Periodista y asesora de comunicación

El puzle no se resuelve en tiempo real

18 de Abril de 2026
Pilar Kaltzada | VIA Empresa

Cada vez que me asomo a los análisis económicos que tratan de anticipar lo que viene, la sensación no es de claridad, sino de fragmentación. Si la base científica es correcta, si el análisis es profundo y riguroso, ¿cómo se explica que voces expertas apunten en direcciones distintas?

 

Una de mis últimas lecturas —la puedes consultar aquí, en Project Syndicate— me ha dejado con ese sabor de desconcierto. Hay quien advierte de una desaceleración del crecimiento global más intensa de lo esperado; otras voces, con datos igualmente sólidos, sostienen que la economía resistirá mejor de lo previsto. Leo análisis que apuntan a que la inflación seguirá siendo más persistente de lo que nos gustaría, que habrá que mantener tipos de interés elevados durante más tiempo del anticipado por otros enfoques, igual de rigurosos. Crecimiento que se enfría, pero no cae del todo. Inflación que baja, pero no desaparece.

Euskadi cerró 2025 con un crecimiento en torno al 2,3%, por encima de lo previsto, dibujando una economía sólida incluso en un contexto internacional incierto. Las previsiones apuntan ahora a una moderación, con una estimación en torno al 1,9% para 2026. Al mismo tiempo, el empleo resiste, el consumo interno sostiene la actividad y algunos sectores tiran adelante, pero la industria —columna vertebral de nuestro modelo— empieza a mostrar señales de fatiga, arrastrada por la debilidad europea y la incertidumbre global.

 

No es que los datos no encajen; es que necesitamos que encajen para tranquilizarnos.

Tal vez el problema no sean los datos, sino que los leemos como si compitieran entre sí. Como si hubiera que decidir quién tiene razón.

"Hay algo profundamente cultural en esta idea: nos cuesta convivir con diagnósticos simultáneamente válidos

¿Y si todas esas voces estuvieran captando piezas distintas de un mismo proceso, desplegado en tiempos diferentes? ¿Y si el problema no fuera la falta de consenso, sino nuestra impaciencia por forzarlo?

Hay algo profundamente cultural en esta idea: nos cuesta convivir con diagnósticos simultáneamente válidos. Necesitamos certezas rápidas, marcos claros, titulares que ordenen el caos. Y cuando no los hay, los fabricamos para que encajen en una lectura inmediata: vivimos en rabioso directo. Y cuando la realidad no cabe en ese ritmo, la forzamos.

Seguimos la economía como quien sigue un marcador en tiempo real. Cada dato de inflación parece definitivo; cada revisión del crecimiento, concluyente. Pero la realidad no funciona así y, esquiva, no se deja capturar en una secuencia de alertas. Fortaleza y fragilidad conviven. Movimiento y freno, también. Parece contradictorio, pero no lo es.

"La realidad se parece más a un puzle que solo cobra sentido cuando has colocado las piezas suficientes como para ver el dibujo completo"

La realidad se parece más a un puzle que solo cobra sentido cuando has colocado las piezas suficientes como para ver el dibujo completo. Por ello, nos cuesta tanto tomar decisiones colectivas en contextos complejos porque exigimos certezas donde solo hay procesos.

Información no es comprensión. Los datos, sin perspectiva, son caos. Reaccionamos rápido, pero interpretamos poco, guiados por la costumbre —casi el vicio— de la inmediatez: esa necesidad física de saber “ya” qué está pasando y qué va a pasar después, aunque sea a costa de simplificar en exceso. Una profesora nos lo decía con ironía: «No dejes que la realidad te estropee un buen titular».

Pensar en términos de capas temporales —de procesos que se solapan— exige algo que hoy escasea: pausa, incomodidad, incluso duda. Y quizá por eso también nos cuesta tanto tomar decisiones colectivas en contextos complejos: porque exigimos certezas donde solo hay procesos.

En un contexto como el actual, la verdadera ventaja no está en acertar el dato de inflación del próximo mes ni la décima de crecimiento del próximo trimestre, sino en entender qué piezas del puzle pertenecen al corto plazo, cuáles al medio y cuáles están dibujando cambios mucho más profundos.

Eso vale para los mercados, para las empresas y, cada vez más, para no perdernos en un mundo que no se parece a nada de lo que hemos conocido hasta ahora.

No se trata de elegir entre quienes alertan y quienes confían, sino de aprender a leerlos en secuencia, no en oposición. Varias cosas pueden ser verdad al mismo tiempo.

El reto no es anticipar mejor el futuro, sino desaprender esa urgencia por resolverlo todo hoy mismo, ahora mismo.


Este artículo se publicó originalmente en EnpresaBIDEA el pasado 14 de abril.