Un joven estadounidense hace un directo por TikTok desde su jet privado mientras vuela hacia una isla exótica: Ibiza (sic). Se nota que no es la primera vez. Enseña el móvil a cámara mientras pulsa el botón de publicar un artículo de pago en su blog. Al enviar el móvil se le llena de notificaciones de pagos por Stripe, en directo, diez dólares, diez dólares, cien dólares. Abre el panel de control, el equivalente a la página de movimientos de la web de la Caixa, y muestra todo lo que ha ganado en lo que va de año, casi tres millones de dólares. Brinda con la audiencia, copa de Prosecco en mano. Su Instagram está lleno de yates, relojes y clubs privados en lugares un poco más exóticos que Ibiza. Si quieres vivir como él, dice, solo tienes que apuntarte a su curso. El negocio le funciona.
Esto es lo que han visto los miles de usuarios que estaban en el directo. Pero esto no ha pasado. El jet es un decorado en un estudio fotográfico de una nave industrial de Los Ángeles, alquilado a 65 dólares la hora. El Prosecco es de supermercado, comprado de rebajas a seis dólares y sobrante de una fiesta. Los 164 suscriptores que pagan en directo los ha generado con una aplicación que permite programar cuántas notificaciones quieres por minuto y de qué servicios. El chico es Jason Koebler, editor y cofundador del medio 404 Media, que se pasó semanas haciendo de millonario para entender desde dentro una de las subculturas más extrañas de internet. Que el curso era falso se veía a la legua: ¡vendía que haciendo periodismo riguroso y con datos te puedes hacer millonario! Sin embargo, el curso se vendía igualmente.
Entran en escena los larpers
LARP son las siglas de live action role-playing, el juego de rol de toda la vida, pero en la vida: gente que se viste de elfo o de caballero y representa un personaje en un bosque un fin de semana. Internet ha cambiado el decorado a los personajes. Hoy hacer de larper quiere decir representar en directo una vida que no tienes. Concretamente, la vida del que ha desbloqueado el reto de ser millonario y que te lo explica si pagas su curso.
El guion es el de siempre. Mira dónde he llegado yo y mira dónde estás tú, en el sofá de casa comiendo Cheetos. La diferencia entre ambos no son los millones que yo tengo y tú no; son los pocos cientos de dólares que cuesta el curso donde te explico cómo tú puedes ser el próximo yo. Y funciona. Koebler, haciendo de larper —que hace de millonario— concluye que montar la apariencia de tener un imperio es fácil y barato.
El entramado del triunfo
No solo los larpers ganan con la mentira; detrás de ellos hay toda una industria. En Telegram, un mercado que se llama Fakify tiene 9.000 miembros y vende capturas de pantalla y paneles de control falsos a la carta. Un tablero interactivo falso de Shopify vale 750 dólares, uno de YouTube cuesta 550, y por 100 dólares te llevas una aplicación que dispara notificaciones falsas de ventas de Stripe y Whop (plataforma de venta de servicios digitales) a tu móvil mientras haces el directo. Un competidor, Dashmock, se promociona con el popular eslogan fake it until you make it.
"La IA generativa ha industrializado el 'fake'. Lo que antes requería un equipo de producción ahora lo resuelve una suscripción mensual y una tarde de trabajo"
También están los editores de vídeo con IA que te colocan de pie junto a cualquier famoso o dentro de cualquier mansión por cara que sea. La IA generativa ha industrializado el fake. Lo que antes requería un equipo de producción ahora lo resuelve una suscripción mensual y una tarde de trabajo.
El entramado del entramado
Os puede parecer muy lejano, pero todo esto también sale en vuestra factura. Toda esta fantasía funciona sobre hardware —móviles, tabletas, ordenadores, enrutadores— que se ha disparado de precio. En junio, Apple subió el precio de casi todos los Mac y iPad admitiendo que ya no podía absorber los incrementos de los costes de la memoria. Un MacBook Air con medio terabyte pasa de 1.099 a 1.299 dólares; un iPad Air, de 599 a 749. Microsoft ha subido la Xbox entre 100 y 150 dólares y ha dejado de vender la versión de dos terabytes directamente.
La cosa tiene un nombre apocalíptico que hace gracia hasta que te paras a pensar en las consecuencias: RAMageddon. Resulta que como las empresas de IA necesitan tanta RAM para sus centros de datos, no hay para los demás. Y, claro, los precios suben. Aquello de la ley de la oferta y la mandanga, que es de P3 de economía (y del programa La Competencia de RAC1). Los centros de datos de IA usarán este 2026 alrededor del 70% de la producción mundial de memoria; hace cuatro años no llegaban al 30%. Cada chip de silicio que va a parar a una tarjeta gráfica de Nvidia es un chip que no va a tu móvil. El precio de la DRAM ha subido casi un 100% en un solo trimestre, y los analistas no esperan alivio hasta el 2028. La IA, que nos venden como inmaterial, necesita tanta materia física que no deja para los demás.
"La IA, que nos venden como inmaterial, necesita tanta materia física que no deja para los demás"
'Tokenmaxxing', fuego a la gasolina
Todo esto es por culpa del otro término de moda de este año: el tokenmaxxing, gastar tantos tokens de IA como sea posible y tratar este consumo como sinónimo de productividad. Varias de las empresas grandes tienen pantallas con rankings de los mejores programadores de acuerdo con la cantidad de tokens que queman por día. En Amazon la cosa se desmadró y tuvieron que cerrar el ranking este mayo; Meta tenía otro, bautizado Claudeonomics, con títulos como Session Immortal para los 250 que más consumían. También es de P3 de economía que lo que se debe medir es la salida, no la entrada: los mismos millones de tokens pueden ser una generación de código útil y eficiente o un agente dando vueltas como un pollo sin cabeza para acabar generando un código lleno de agujeros de seguridad.
Satya Nadella, el CEO de Microsoft, admitió en el podcast Hard Fork que él programa con IA, que es un tokenmaxxer y que le resulta adictivo: «Me encanta esta cosa». También le dio la vuelta y añadió que tienes que saber detenerte cuando pasa la novedad y preguntarte qué quieres crear de verdad. Pidió a sus ingenieros que no usen un modelo frontera para programar una reunión. Y, contra lo que parece que todo el mundo quiere oír, se mostró escéptico de que todos los programadores tengan que desaparecer: el desarrollo de software será todo de agentes, dijo, pero alguien tendrá que gestionar la complejidad. Él mismo se ha montado un agente que lee las conversaciones del trabajo y actualiza solo el estado de sus proyectos.
El desierto es de verdad
Es inevitable pensar en la película Mad Max, la primera, la australiana, la buena; el clásico postapocalíptico que nos giró el cerebro cuando la vimos en el cine en 1979 con quince años. El larping en sí mismo ya es un concepto postapocalíptico, tokenmaxxing se parece demasiado a Max, el nombre del loco protagonista de la película. Por otro lado, y si los datos son el nuevo petróleo (nunca se ha dicho) la RAM son los bidones. En Mad Max se arrancaban la cabeza por un bidón; que nosotros no acabemos haciéndolo por la RAM. Es la misma lógica del maxxing: acumular un recurso mientras nuestro alrededor se vuelve yermo.
"En 'Mad Max' se arrancaban la cabeza por un bidón; que nosotros no acabemos haciéndolo por la RAM"
El desierto de Mad Max no es una metáfora. Mientras hablamos de tokens, los centros de datos que los queman aterrizan en medio mundo con suministro garantizado de agua y electricidad. En India hay centros de datos junto a gente que no tiene agua corriente en casa. El gobierno indio ha aplazado el cierre de centrales de carbón para alimentarlos.
Y la culpa la tenemos todos porque al fin y al cabo también somos un poco larpers. La investigación para escribir este artículo la ha completado un modelo de lenguaje. También ha hecho la corrección ortotipográfica y la verificación de cifras, hechos y afirmaciones (verificaciones que he verificado yo después con las fuentes originales). Todos usamos la IA cuando hacemos búsquedas en Google, traducimos un texto, le pedimos que redacte un correo o cuando le hacemos convertir un selfie en caballero Jedi. Quien esté limpio de IA que tire la primera piedra.