Arquitecto y miembro de FEMVallès

Participación política en tiempos de IA

18 de Septiembre de 2026
Manel Larrosa | VIA Empresa

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La referencia al ideal de la participación popular directa en la política constituye un tópico permanente que, de hecho, se contradice con el principio de representación y delegación política, por el cual un diputado actúa en nuestro nombre. La mejor participación sería disponer de un diputado cercano y no como ahora, por ejemplo, según una lista de 85 nombres en el Parlament de Catalunya por la provincia de Barcelona. Sin embargo, como proclama, la participación es un tema perpetuamente irresuelto.

 

Ahora hay un borrador de un Proyecto de Ley de Participación Ciudadana. Contamos, no obstante, con un antecedente de valía: la Ley 19/2014, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, hecha en tiempos de presidencia de Artur Mas y aprobada por los grupos mayoritarios (108 votos), con la abstención de ICV-EUiA y de C’s (22), con el voto en contra de la CUP (3).

El capítulo del Buen Gobierno es obvio y ya regulado por el Código Civil (honradez, buen trato, etc.); la novedad radica en la Transparencia, que sí fue un cambio importante. Podemos pedir cualquier documento usual, aunque sea de trabajo, y te lo hacen llegar y, si es necesario, la Sindicatura de Greuges te ayuda, mientras que las administraciones contamos con un departamento expreso para responder. La ley es pariente de la española Ley 19/2013, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno. Ahora bien, en la catalana hay un capítulo importante que no está en la española: el del Gobierno Abierto. En cuatro artículos desarrolla el derecho de la ciudadanía a plantear políticas públicas y el deber de las administraciones de responder. Es muy profundo, pero no se ha desarrollado. Aplicar la transparencia, a pesar de las resistencias, es mucho más fácil que responder a demandas complejas.

 

Hay aquí una importante diferencia, que es el profundo contraste entre transparencia respecto de lo que se ha hecho y cerrado versus la discusión y justificación de lo que es de futuro. Se admite todo el detalle y la claridad con posterioridad a los hechos, pero reina la oscuridad, o el cierre, en todo aquello que se prepara. Como máximo, te pueden convocar para una propuesta en marcha, pero que la ciudadanía se anticipe ya escuece más.

Sin embargo, el Gobierno Abierto es una formulación potente, compleja de desarrollar, que es lo que debería hacer un buen proyecto de Ley de Participación. Este es el centro del caso.

Reuniones con gomets, el gran juego de la participación

El anteproyecto de Ley de Participación está pensado para convocar a la ciudadanía a debatir temas concretos en unos ejercicios pedagógicos, de los cuales ya hay mucha tradición: grupos que hablan, gomets y rotuladores de colores sobre una pizarra, unos monitores que llevan la conversación, posibles convocados por sorteo, cuidado de no marginar estratos de población, de paridad, de diversidad, de incorporar perfiles que habitualmente no participan, que todo el mundo pueda hablar, ajustar quiénes son los actores, etc.

Pero la misma propuesta de ley deja a iniciativa de las administraciones los temas a discutir y prevé formar a los funcionarios en esta novísima tarea de ser participativos. Deja claro que solo es un ejercicio sin compromiso, lleno de precauciones: no alterar ni profundizar en los procedimientos ya establecidos, priorizar (o sea excluir), definir qué se discute, decidir previamente qué es estratégico, qué es oportuno...

"Se parte de una consideración infantil de la ciudadanía, la cual va de abajo hacia arriba, y si hay ciudadanos más ilustrados, pues que respeten a la masa"

Se parte de una consideración infantil de la ciudadanía, la cual va de abajo hacia arriba, y si hay ciudadanos más ilustrados, pues que respeten a la masa. Un derecho naíf para todo el mundo, una política simplificada, para después ser reconducida por los “expertos”. La participación como mitificación de hacer reuniones.

Implementar el Gobierno Abierto

En cambio, lo que haría falta no sería una función de animación social, sino implementar las condiciones para que el Gobierno Abierto sea efectivo.

Aún más, solo en un marco de Gobierno Abierto, la administración puede ser lo suficientemente dinámica. No basta con regular la profesionalidad de los altos cargos, preocupación actual, si su contexto es un mundo cerrado. Solo con una interacción sólida con el mundo académico, profesional y social será posible una administración solvente y, por ello, ninguna otra fórmula que el Gobierno Abierto puede actuar de herramienta de presión de calidad y contraste. Apertura es justo lo contrario de cierre.

"Tenemos planes de hace quince o más años, sometidos a revisiones pesadas, que cuando se llevan a cabo tampoco se garantiza su calidad"

Necesitamos superar el reino del poder subjetivo de los funcionarios, el paroxismo de la privatización y la apropiación tecnocrática de las razones públicas por su parte, los planes aparatosos, su revisión doctrinaria e internalizada. Tenemos planes de hace quince o más años, sometidos a revisiones pesadas, que cuando se llevan a cabo tampoco se garantiza su calidad. Del mismo modo que no es posible un idéntico presupuesto a quince años vista, tampoco los planes pueden ser tan fijos.

Demasiado a menudo la administración copia aquel funcionamiento propio del “centralismo democrático” de los partidos, por el cual diversas voces son aplanadas por un resumen doctrinal impuesto al final: silencio, gobernamos.

Penoso que la propuesta de Ley de Participación no resuelva ni la incompatibilidad entre la persona que redacta un plan o programa y quien responde las alegaciones de la ciudadanía, cuando esta contradicción es evidente (ser arte y parte). Penoso que no se creen mecanismos, como los hay en Europa, para enfocar los proyectos con consenso y no dejarlo todo al simple trámite de la información reglada. La queja de la llamada Cultura del NO a menudo es el resultado merecido del dirigismo.

Gobierno Abierto en tiempos de IA

Actualmente, el problema real de la participación es hacer viable la interlocución eficiente de la máquina de gobierno con la ciudadanía organizada y la academia. El derecho a la participación no es tanto que te hagan caso, como que una propuesta llegue y exista. Participar es aportar, no que te den la razón. Podemos confiar en la decantación del tiempo para que sean aceptadas las propuestas, pero hay que saber que han llegado, que existes en algún rincón. Quien está en condiciones de formular políticas públicas sabe perfectamente que no es cosa de una reunión y de salir de ella con la espalda cepillada. Hace falta maduración.

En tiempos de IA sería necesario que existiera la Sección de Conocimiento en cada Departament de la Generalitat y en cada ayuntamiento, que garantizara una biblioteca de propuestas. Se le podría pedir a la IA un resumen de lo que consta, sea de 1, 10, o 100 páginas, pero lo que se ha dicho por parte de la sociedad debe constar y ser fuente de gobernanza. Puede ser admitido o no, la decisión es materia de quien es responsable, pero la existencia de una propuesta debe ser garantizada en un esquema de Gobierno Abierto. Y hoy en día, esta acción puede ser casi automática en el 100%.

"El derecho a la participación no es tanto que te hagan caso, como que una propuesta llegue y exista. Participar es aportar, no que te den la razón"

Al menos superaríamos la excusa, demasiado frecuente, del desconocimiento alegado como motivo de gobierno parcial o errado (no nos lo habíais dicho, no lo sabíamos, etc.).

Una Sección de Conocimiento como esta no es más complicada de montar que los aparatos que hoy responden a las demandas ciudadanas de transparencia. Pero, a la larga y a la corta, en cada paso, haría objetivo aquello que se admite y lo que no y se estructuraría una traza razonada.

Podemos disponer, pues, de una IA que estructure y ponga de manifiesto la base de conocimiento de la Administración, del pasado y presente y de las opciones de futuro, que rompa la imagen del político como profeta o brujo.

"La participación es un tema económica y socialmente relevante que no puede quedarse en un juego de animación y entretenimiento"

Hay un montón de complejos debates sociales en los que la Administración puede pensar que tiene toda la razón y que solo con unos trámites puntuales de información pública ya ha cumplido. Pero no, temas ambientales, infraestructuras, opciones educativas, vivienda, equidad territorial…, en la complejidad de nuestro momento, son campos que piden superar el esquema demasiado antiguo y corporativo de nuestras administraciones y gobiernos.

Las empresas y las personas hoy vivimos en este contexto de dinamismo y es lógico exigirlo a la administración. Es por ello que la participación es un tema económica y socialmente relevante que no puede quedarse en un juego de animación y entretenimiento.

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