Politóloga y filósofa

La fiesta del otoño

14 de Octubre de 2026
Arianda Romans | VIA Empresa

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Como persona de octubre que soy, tengo sentimientos contradictorios con Halloween. Por un lado, es una gran fiesta de otoño, pero por el otro no deja de ser una tradición que nos han instaurado por el embudo de la americanización de la cultura. Si fuera americana, creo que luciría el Halloween con orgullo, ya que es una de las pocas fiestas que tienen que les son propias de verdad.

 

Es una fiesta ambientada en la costa este del territorio, donde las leyendas indígenas y las importadas se mezclaron de una manera extraña. No conozco los orígenes del Halloween ni tampoco tengo demasiada curiosidad por conocerlos, pero sí que sé que, sea como sea, es una fiesta que a mí me resuena tanto como el Diwali o el Año Nuevo Chino: está muy bien, es bonita y divertida, pero no es nuestra y encuentro que es un poco ridículo intentar adoptarla para parecer (todavía) más americanos.

"Halloween es una gran fiesta de otoño, pero no deja de ser una tradición que nos han instaurado por el embudo de la americanización de la cultura"

Tampoco seré yo quien reivindique que la Castañada es mucho mejor que el Halloween. Veámoslo desde la perspectiva de una criatura: ¿qué prefieres, comer una fruta hervida con una señora que viene de la montaña y te trae castañas, que harán que no puedas ir al lavabo durante una semana, o una fiesta de terror y misterio donde puedes hacer travesuras a los vecinos y comer caramelos? La diferencia es difícilmente salvable, porque incluso a aquellas criaturas a las que les gustan las castañas preferirán hacerlo disfrazadas de momia y lanzando bolas de papel a la casa de al lado.

 

En Girona tenemos un híbrido, porque tenemos una fiesta del otoño propia que no pide ir vestidos de cosas extrañas, pero que nos permite ir a las ferias, comer castañas y salir de fiesta con tus amigos y amigas. Los más pequeños esperan con ansias las ferias de Girona, los más grandes las barracas y, aquellos que ya no están para fiestas, los mercados y las celebraciones de día. No querría hacer otra vez eso que hacemos todas las gerundenses de presumir de ciudad, porque, a pesar de que coincide con el patrón de la ciudad, Sant Narcís, el 29 de octubre, estas fiestas se podrían celebrar en otros lugares del país en forma de fiestas del otoño. Con los panellets (uno de los peores postres de posguerra jamás inventados, y además muy y muy caros), castañas y boniatos hervidos, pero también con fiestas y celebraciones que erijan esta estación tan eclipsada en nuestra casa como un hecho a celebrar y disfrutar.

Desde Países Bajos me muero por venir a casa durante los meses de otoño, porque hace más calor, pero también porque me gustan estas tradiciones. Comer castañas, aunque sean pocas para evitar dolores de barriga, pasear por los mercados de artesanos, encontrarme amigos en barracas que hacía años que no veía o caminar mientras las hojas caen a mi alrededor. Supongo que aquí también tendrán sus cosas, pero a mí las tradiciones me gustan las mías, y habrá cosas que la distancia no podrá salvar nunca.

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