Experta en videojuegos, tecnología y tendencias digitales

Este verano, ved ‘Pluribus’

20 de Julio de 2026
Gina Tost | VIA Empresa

Mirad, yo tengo clarísimo lo que tenéis que hacer este verano. Y no quiero hablar de playas y chiringuitos. Con el calor que hace, lo mejor que podéis hacer es encerraros en casa con un ventilador o un buen aire acondicionado, tumbaros en el sofá y no moveros para no generar energía. Y mientras tenéis la mejor posición, encended la tele y ved una gran serie. Yo os traigo una, y si os convenzo, me podéis hacer caso.

 

Pluribus es una de esas obras que te siguen acompañando mucho después de que termine el capítulo. Una serie que habla del mundo cada vez más conectado, globalizado y uniforme. El mundo que pierde la identidad a golpe de días extraordinarios.

Abrir fronteras, compartir conocimiento, facilitar el comercio, democratizar el acceso a la cultura y a la tecnología. Nunca ha sido tan fácil hablar con alguien en la otra punta del planeta, comprar un producto fabricado a miles de kilómetros o descubrir la música de un artista desconocido en cualquier continente.

 

Pero todo avance tiene efectos secundarios que no se ven a primera vista, y con la globalización nos ha pasado lo mismo. No es un panfleto anticapitalista ni un discurso de Karl Marx con el puño en alto. En Pluribus hablan de un virus que transforma a la gente en un único ser sentido.

Este verano, de vacaciones, vayáis donde vayáis, veréis un Starbucks y un McDonald’s con el mismo menú, o sabréis que habéis llegado al centro de una ciudad cuando os encontréis un Zara. Los algoritmos han sustituido a los prescriptores locales y nos han homogeneizado. Las tendencias ya no nacen de las personas; se propagan desde los servidores hacia nuestros móviles.

"Los algoritmos han sustituido a los prescriptores locales y nos han homogeneizado"

Nos gusta pensar que internet nos ha dado infinitas opciones, pero en realidad, muchas veces nos acaba recomendando exactamente lo mismo a ti y a mí. Lo único que nos personalizan es la publicidad.

Es una paradoja fascinante. Nunca habíamos tenido tanta oferta disponible y, al mismo tiempo, nunca habíamos consumido de una manera tan homogénea. 

Por ejemplo, Spotify pone a disposición de sus usuarios más de 100 millones de canciones, pero cada final de año, los usuarios nos comparten su resumen del “Spotify Wrapped” en las redes sociales, que se llenan de millones de capturas que acaban repitiendo los mismos artistas, las mismas canciones y las mismas listas.

La abundancia no ha multiplicado nuestros descubrimientos, seguimos sintiendo exactamente lo mismo. Una uniformización absolutamente cultural y global.

Cuando sale la noticia de que desaparece una tienda de barrio, me duele el corazón. El otro día le intentaba explicar a mi hijo mayor qué era el comercio de barrio, pero me di cuenta de que estamos solos en el barrio. Cuando una lengua deja de estar presente en una plataforma digital no solo pierde hablantes. Cuando todos los videojuegos, las series o la música responden a los mismos patrones globales, también se va erosionando una manera propia de explicar el mundo.

La biodiversidad cultural funciona igual que la biodiversidad natural: es mucho más fácil destruirla que recuperarla. Perdimos los dodos, y las zapaterías lejos de los centros comerciales.

"Con una temporada, 'Pluribus' nos recuerda que la conectividad no es lo mismo que la diversidad y que compartir no debería significar uniformizar"

Por eso Pluribus me parece mucho más que una buena serie para reflexionar este verano. Es una advertencia para todos nosotros. Con una temporada, nos recuerda que la conectividad no es lo mismo que la diversidad y que compartir no debería significar uniformizar. Todavía estamos a tiempo de ver que un planeta hiperconectado también puede acabar siendo extraordinariamente monótono.

Ni la serie ni mi artículo son un alegato contra la tecnología. Ya sabéis que me considero tecnooptimista, y pienso que la tecnología nos ha permitido cosas extraordinarias. El problema no es conectar el mundo, sino conectar para sustituir, porque lo de fuera siempre pensamos que es mejor.

Hay una diferencia enorme entre poder acceder a todas las culturas y defender la propia, y acabar creyendo que solo una es la buena.

Quizás por eso, mientras veía Pluribus, no podía dejar de pensar en el catalán, en los estudios independientes de videojuegos que luchan por explicar historias propias, en los restauradores de obras antiquísimas de artistas anónimos, en los pequeños comercios que compiten contra mercados globales, o en los creadores que intentan conservar una voz propia en medio de algoritmos que premian la imitación.

Este verano muchos buscarán una serie para pasar el rato, y mi propuesta no son unos deberes. Buscad un libro o una serie que os haga mirar vuestro entorno con un poco más de atención, que os haga valorar quiénes sois.

El futuro dependerá de nuestra voluntad de conservar aquello que nos hace diferentes, únicos. Si nos conectamos, que sea para dignificarnos. Un verdadero acto de valentía, eso de ir en contra de la escalabilidad del planeta. Y si al final os levantáis del sofá y viajáis lejos, espero que os entre un escalofrío por la espalda de los que ponen la piel de gallina cuando encontréis lugares que todavía se parezcan a ellos mismos.

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