera. Los estudiantes de informática se hicieron sus propias herramientas de comunicación cifrada.

Dos años después, el pasado domingo, la Lista de Estudiantes sacó el 52% de los votos y unos 140 de los 250 escaños del parlamento. El presidente Aleksandar Vučić reconoció la derrota. La lista no la forman estudiantes. La forman profesores y expertos que los estudiantes han elegido, y la encabeza un profesor de la Facultad de Medicina de Novi Sad. Hay también el exjugador de baloncesto del Barça Dejan Bodiroga.

La gente

En 1651, Thomas Hobbes publicó el Leviatán. En la portada hay un gigante coronado, con una espada en una mano y un báculo en la otra, que se levanta detrás de un paisaje. Si os fijáis, el cuerpo está hecho de más de 300 personas, todas de espaldas, mirándole la cara. Deberíamos ser nosotros. Para Hobbes, el estado nace cuando cada uno de nosotros autoriza a este gigante a gobernarnos, con la condición de que nos proteja de los, pongamos por caso, vándalos que tienen más fuerza y son más que nosotros. Cedemos soberanía hacia arriba y de ahí sale un gigante que nos guarda, sobre todo de nosotros mismos.

"El pasado domingo, la Lista de Estudiantes sacó el 52% de los votos y unos 140 de los 250 escaños del parlamento. El presidente Aleksandar Vučić reconoció la derrota"

Hobbes pone una condición que parece escrita para Novi Sad: la obligación de los súbditos dura mientras dura la capacidad del soberano para protegerlos. Una marquesina es, literalmente, un techo que nos protege y que en aquel caso no solo no lo hizo con los ciudadanos, sino que mató a dieciséis. Los estudiantes serbios no han derribado al gigante: se han puesto ellos a hacerlo.

Entidades imaginadas

Yuval Noah Harari dice que los estados, los bancos, las empresas y el dinero mismo son entidades imaginadas: existen porque mucha gente cree en ellas a la vez. Harari me cuesta, pero este concepto lo he oído explicar a economistas y hace tiempo que me lo hice mío. Si uno solo deja de creer en alguna de estas entidades —les retira la confianza, deja de usarlas o les hace boicot— no pasa nada. Si muchos dejan de creer en ellas, se desmoronan. El estado serbio, Google, TikTok y un billete de veinte euros funcionan igual: valen algo porque millones de personas depositamos nuestra confianza en ellos y les cedemos poder.

"El estado serbio, Google, TikTok y un billete de veinte euros funcionan igual: valen algo porque millones de personas depositamos nuestra confianza en ellos y les cedemos poder"

Visto así, los chicos de Barcelona tienen poco de antisistema. Saquear tiendas de lujo es creer muy fuerte en las marcas. Hacer vídeos con móviles de última generación, aún más. Y vender el botín después en plataformas de segunda mano controladas por turbocapitalistas y regidas por la ley de la oferta y la mandanga ya es el colmo. En Novi Sad, el móvil sirvió para ver qué había pasado realmente con la marquesina y contradecir la versión oficial. En Barcelona, para hacer vídeos de la destrucción que se viralizaron en las redes y que los informativos de las teles recogieron. Win-win.

Cuando yo era joven, el nihilismo era mejor

En 1986, Eskorbuto, un trío punk de Santurtzi, sacó el mítico álbum Impuesto revolucionario. El primer tema del disco es un directo de Ya no quedan más cojones, Eskorbuto a las elecciones que enganchan con Maldito país.

El tema empieza con un a cappella que dice «Ya no quedan más cojones, Eskorbuto a las elecciones, para vivir alegre y contento, Eskorbuto al parlamento». Eran años de apogeo de lo que se conoció como rock radikal vasco, a pesar de que los de Eskorbuto se desmarcaban; tiraban más hacia la banda anarco que hacia la batasuna. El título del álbum, Impuesto revolucionario, es una referencia al impuesto que ETA hacía pagar a tiendas, comerciantes y empresarios si no querían que les rompieran el escaparate o les quemaran la fábrica.

Con Eskorbuto como banda sonora tanto de los saqueos de los vándalos de Barcelona como de la victoria de los estudiantes serbios, la metáfora se hace sola. Es como si los primeros hubieran robado el disco y, sin escucharlo, se hubieran quedado con el título, mientras que los segundos han comprado el disco, lo han escuchado y, más importante, lo han entendido.

Añadir VIA Empresa como fuente preferida de Google de forma gratuita  

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad  

 
Activar ahora