Politóloga y filósofa

Una IA para leer y hablar mejor

15 de Abril de 2026
Arianda Romans | VIA Empresa

Hace unos años que todo el mundo está revolucionado con la inteligencia artificial. Yo, que trabajo en una universidad y en el departamento de ciencias sociales, veo cómo estamos todos revolucionados con la idea de que, cuando menos nos lo esperemos, la IA habrá puesto patas arriba nuestra manera de entender el conocimiento. Pero los humanos no somos salmones, y nadar a contracorriente no es uno de nuestros puntos fuertes. Todavía menos cuando somos nosotros mismos quienes creamos la mayoría de nuestros problemas.

 

No seré yo quien se erija en solucionadora de esta gran crisis. Por un lado, porque no tengo ninguna experiencia en inteligencia artificial. Por otro lado, porque ya hay una larga lista de personas que le dedican esfuerzos, y todavía no me corresponde ocupar este espacio. Ahora bien, sí que hay una reflexión que considero importante compartir y colectivizar: solo poniéndola en común, entre muchas mentes pensantes, podremos decidir qué hacemos con esta criatura que hemos creado y a la cual le hemos dado el nombre de inteligencia artificial.

"Los humanos no somos salmones, y nadar a contracorriente no es uno de nuestros puntos fuertes. Todavía menos cuando somos nosotros quienes creamos la mayoría de nuestros problemas"

Uno de los grandes temores asociados a la IA es pensar que hará que dejemos de escribir porque un software puede hacerlo por nosotros. Es un temor comprensible, y también compartido. Pero hay una rendija que me parece interesante e importante de considerar: la de la lectura. Si la IA realmente puede hacer que nuestras tareas cotidianas sean menos exigentes en términos de tiempo, esto puede dejarnos espacio para hacer otras cosas. Otras cosas que no tienen que ser necesariamente vídeos de frutas y de animalitos, sino actividades en las que podemos invertir, como la lectura.

 

Lo más importante que hice durante mi vida universitaria no fue escribir -eso vino después-, sino leer. La lectura fue lo que nos permitió, a toda una generación, adquirir los conocimientos necesarios para después convertirnos en personas críticas. Los resúmenes de los textos no los hacíamos con IA, pero los copiábamos deprisa, a mano o a ordenador. Resumir era una tarea complicada, pero requería, antes que nada, saber identificar qué era importante en el texto. Si bien la IA ahora nos puede hacer resúmenes espléndidos, lo que no puede hacer por nosotros es leer. Y leer es una de las grandes capacidades para la reflexión humana.

"La lectura fue lo que nos permitió, a toda una generación, adquirir los conocimientos necesarios para después convertirnos en personas críticas"

Evidentemente, leer no puede ir separado de hablar, de hacer esta palabra tan bonita que tenemos en catalán: razonar. La IA, por mucho que le atribuyamos la palabra “inteligencia”, no puede ejecutar razonamientos propios sin un entrenamiento previo y, aun así, la plasticidad de su composición no se equipara nunca a la mente humana. Principalmente porque la mente humana es imperfecta, y la IA quizás algún día dejará de serlo. No debemos ser incrédulos ante las posibilidades de la IA, pero sí que debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad, sobre todo cuando no podemos nadar a contracorriente.

El estudiantado utilizará la IA, nos guste o no, delante de nosotros o a nuestra espalda. Pero no solo en la universidad: también en el mercado laboral, en las administraciones o, incluso, para redactar una multa de tráfico. La IA ha llegado, y podemos ser luditas o podemos intentar hacerla nuestra. Ninguna respuesta es perfecta, pero, ante esta tormenta tecnológica, es mejor educarla para poder tener más tiempo para pensar y para aprender a leer y hablar mejor.