Ingeniero y escritor

La guerra en el Próximo Oriente, ¿una oportunidad?

14 de Abril de 2026
Xavier Roig VIA Empresa

La actual guerra en Oriente Próximo hace que muchos articulistas y la opinión pública se asusten en cuanto a los temas energéticos. Algunos -el catastrofismo se ha convertido en un nuevo género periodístico- avanzan grandes desastres. Incluso dicen que la crisis energética actual es más grave que la de los setenta. Ignoro si es más grave en términos de producción y distribución. Los efectos, decididamente, son ahora mucho menores. Los que vivimos aquel período lo podemos confirmar. De hecho, los países adoptaron medidas con el objetivo de hacer frente a aquel desastre -Londres a oscuras, restricciones en el consumo, precios que se multiplicaron por mucho...-.

 

Para lo que sí ha servido, para lo que está sirviendo, esta guerra es para demostrar que la autonomía energética no es un deseo banal. Con un inquilino estable en la Casa Blanca, el tema no tenía importancia. Los mercados poseían herramientas razonables para evitar un fallo en el suministro o, incluso, en el encarecimiento excesivo de precios. Las lecciones del pasado aceleraron la implementación de estos mecanismos. Ahora bien, con alguien que no responde a la racionalidad geoestratégica con la que todo se ha diseñado, debemos asumir que nos podemos quedar sin fuentes de energía.

Esta es una mala noticia a corto, pero es buena a largo. El hecho de que, a raíz de esta crisis, las acciones de las empresas comercializadoras de energías renovables hayan subido, es significativo. Con carácter inmediato, las petroleras obtendrán unas ganancias extras desorbitadas. A largo plazo, sin embargo, perderán su posición dominante.

 

Y es que las diferencias con la crisis de los setenta no son solo de cantidad, sino de mentalidades. En aquella época -ya hace 50 años- las repercusiones sociales del encarecimiento no se tenían en cuenta. Ahora sí. Durante la pasada minicrisis energética de los años 2022-2023 -guerra de Ucrania, gas natural-, el gobierno alemán, por ejemplo, tuvo que inyectar 200.000 millones de euros para paliar sus efectos entre la población. En consecuencia, los gobiernos europeos han aprovechado para acelerar la transición energética. Francia y Alemania ya han empezado a aprobar planes para intensificar las inversiones. Antes se hacía por motivos obvios de cambio climático. Ahora se hacen porque se le han visto las orejas al lobo. Y no va de broma.

"Las diferencias con la crisis de los setenta no son solo de cantidad, sino de mentalidades"

Adicionalmente, hay quien piensa que este hecho, esta crisis provocada por la guerra del Próximo Oriente solo es el principio de las inestabilidades en el mercado energético. Las mayores fuentes de aprovisionamiento están en manos de países que no siguen la lógica de los occidentales -ni política ni económica-. Y, si antes se seguían, es porque en la Casa Blanca habitaba siempre alguien con una cierta amplitud de miras geoestratégicas. Y eso se ha acabado.

Este desasosiego que ha invadido Europa también se ha trasladado a países del Tercer Mundo que están todavía en proceso de salir del subdesarrollo. Y, de la misma manera que pasaron de no tener teléfono a tenerlo móvil -ahorrándose el despliegue de cable que Occidente había llevado a cabo en un siglo-, ahora podrían ahorrarse el paso intermedio de crear empresas y servicios que utilizan energías fósiles. Podrían ir directamente a las energías renovables. Resultará interesante ver qué pasa...