Etnógrafo digital

El 'Day Zero' del 'Day One'

26 de Febrero de 2026
Josep Maria Ganyet | VIA Empresa

He visto el primer capítulo de Day One, el nuevo thriller tecnológico de Prime Video, una serie de seis capítulos ambientada en Barcelona. Se estrena el día 13 de marzo en Prime Video en un lanzamiento global en 240 países y territorios de todo el mundo, doblada a 24 idiomas. Quince días más tarde estará disponible en el 3Cat en abierto junto con contenidos extra.

 

Me dicen que no puedo hacer spoilers hasta el día del estreno, pero puedo explicar unas cuantas cosas. Debe ser que no hay spoilers en el tráiler oficial.

Empecemos por el principio. En el mundo del software, day one hace referencia al día del lanzamiento de un producto. En Amazon, Jeff Bezos lo ha convertido en una actitud empresarial: haz que cada día sea como el primer día de una startup (me reservo la opinión). Day One, la serie, aprovecha el concepto para llevarnos a un momento cero donde algo cambia y ya no hay marcha atrás.

 

Day One consta de seis episodios de 45 minutos y es dirigida por Marta Pahissa y Víctor Cuadrado. El reparto está formado por actores y actrices de primer nivel como Álex González, Alba Planas, Jordi Mollà, Iván Massagué, Asier Etxeandia, Renata Notni y Mireia Oriol, entre otros.

Pero hay otro actor que no pasa nada desapercibido: Barcelona. Y no como postal ni como skyline reconocible, sino como infraestructura científica y tecnológica. El MareNostrum del Barcelona Supercomputing Center (BSC), el Sincrotrón Alba, la torre de Collserola, el distrito 22@, la Torre Glòries y, sobre todo, la Universitat Pompeu Fabra (UPF), un escenario que me toca de cerca y que es relevante para la trama de la serie. Aquello de la Barcelona plató, que tanto molesta cuando quieres aparcar en el Poblenou, pues eso.

El objetivo principal de la serie es entretener. En este sentido, es un producto para el consumo audiovisual masivo. Pero hay dos objetivos más sutiles que determinarán su éxito. El primero, más evidente y más abarcable, es el de situar Barcelona en el mapa tecnológico y científico global. No es que no esté, es que no se sabe; no lo sabemos. La ciudad ya está en el relato turístico, arquitectónico y futbolístico global, un relato que durante décadas ha monopolizado su proyección exterior con unas externalidades negativas inasumibles. Nos iría muy bien que a este relato se añadiera el científico y tecnológico. No es ningún capricho: el país cuenta con centros de investigación, hubs internacionales, universidades e infraestructuras de primer nivel, pero a menudo no forma parte del imaginario colectivo, empezando por nosotros.

"No es que Barcelona no esté, en el mapa tecnológico y científico global, es que no se sabe; no lo sabemos"

Según el último Tech Hubs Overview de la Mobile World Capital, Cataluña contaba con 203 hubs tecnológicos internacionales a finales de 2025, con un impacto económico de 4.109 millones de euros y 46.080 puestos de trabajo, un 10% más que el año anterior. Solo durante el 2024 estos centros crearon 4.433 nuevos puestos de trabajo, y las proyecciones apuntan a que la ocupación podría llegar a las 51.526 personas en 2026. Y esta es solo la fotografía más reciente. El grueso de esta actividad se concentra en Barcelona —alrededor del 70%—, especialmente en los distritos de Sant Martí y l’Eixample, convertidos en verdaderos nodos de innovación dentro de la ciudad. Barcelona se merece la foto.

Day One tampoco es un Black Mirror. Y esto tiene que ver con el segundo objetivo, más sutil y ambicioso. Caer en el negremirallismo habría sido la solución fácil: situar la acción en un futuro próximo, buscar una situación alrededor de la tecnología que nos interpele a todos, llevarla al extremo en el sentido mcluhaniano del término (hasta que se degrade), hacernos pasear por el valle inquietante (uncanny valley) y cuando ya tengamos el nudo en el estómago, cortar a negro con un sonido seco y hasta el próximo episodio. No.

La acción se sitúa en un presente cercano y aquí, con tecnologías que nos interpelan por lo que tienen de cotidianas, presentadas por actores a quienes todos conocemos la cara y en escenarios donde todos hemos pasado (especialmente yo en la UPF).

Pero la serie tiene una vocación mucho más ambiciosa que poner a la sociedad ante el espejo negro o que hacer un publirreportaje a la Vicky, Cristina, Barcelona para milenistas. El guion no rehúye el eterno debate de la tecnología como liberadora o como esclavizadora, un debate más necesario que nunca (juego para cuando la veáis: probad a localizar la empresa del malo).

"El guion no rehúye el eterno debate de la tecnología como liberadora o como esclavizadora, un debate más necesario que nunca"

Los directores Marta Pahissa y Víctor Cuadrado consiguen que Barcelona sea no solo el escenario perfecto para un thriller tecnológico, sino que también lo sea para el debate ético sobre el uso de la tecnología. En cuanto a la primera, os tengo que decir que en ningún momento eché de menos mierdas americanas; la serie es creíble. En cuanto al segundo, me falta ver el resto de capítulos para ver cómo se resuelve el debate que el primero ya plantea.

Ah y un detalle: salvo un Windows en la universidad, las interfaces de los ordenadores que salen —aquello de Access Denied y Downloading— también son de mentira, como en Hollywood. Bravo.