Etnógrafo digital

El WhatsApp de San Pedro

11 de Junio de 2026
Josep Maria Ganyet | VIA Empresa

A menos que no viváis en una cueva ya os habréis dado cuenta de que estos días el papa León XIV está en Barcelona. De lo que no se ha hablado tanto es de un hecho que afecta todavía a más personas: del chatbot inteligente de WhatsApp. Bruselas ha obligado a Meta a volver a abrir WhatsApp a los asistentes de inteligencia artificial de la competencia —ChatGPT, Perplexity, Luzia y toda la pandilla—. Parecen dos noticias que no tienen nada que ver, pero solo lo parece; el franciscano Paolo Benanti y el Wall Street Journal nos ayudarán a ligarlas.

 

La Comisión Europea ha impuesto una medida cautelar (en inglés interim, que es latín) a Meta, la primera que la Comisión dicta en diecisiete años, con amenaza de hasta el 10% de su facturación mundial. La pidieron, entre otras, una empresa emergente francesa y una española que se quedaron sin chatbot en WhatsApp de un día para otro cuando Meta cambió las condiciones.

La doctrina e-vangélica

Al principio estaba Microsoft. En 2001, en Estados Unidos, el caso por haber impuesto el nefasto navegador Internet Explorer dentro de Windows se cerró con un acuerdo que hoy se debe estar leyendo Meta: la empresa tuvo que compartir sus API con la competencia (una API es el enchufe con el que un programa deja que otro se conecte).

 

En 2009, Europa escribió el segundo acto en forma de una pantalla que forzaba a Windows a ofrecer navegadores rivales para que eligiéramos uno. Microsoft se la saltó y tuvo que pagar 561 millones de euros. En 2024 llegó la Ley de Mercados Digitales, que obliga, entre otros, a abrir tiendas de apps y sistemas de mensajería. Y ahora, por la vía del antitrust, Meta tiene que abrir su asistente de IA.

El tercer

La cautelar obliga a Meta a restablecer el acceso “en las mismas condiciones que había antes del 15 de octubre de 2025”, cuando cualquier asistente se podía conectar de forma gratuita y sin limitaciones. Si la puerta se tiene que volver a abrir, se tiene que abrir a todo el que cumpla los requisitos técnicos. Puede enchufar su chatbot inteligente a WhatsApp una emergente de San Francisco, una aerolínea que quiere informar a sus usuarios o una organización cualquiera. Se me ocurre una que tiene la base de fieles más grande del mundo, una de las marcas más antiguas del planeta y, también, un chatbot inteligente.

"La cautelar obliga a Meta a restablecer el acceso “en las mismas condiciones que había antes del 15 de octubre de 2025”, cuando cualquier asistente se podía conectar de forma gratuita y sin limitaciones"

La Iglesia Católica (Apostólica y Romana) ya es un actor en IA. En 2020 firmó el Rome Call for AI Ethics junto con Microsoft e IBM, publicó Antiqua et Nova en 2025, y hace solo quince días, León XIV ha sacado su primera encíclica, Magnifica Humanitas, dedicada a la inteligencia artificial. Incluso hay un LLM católico, Magisterium AI, entrenado con archivos vaticanos por un canadiense instalado en Roma, y que ya es el chatbot católico más usado del mundo. Un LLM con más de dos milenios de corpus, doctrina propia, marca global y 1.406 millones de usuarios fieles desde el bautismo hasta el funeral. Bruselas acaba de abrir al Vaticano el acceso, de momento en Europa, a un canal que en el mundo tiene 3.300 millones de usuarios.

Lo que dicen la encíclica y la Comisión no es tan diferente. León XIV escribe que “la propiedad de los datos no se puede dejar solo en manos privadas”, que se deben gestionar como un bien común. Cambien “bien común” por “infraestructura esencial” —cualquier LLM se lo hace en un momento— y ya tienen un dictamen de competencia. El Papa hace antitrust y Bruselas predica la buena nueva.

El mercado de la salvación

Lo explica muy bien Paolo Benanti, fraile franciscano y asesor de ética de la IA de la Santa Sede y de la ONU en un ensayo en el Wall Street Journal. Escribe que en Silicon Valley hay un nuevo sacerdocio que, hablando de Singularidad, riesgo existencial, apocalipsis y salvación por AGI, se ha apropiado de la escatología de toda la vida: el miedo a lo desconocido es un “motor excelente para la obediencia” (yo le haría caso, que la Iglesia católica en temas de miedo entiende mucho).

Ahí señala la asimetría de la salvación: la tecnológica “la deciden quienes controlan qué verdades se amplifican y cuáles se marginan, y quién captura el poder económico y político”, que tampoco es tan diferente de cómo ha funcionado la Iglesia católica toda la vida. “Control” y “captura” entran dentro del campo semántico de la concentración de poder que la Comisión Europea persigue.

Biblioteca u oráculo

Benanti advierte de los riesgos de haber sustituido la biblioteca como fuente de verdad —con fuentes visibles y, por lo tanto, contestables— por el oráculo, que nos lleva a caminos desconocidos: el chatbot siempre responde, parece que tiene autoridad y lo que genera no es verificable. Hemos pasado de la biblioteca a la sibila. ¿Puede el Vaticano reclamar su API y poner su LLM en el WhatsApp de 3.300 millones de usuarios? Es un actor en IA y legalmente puede. Otra cosa es la fidelidad a la (su) verdad que reclama. Si nos preguntamos si el Vaticano puede pasar de la biblioteca al oráculo, la respuesta sale sola.

"Benanti advierte de los riesgos de haber sustituido la biblioteca como fuente de verdad por el oráculo, que nos lleva a caminos desconocidos"

En el concilio de Nicea, en el año 325, 300 obispos se reunieron para decidir qué era verdad y qué era considerado herejía. El monopolio occidental de 2.000 años de la Iglesia —duopolio a escala global— reposa sobre el control de las fuentes: los libros se escribían, se copiaban, se censuraban o se quemaban según conviniera.

Con los LLM el control se complica notablemente. Los sistemas generativos no generan información errónea por intención; lo hacen porque alucinan (mal nombre, también) y alucinan por diseño. Generan afirmaciones que suenan plausibles y con autoridad, pero que, a pesar de todo, no son verdad: citas que parecen reales, fuentes que no existen, cronologías imposibles, una carta apócrifa (más) de San Pablo… No es un sesgo que se pueda corregir con más datos. Ni siquiera con más dogma. Los LLM son máquinas de predicción, no de memoria. Y eso no está en comunión con la Iglesia Católica, que aunque nos hayan vendido que es una máquina de predicción, es en realidad una máquina de creación de memoria.